Las putxeras toman la calle en Balmaseda

Un participante en el concurso de putxeras prueba el cocido en una anterior edición del certamen./Fernando Gómez
Un participante en el concurso de putxeras prueba el cocido en una anterior edición del certamen. / Fernando Gómez

El concurso de la tradicional olla ferroviaria llenará de aromas apetitosos las calles de la vieja villa medieval

ELENA SIERRA

En un extremo, el convento de las clarisas. En el otro, la iglesia de San Severino. Más o menos así, quedándose en el cogollito, de monumento a monumento, se puede preparar la excursión a Balmaseda del próximo martes. Es que la jornada es especial. En la mente –bueno, no nos engañemos ni vayamos de intelectuales: en la mente y sobre todo en nariz y en boca, que probablemente irá salivando de buena mañana–, el ya legendario concurso internacional de putxeras, que llega este año a su edición número 48 y promete olorcillo rico en cada rincón. Allí estarán los balmasedanos venga a vigilar la putxera, para que la alubiada quede estupenda. De las casi 700 que se harán el martes, día de San Severino, entrarán a concurso entre 150 y 200. ¿Una barbaridad? Según. Estamos hablando del concurso de referencia entre los muchísimos que existen y de una población que se vuelca en la cocina... Más bien en la calle.

Balmaseda es medieval y su putxera no tanto, pero tiene también mucha historia. La conocida también por su alias, olla ferroviaria, deja muy clarito su origen. No hay putxera sin línea de tren en su origen, y cuanto más larga, lenta, de trazado complicado y con obstáculos e imprevistos, mejor, para que haya tiempo de cocinar lentamente (es un canto al slowfood) y entren ganas de comer de verdad. Era utilizada por los trabajadores de la línea Bilbao-La Robla para hacer su almuerzo: ponían el puchero de barro o de metal al calor del carbón de las máquinas de vapor. En el aparcamiento junto al río, antes de entrar en el casco antiguo, hay una enorme putxera en homenaje a todas las que han sido y a los trabajadores que las hicieron y comieron. Y desde allí, de paso, se puede comenzar a apreciar la fachada de esta Villa que tiene balcones y miradores sobre el Cadagua, que parece que se vuelca en él.

Un puente inconfundible

Y ver, a la izquierda, el puente viejo y la torre, la imagen más reconocible de Balmaseda. El Puente de la Muza, con sus tres arcos de medio punto, fue paso inevitable en el antiguo camino de Castilla y hoy sigue siendo inevitable para quienes llegan hasta allí. Es el lugar que tiene que salir en la foto y que acredita que se ha estado en la localidad. Pero volvamos a la putxera y su huella olfativa. Como hace ya mucho que el invento se puede poner lejos de la vía, lo mejor es adentrarse en las callejuelas medievales y pasear partiendo desde las dependencias del Hotel Convento San Roque.

Este lugar que hoy es referencia en la cosa de la alubiada en olla ferroviaria, como también lo es el restaurante Pintxo I Blanco (Martín Mendia, 5), se halla en una parte del antiguo convento de clausura de Santa Clara, al que la primera abadesa llegó allá por octubre de 1666. Ahora las celdas de las monjas son las habitaciones, y el antiguo refectorio del convento es comedor. La iglesia anexa es, por su parte, el Centro de Interpretación de la Pasión Viviente de Balmaseda, que aunque estemos en tiempos de alubiadas no hay que olvidar la otra cita cultural fundamental de la Villa.

Huellas del pasado

Por las cuatro calles del casco, y sus plazuelas, se van encontrando huellas de siglos muy pasados (desde el XV): el palacio de Horcasitas, el Museo de la Historia de la Villa de Balmaseda en la iglesia de San Juan Bautista (en la calle Martin Mendia), el Palacio Urrutia (calle Correría con el Cantón de la Fuente) y la casa consistorial, la casa de los Hurtado Salcedo y la iglesia de San Severino, en la plaza del este nombre.

Allí es donde a partir de las 8.30 y hasta las 10.30 del martes se tramitarán las inscripciones al concurso que hará que la villa huela a comida buena. Y sencilla. A saber: alubia roja, negra o pinta, y como mínimo chorizo, morcilla y tocino, todos juntos haciendo chup-chup durante toda la mañana.