Casos sin resolver

Casos sin resolver
Jesús Andrade
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

A veces pienso que Vitoria sería el escenario idóneo de una serie televisiva, ahora que este formato de ficción o realidad domina la oferta audiovisual de plataformas y cadenas. Una saga, cavilo, con un eje aglutinador de la trama –los asuntos en diferido– compuesta de capítulos independientes cosidos por un hilo sutil. O basto, allá la interpretación de cada cual, que relacione las partes con el todo. ¿Cuál? La autóctona manía de elevar globos al cielo, inflarlos de aires improductivos, abandonarlos a la fuerza de los vientos y olvidarse de que sobrevuelan nuestras cabezas sin retornar a la tierra de la que nacieron. Una especie de docudrama formado de casos sin resolver.

Repaso el listado de temas pendientes. Algunos me retrotraen a cuando era hasta joven y otros cansan los oídos por el efecto repetidor del eco. Dos ejemplos reiterados sobre la inveterada costumbre de barajar usos para edificios muy notables que jalonan esta ciudad sin decidir contenidos concretos. El Palacio de Zulueta que fue 'green' una temporada a la espera de debatir o no sobre el vino o la gasolinera Goya, rechazada como muestra permanente de Mercedes mientras mareamos una década después la perdiz sobre el legado fotográfico de Alberto Schommer.

Y Foronda, América Latina...

O qué quieren que les añada a lo ya hipercomentado sobre la devolución de las competencias que Foronda se ha ido dejando en las alas de su presunto despegue. Ese H-24 que renueva el antiguo juego de los barcos para convertirlo en divertimento aéreo de mesa. O el soterramiento del ferrocarril a su paso por la capital alavesa que, con una pizca generosa de suerte y siempre que no decaiga tanto la natalidad, quizá vean nuestros nietos.

O el Gasteiz Antzokia, compromiso político que ya ha cumplido una década sin un verso que declamar dentro. O la solución definitiva al nudo estrangulador que representa la rotonda de América Latina, una ratonera tan inmensa como el número de países que explican su nombre. O… Esas tormentas de ocurrencias que no acaban de regar el asfalto urbano de Vitoria.

 

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