El 'lujo' de subir el Everest

Un cliente descansa en la carpa común de su expedición, con vista a los picos que rodean el campo base del Everest. /FOTOS: CORTESÍA SEVEN SUMMITS TRECK
Un cliente descansa en la carpa común de su expedición, con vista a los picos que rodean el campo base del Everest. / FOTOS: CORTESÍA SEVEN SUMMITS TRECK

La cola camino de la cumbre ha mostrado la masificación que vive el Everest, pero ¿cuánto cuesta escalarlo? Entre 30.000 y 120.000 euros. Aquí tienen los detalles

Fernando J. Pérez
FERNANDO J. PÉREZ BILBAO

¿Sueña usted con pisar el Everest pero nunca ha subido a una montaña? No se preocupe. Escalar el Everest es solo cuestión de dinero. Eso sí, mucho dinero. Pero ¿Cuanto cuesta en realidad?. Prepare la cartera. Un mínimo de 30.000 euros para las opciones 'low cost' y hasta los 120.000 en las ofertas con 'todo incluido'.

Vamos por partes. ¿Por qué esa diferencia? Básicamente, el Chomolugna (su nombre tibetano) se ha convertido en un destino turístico más. Y como en cualquier otro, las tarifa abarcan una infinidad de servicios. Unos imprescindibles y otros opcionales y reservados a los que quieren convertir su expedición al Everest en una experiencia más cercana a un resort en una paradisíaca isla del pacífico... con vistas a las montañas más altas del planeta.

Los conceptos básicos son el viaje, los permisos y seguros, el traslado y estancia en el campo base y la logística y asistencia en la ascensión. En su opción más económica hablamos de 30.000 euros. ¿Y en qué se va ese dinero? Hay que tener en cuenta que solo el permiso de escalada cuesta 9.800 euros (al cambio 11.000 dólares, que es la moneda de uso corriente en este mundo dominado por la agencias estadounidenses y la que utiliza el gobierno nepalí). Ya hemos gastado casi un tercio del presupuesto sin ni siquiera haber salido de casa. Sigamos.

Llegar a Nepal cuesta unos 1.000 euros. Ya estamos en el país de los himalayas. ¿Y ahora? El gobierno del país, que hace años vio el negocio del asunto, obliga a cualquier persona o grupo que vaya al Everest (en realidad a cualquiera de sus ochomiles) a emplear una compañía local para organizar toda la logística de la expedición, a un precio mínimo de 2.000 euros. A ello hay que añadir el depósito por basura de 3.500 euros (reembolsable si bajas de la montaña con toda la basura -incluidas heces- que has generado, y a fe que lo comprueba) y otros 2.700 euros por el Oficial de Enlace.

El Oficial de Enlace es una figura que se remonta a los primeros años de la conquista de los ochomiles, cuando entre Katmandú y el campo base de turno había semanas de distancia y era la persona encargada de controlar que la expedición cumpliera con lo acordado con el Gobierno nepalí en cuanto a número de miembros, ruta a seguir, etc. Hoy en día es una figura absolutamente anacrónica y muchos de ellos ni se mueven de Katmandú en toda la temporada.

Sumados todos los conceptos, esta segunda partida suma casi 10.000 euros, así que ya hemos consumido dos tercios del presupuesto.

Antes se permitía contratar a la agencia solo hasta el campo base, y de allí para arriba el alpinista (en este caso sí que los había) subía por su cuenta, eso sí, previo pago de la tarifa por el uso de las cuerdas fijas instaladas por las 'comerciales'. Eso ahora ya no es posible. En cuanto se dieron cuenta que por ahí se les podía ir parte del negocio, Nepal estableció que todos los alpinistas de una expedición comercial tenían que subir asistidos por sherpas, con un límite de 1 sherpa por cada 4 clientes en la versión más económica.

Imagen aérea del campo base del Everest este año.
Imagen aérea del campo base del Everest este año.

Pero volvamos a nuestro modesto presupuesto de 30.000 € ¿En que se nos van los diez mil euros restantes? En el campo base el dinero no corre -hace año se prohibieron las timbas (y muchas expediciones también el alcohol) entre los sherpas por las peleas que provocaban-, pero se evapora como por arte de magia. Hay que comer (unos 4.000 € por el cocinero y su ayudante nepalíes más la propia comida para seis semanas de campo base). Y como lo que usted quiere es llegar a la cima a toda costa, va a tener que utilizar las populares bombonas de oxígeno, que rebajan las sensaciones de sus 8.848 metros a las que se tiene a seis mil.

Cuestan unos 500 € cada una, con un cálculo mínimo de cinco botellas. Total, 2.500 € más. Y es que en el Everest, lo de pagar por respirar es literal. Pero también necesitará una máscara (400 €) y un regulador (400 €). Si se ve con fuerzas y ganas usted mismo puede trasladar esas bombonas y su equipo personal a los campos de altura ahorrándose así un dinerito. Pero tampoco es plan llegar al día del ataque a cumbre agotado del esfuerzo. Y como los porteadores están para eso, vamos a darles un poco de trabajo. Otros 2.000 € euros más por nuestro sherpa personal.

¡Enhorabuena! ¡Usted ha hecho cumbre en el Everest y se ajustado al presupuesto!... O no. No olvide reservar algo de 'calderilla' para el premio de cima de su sherpa (1.800 €) y las propinas al resto de sherpas y trabajadores de la agencia (1.000 €). !Y por supuesto deje algo para celebrarlo en Katmandú!

Por cierto, damos por hecho que ya tenía el equipo personal de escalada (ropa de CB, buzo y botas de altura, saco de dormir...). Si no, tendrá que rascar un poco de su fondo de pensiones y apoquinar otros 5.000 euros...

Internet y TV de pantalla plana a 5.000 metros

Hasta aquí la versión más económica de lo que cuesta pisar el punto más elevado del planeta, una cantidad que aumenta a medida que vamos añadiendo extras y comodidades. A partir de ahora nos adentraremos en un mundo de lujo y excesos que puede parecer obsceno si tenemos en cuenta que Nepal es uno de los países más pobres del planeta. Por supuesto, en este caso las expediciones no dan cifras públicamente, aunque sí ofrecen los servicios.

¿Es usted un millonario en busca de emociones fuertes pero sin renunciar a las comodidades de su lujosa vida? Prepare un cheque de 120.000 euros porque está en el lugar adecuado. Antes de nada, le pondremos un entrenador personal que le preparará físicamente para la aventura de su vida (algunas agencias publicitan la subida al Everest comparando su exigencia física con la de un maratón). Y si sus negocios le impiden 'perder' casi dos meses de su vida en escalar el Everest le instalaremos una cámara hipobárica en su casa para que vaya aclimatándose a la falta de oxígeno y poder acortar así su estancia en el campo base.

Llegado el día, viajará a Nepal en Primera Clase. Nada más pisar Katmandú tendrá un asistente personal que le entregará todo su equipo personal y no se separará de usted ni un minuto. Le espera el mejor hotel de la ciudad durante los dos o tres días que se tarda en las gestiones burocráticas y en los que podrá hacer algo de turismo. Cumplidos los trámites, un helicóptero le trasladará a Lukla, donde empezará el inevitable trekking hasta el campo base, que será su primera fase de aclimatación a la altura. Una opción que puede evitar si ha cumplido con el programa completo de la cámara hipobárica instalada en su casa para volar directamente al CB.

Un grupo de clientes y sherpas asciende camino de los campos de altura.
Un grupo de clientes y sherpas asciende camino de los campos de altura.

Ya estamos en la que será su casa durante el próximo mes y medio. Una ciudad de nailon de casi mil quinientos habitantes, sobre la morrena del glaciar Kumbu. La imagen puede resultarle descorazonadora, pero no se preocupe. En su campamento no faltará de nada, incluida, por supuesto, conexión a internet. Tendrá una tienda de campaña personal enmoquetada y con una cómoda colchoneta para dormir, en la que cada mañana le despertarán para ofrecerle un te antes siquiera de haber salido del saco. En el menú no faltará la fruta fresca y una copita de vino. Incluso champán francés para celebrar las cimas del grupo. Y en la tienda comunitaria, calefactada y con grandes ventanales, tendrá a su disposición un gran televisor de pantalla plana para ver películas y unos cómodos sofás en los que reflexionar a cinco mil metros sobre el sentido de la vida observando cómodamente tumbado las cumbres más majestuosas del planeta.

Sabemos que es difícil abstraerse de tanto lujo, pero ha venido a subir el Everest, así que vamos a ello. Olvídese de la mochila. Tiene dos sherpas a su servicio que le evitarán el más mínimo esfuerzo innecesario. Un por delante tirará de usted cuando la fuerzas le flaqueen y otro por detrás le llevará las bombonas de oxigeno. Solo tendrá que colocar el jumar en la cuerda fija instalada nada más abandonar el campo base y no soltarla hasta la cima, tres días después.

Ya está. Lo ha conseguido. Se ha convertido en una de las casi nueve mil personas que han hollado el Everest. Cómo lo ha conseguido es lo de menos. Lo importante es la foto de cumbre que podrá colgar en su despacho y enseñar a sus amistades y clientes mientras les cuenta todo lo que ha sufrido camino de la cima. Enhorabuena. La montaña más alta del mundo ha vuelto a ser humillada.