El Grinch

En la frontera sur de EE UU, la Navidad tiene forma de crisis humanitaria. Es, la verdad, un triste cuento navideño

El Grinch
EFE
Maria Maizkurrena
MARIA MAIZKURRENA

Cada año por estas fechas hay un buen número de candidatos al papel de Grinch, ese personaje verde de bilis que odia la Navidad. Lo cierto es que todos llevamos un Grinch dentro, escondido en lo profundo del alma, esperando agazapado a que llegue el momento en que le sea posible amargarnos la fiesta. Pero ser Grinch de uno mismo es un acontecimiento más bien oscuro, en las antípodas de la luminosa extraversión del alcalde de Vigo por la parte de la recóndita intimidad contra el derroche luminoso, en el polo opuesto del efecto masivo que tienen los Grinch poderosos, populares, los Grinch de amplio espectro que podríamos decir. Allá en las altas esferas los aguafiestas navideños no faltan. Y claro, si el presidente de EE UU se suma a la carrera de trineos, y siendo un tipo con tan buenas dotes naturales para el puesto, ¿cómo no va a alcanzar el podio de Grinch principal de entre los Grinch más nefastos del mundo? Donald Trump ya ha aparecido en una portada con la cara verde como la envidia o como la pataleta de un niño de estirpe marciana en la tradición del cómic, donde los habitantes del planeta rojo son verdes, no sé por qué. En el 'New York Daily News' del día 22, un Grinch llamado Trump en vez de Grinch, con una especie de cola de zorro anarajanda en la cabeza y vestido con un traje de Papá Noel aparece sobre la frase: 'Cómo el Trump robó la Navidad'. 'Cómo el Grinch robó la Navidad' es el título del famoso cuento infantil del Dr. Seuss que ha dado lugar a varias a películas, las cuales han difundido entre nosotros las hechuras y andanzas del personaje. Y cómo Trump les ha robado la Navidad a los norteamericanos, especialmente a los funcionarios que se han quedado sin sueldo, es cosa sabida, pero vamos a recordarlo por si acaso. «Acaso su cabeza no estaba bien sujeta, / acaso le apretaban horrores los zapatos / Pensamos, sin embargo, que muy probablemente / tenía el corazón dos tallas más pequeño», reza el tweet de la publicación en el que se muestra la portada del Grinch-Trump.

El comienzo de un cuento infantil, el del Dr. Seuss, que no era doctor, se le puede aplicar a este personaje fantástico y mezquino de una película grotesca que es la realidad, que es la Navidad. Trump es un ser que está donde no debería estar, tomando las decisiones más adecuadas para hacer crecer el caos en su país y en el mundo. El Capitolio no va a financiar el muro, ese muro, y Trump, o sea, el Grinch, en represalia ha vetado la ley de presupuestos. Hay nueve ministerios cerrados y 800.000 funcionarios que han celebrado la Nochebuena (o no) con sus ahorros. En la frontera sur del país la Navidad tiene forma de crisis humanitaria, no sólo alimentada por las políticas estadounidenses en Centroamérica, sino empeorada por el Grinch de la Casa Blanca. Es, la verdad, un triste cuento navideño.