La escuela admirable

Ya no está entre los poderosos de Europa, pero el club de Amsterdam sigue siendo una referencia

Los jugadores del Ajax celebran con la afición la victoria./Rodrigo Jiménez / EFE
Los jugadores del Ajax celebran con la afición la victoria. / Rodrigo Jiménez / EFE
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Parece que finalmente el Ajax va a poder jugar el próximo domingo su partido de la Eridivise –necesita ganar para ponerse a dos puntos del líder PSV– frente al modesto Fortuna Sittard. Lo digo porque ayer mismo, en algunos momentos del día, muchos nos temimos que Ten Hag no pudiera reunir once jugadores ni siquiera echando mano del juvenil. Falsa alarma. Los chicos están en casa. Neres, Van de Beek, Schone, De Jong, De Ligt, Tadic... Quiero decir que, tras su soberbia exhibición en el Santiago Bernabéu, no todos han sido ya fichados –incluso raptados– por los grandes clubes europeos. El Barça, que ya ha atado a De Jong para la próxima temporada, parece que quiere llevarse a otros dos en un 'pack'.

Estoy exagerando, sí, pero sólo un poco. Lo cierto es que la noche del miércoles hasta el utillero del Ajax se antojó un fichaje de campanillas. Cuarenta y ocho horas después, ya hemos reconocido el espejismo, el milagro de los astros perfectamente alineados. Nadie discute el talento de unos chavales que han hecho historia con su valiente asalto al Bernabéu. Estoy seguro de que ya tienen reservado un sitio en el museo del Amsterdam Arena junto a los grandes héroes de la historia del club. Pero es evidente que su rendimiento estuvo muy por encima de lo que es normal, que en cierto modo fue como si todos hubieran sido tocados por una varita mágica a partir del pitido inicial. Pensemos en Tadic, por ejemplo. Teniendo en cuenta que tiene treinta años y que su carrera, antes de llegar al Ajax, ha discurrido entre Vojvodina, Groningen, Twente y Southampton, ¿cómo no pensar que en el 0-2 le salió la jugada de su vida?

Sea como fuere, honor y gloria al Ajax, un club ejemplar al que aprendimos a querer siendo niños. No sólo era el equipo de Cruyff. Era el de Neeskens, Krol, Keizer, Suurbier, Rep, Hulshoff y demás. La verdad es que nos fascinaban. El fútbol ha cambiado y el gran club de Amsterdam, como por otras circunstancias le sucede al Athletic, es uno de los damnificados de estos nuevos tiempos en los que se vive al dictado de la televisión. Condenado a vender a todas sus estrellas –lo de junio va a ser un desguace– le queda el orgullo de su historia y de ser una escuela admirable, una referencia en todo el mundo.