Urkiola: un paseo junto a la morada de Mari

Los montañeros trepan por las laderas del Urkiolamendi./Pedro Gutiérrez Amieva
Los montañeros trepan por las laderas del Urkiolamendi. / Pedro Gutiérrez Amieva

Caminata hasta la ermita de Santa Bárbara flanqueando la mole del Anboto, un recorrido plagado de mitos, cuentos y mucha historia

Iñigo Muñoyerro
IÑIGO MUÑOYERRO

El santuario de los Santos Antonios Abad y de Padua se enclava en el corazón del Parque Natural de Urkiola y es uno de los más venerados del País Vasco, también de los más antiguos. Paraje natural y mágico, cristianizado muy temprano, es ideal tanto para largos paseos por senderos bien balizados como para jugarse el tipo en las laderas del Anboto, la morada de Mari, la diosa madre de la mitología pagana vasca. En Urkiola hay de todo: viejos hayedos y espesos pinares, antiguas posadas de peregrinos y arrieros, albergues y buena gastronomía.

Las rutas estrellas del Parque son las subidas al Anboto, el Urkiolamendi y la cruz de Saibigain. Un camino poco recorrido, pero precioso y sencillo, es el que nos lleva hasta el collado de Larrano y la ermita de Santa Bárbara, protectora de rayos y tormentas. Una vez dejado el coche en uno de los aparcamientos del alto nos echamos a caminar. Al borde del hayedo, detrás del Santuario, parte la pista que se dirige al Anboto y varios letreros nos informan de las diferentes rutas.

Abordamos el paseo por un paso canadiense que impide el paso del ganado y una pista, un camino ancho de grava y tierra que sube con una pendiente moderada. En los prados pastan caballos, vacas y ovejas ajenos a los paseantes. Al cabo de un rato penetramos en el bosque. Son repoblaciones que ocupan una gran superficie del Parque, formadas por especies exóticas como el abeto de Lawson y el pino de Monterrey, ambas norteamericanas. Forman arboledas espesas y lóbregas, refugio de ciervos y jabalíes. Cruzamos varios torrentes de agua no potable antes de iniciar el descenso hacia las campas del Pol-Pol.

Un rebaño en los prados próximos al Anboto.
Un rebaño en los prados próximos al Anboto. / Lander Madaria

A un lado se extienden los pastizales del Urkiolamendi; en frente destaca la mole caliza, brillante, casi amenazadora del Anboto. A su izquierda queda el collado de Larrano. Cruzamos por delante de los tres caños de la fuente de Pol-Pol, de agua potable ferruginosa, con un sabor marcadamente mineral que desagrada a algunos. Poco después, tras una hora larga de caminata, llegamos al collado de Asuntze en la base del Anboto, donde hay un refugio. Por la derecha la pista continúa hacia el collado de Zabalandi, las canteras abandonadas y la cima de la Dama.

Frente a nosotros, en un rellano encharcado, un panel informa que quedan 700 metros hasta Santa Bárbara. Queda por delante un tramo corto pero muy montañero que se supera por un sendero pendiente, estrecho y resbaladizo. No tiene el menor peligro, pero exige atención para evitar posibles costaladas. Son entre 15 y 20 minutos de subida que nos llevan al collado de Larrano. La ermita de Santa Bárbara aparece en el centro de un prado ramoneado por las ovejas y siempre verde.

A tiros

Es un edificio de piedra pequeño de una planta, mitad refugio, mitad templo, y está cerrado por una puerta blindada, de modo que no nos protegerá de las tronadas. Es antiguo y ha sido reformado numerosas veces. Como curiosidad cabe contar que durante la segunda Guerra Carlista (1876) alojó a un grupo de topógrafos militares isabelinos, que se defendieron a tiros del ataque de los 'txapelgorris'.

Las aguas rojas de Pol-Pol.
Las aguas rojas de Pol-Pol. / Iosu Murua

Pisamos un mirador de primera. Desde el borde del prado el valle de Atxondo aparece bajo nuestros pies. La arista del Anboto se extiende por la derecha afilada y peligrosa y por la izquierda arranca la complicada travesía de la cresta del Alluitz, que exige habilidad y equilibrio. La campa acogía romerías y una enorme hoguera en la noche de San Juan, pero hace unos siglos, allá por el año 1500, también fue escenario de animados akelarres. Por lo menos eso cuentan. Varios de sus participantes terminaron en la plaza de Durango, en la hoguera.

Volvemos a Urkiola y al santuario por la ruta de subida tras realizar un paseo apto para todos los públicos, por terreno sencillo. No merece la pena realizarlo con tiempo lluvioso y niebla, una de esas jornadas en la que Mari, la Dama, retorna a su cueva en la pared del Anboto.

URKIOLA

Distancia
9 kilómetros
Tiempo
3h. 30 sin contar paradas
Web
www.urkiola.net