La trampa de Don Pelayo

La trampa de Don Pelayo
Antonio Rivera
ANTONIO RIVERA

Ironías: cuanto más esencialistas se han puesto, más comprometida tienen los españolistas vascos la posibilidad de renovar su escaño. Yo, como Félix Tezanos, no me creo sus encuestas del CIS y parto de que el suelo de la derecha es suficientemente sólido como para que Maroto repita. Pero la incertidumbre no se la quita nadie estos días al alevín del alevín.

Lo dijo hace años Borja Sémper: acabada ETA, la épica de la resistencia al terrorismo se esfumaría; los conservadores vascos debían actualizar su agenda política. Lejos de ello, Casado les fuerza a persistir en el error al resucitar a destiempo aquellos tiempos y al dar marcha atrás a sus propuestas. El País Vasco es conservador en parte de su sociología política, pero no reaccionario. En ese campo le gana la partida el nacionalismo vasco al español: son similares, pero el uno, desde los años treinta, empezó a pasar por progresista, mientras el otro se hundía en lo carca. Ahora siguen en ello. Como dijo Savater de los chicos de la kale borroka: «No es que odien a España; es que a todo lo que odian le llaman España». Sus mayores nacionalistas, y el público en general, meten en el saco de la reacción derechista al españolismo rampante y a las vueltas a la prohibición del aborto, a las respuestas antifeministas, a los discursos antisociales, al cuestionamiento de los límites autonómicos y a la gomina y los trajes azules de botón único. Eso es España, que dirían los programas más desahogados de la ETB.

Los radicalismos reaccionarios que venden del Ebro para abajo no lo hacen del río para arriba. La resistencia españolista conservadora, que aquí siempre fue consistente, se resiente. Lo hace por envejecimiento y falta de renovación: un joven capaz de comprar esa mercancía se pasa directamente a alternativas más aguerridas. Lo hace por incompetencia ante el conservadurismo vasquista: el PNV es más aparente, mucho más hábil en la política clientelar y no asusta al dinero. Lo hace por descrédito: el buen vasco se pretende la reserva moral del progresismo y este PP está en sus antípodas. Lo hace también por división, claro: antes sumaba todo y ahora lo reparte entre tres, sin que quede claro qué voto es más útil. La proclama de Maite Pagaza el domingo en Rentería le habrá metido un soberbio bocado a favor de Ciudadanos; hasta en la épica contra el terrorismo salen perdiendo en el combate. (Por cierto, un vídeo a incorporar a los materiales de Herenegun, este sí).

En fin, que podemos estar ante «la trampa de Don Pelayo»: un atracón de españolismo que te lleve a perder el escaño… a favor de la candidatura abertzale. Para pegarse un tiro.