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Gastroturismo

Mutriku, la mar de salado

Panorámica del puerto mutrikuarra con vistas al Cantábrico./
Panorámica del puerto mutrikuarra con vistas al Cantábrico.

Los pescados son su punto fuerte, pero en la villa guipuzcoana limítrofe con Bizkaia también hay conservas, queso o txakoli y una oferta de posibilidades que no dejará indiferente al visitante

ANE ONTOSO

Nada más poner un pie en Mutriku el olor a salitre recorre las venas. La brisa marina peina los sentidos y el visitante descubre de inmediato un pueblo marinero en el que el puerto se impone sobre una foto de postal con un telón de fondo de saladas casas de colores escalonadas. Es el conjunto, sin embargo, lo que hace especial a este enclave en el extremo occidental del litoral guipuzcoano, en la comarca de Debabarrena, que linda con Berriatua, Ondarroa, Markina, Deba y Mendaro.

Mutriku

Dónde: a una hora de Bilbao y 50 minutos de Vitoria. Web: debabarrenaturismo.com y www.mutriku.eus.

El puerto de Mutriku, del que en tiempos pasados salían los arrantzales a la caza de ballenas, es uno de los más antiguos de Gipuzkoa. La tradición pesquera del lugar se nota en los platos de los restaurantes. El pescado es, sin duda, el producto estrella. Rodaballos, lubinas, merluzas o besugos llenan las cartas con recetas tradicionales e innovadoras que abren bocas solo con el nombre de pila.

El puerto manda en Mutriku sí, pero se sitúa a los pies de los parroquianos que desde una atalaya, antaño amurallada, vislumbran la belleza que el Cantábrico regala a quien se atreve a apartar la mirada de la pantalla de su ‘smartphone’. Un paseo por las calles del casco histórico es imprescindible. La población se fundó a comienzos del siglo XIII (1209) y hoy muestra coqueta su trazado típico de las villas medievales desarrolladas en ladera, en este caso sobre una pendiente que desciende del monte Arno, un conjunto monumental que también conserva parte de su antigua parcelación gótica.

La pequeña Suiza

Si buceamos por las entrañas, hallaremos palacios, torres y casas blasonadas, la mayoría declarados monumentos histórico-artísticos, que se enredan sin saberlo en el corazón del que visita. Cuna de los eminentes marinos Antonio Gaztañeta y Cosme Damián Churruca (héroe de la batalla de Trafalgar), llaman la atención la iglesia neoclásica de Nuestra Señora de la Asunción, que guarda un lienzo de Francisco de Zurbarán, la casa consistorial y el palacio barroco Galdona, así como los palacios Zabiel y Montalibet o la casa Olazarra-Mizkia. En este recorrido, no puede faltar una escala en el Loretxu (Modesto Txurruka, 3) para degustar sus famosos champis con salsa secreta que incluso venden a algún compañero de profesión. O la morcilla del batzoki. Amén del pescadito del Ametza, si es que hacemos una parada más generosa. Lo saben bien en The Basque Way, la empresa que guía a turistas por el municipio y les brinda experiencias gastronómicas de nivel.

Restaurantes

Kalbaixo
El restaurante favorito de los mutrikuarras cambió de dueño hace unos meses pero todo sigue igual, con la plantilla de siempre. Cristina López, cocinera y dueña, borda los pescados (sapo, rodaballo, y bacalao son los estrella), así como la chuleta, el solomillo, la sopa de pescado o los fritos caseros. Los postres preferidos son el flan con mantecado casero, la tarta de yogur o de queso y el tiramisú. No perderse los barcos que entran y salen desde las espectaculares vistas del Kalbaixo. En julio y agosto abre todos los días. Dónde: Ermita del Kalbaitxo s/n. Teléfono: 943603256. Apertura: de viernes a domingo.
Ametza
Ametza abrió en 1994 y hoy lo regenta la tercera generación de la familia Zubizarreta. Famoso por sus pescados de Ondarroa y Mutriku, ofrecen desde bacalao, lubina, merluza, rape o chipirones hasta besugo... «cuando hay». Depende de la temporada: bonito en verano, anchoa en primavera... También revuelto de hongos, pulpo, ibéricos, pimiento relleno, lengua, tortilla de bacalao... Dónde: Txurruka Plaza. Teléfono: 943603749. Apertura: todos los días.
Pikua
Pikua, una casa rural de seis habitaciones, abrió sus puertas hace casi una década en un entorno entre mar y montaña. En el restaurante, el chef Melvin Jiménez elabora, además de rodaballo, besugo, chuleta o entrecot, cordero a la parrilla, ensalada de chipirón o de mariscos, jamón ibérico de bellota, alcachofas, croquetas caseras, sopa de pescado... Dónde: Barrio Laranga s/n. Teléfono: 943603242. Cierra: lunes (salvo desde marzo hasta octubre). Web: www.pikua.es.
Azkenetxe
El italiano Toni y los euskaldunes Bernat y Maider se embarcaron hace dos años en los fogones del Azkenetxe. Sus cocineros de Cerdeña cocinan pizzas en horno de leña, en las que todo es casero, «desde la masa». Tienen productos frescos y traen mucho género italiano como vino, cerveza, salami o pasta. Triunfan la pizza básica a la carbonara y la de boletus y la pasta larga especial con buey de mar (por encargo) y la de ‘ai frutti di mare’ con calamares, gambas, mejillones..., pero también puedes encontrar chuleta a la brasa o solomillo. Dónde: Alto del Calvario, 1. Teléfono: 657738460. Menú: hay menús concertados para grupos. Cierra: martes (salvo de junio a mediados de septiembre). Rrss: Facebook.

Mutriku, sin embargo, no solo es tierra y mar. También es montaña. Sobrecogerán las vistas de los barrios Laranga y Galdonamendi y el de Olatz, probablemente uno de los más recónditos y desconocidos de la villa pesquera que, cargado de leyendas, sorprenderá por las numerosas cuevas y caleros dentro de sus bosques y prados, un lugar que llaman ‘La pequeña Suiza’, aunque para verlo hay que profundizar a pie. Y el barrio Astigarribia, al pie del Arno, representa uno de los enclaves más importantes de la ruta jacobea del norte.

Una cultura marinera trae consigo tradición pesquera, una de cuyas muestras se podrá disfrutar el 24 de marzo con el Día del Verdel, una de las citas más populares y multitudinarias. Trae, a su vez, tradición conservera, de la que Mutriku puede estar orgulloso. Nombres como Yurrita, que el año pasado cumplió 150 años, La Mutrikuarra, Zizzo Billante Hermanos (Costa Vasca, Cóndor) tejen la historia con madejas de anchoa, bonito, boquerones o salmón. Pero también hay una quesería en la villa, la de Goienetxe, y hasta viñedos de txakoli propiedad de la bodega Sagarmiña (D.O. Getariako Txakolina), ubicada en el barrio de Olabarrieta.

Otro imprescindible del municipio es el Centro de Interpretación Geológica Nautilus (Jose Antonio Ezeiza, 3. 943603259). En él se exponen materiales fósiles autóctonos de la localidad que forman parte de la colección de Jesús Mari Narváez Amasorrain, quien a lo largo de 30 años, recuperó y salvaguardó el patrimonio paleontológico que tarde o temprano se hubiera tragado el mar. Los espectaculares acantilados de la costa occidental de Gipuzkoa esconden millones de años de historia geológica escritos en la roca. Esta caprichosa formación ha sido bautizada con el nombre de flysch.

Aperitivo sobre el flysch

El flysch negro de Mutriku lo conforman una cadena de acantilados de hace más de 110 millones de años en los que se encuentran numerosos fósiles de ammonites. Un chiringuito de moda en la zona ha tomado prestado su nombre, el Flixgain (Muelle, 1B). Tomar un aperitivo mientras se contemplan los acantilados y el Cantábrico es el mejor premio para cerrar una excursión tan singular.

Para quien desee conocer todos los secretos de esta antigua villa en profundidad, tiene la posibilidad de contactar con la oficina de turismo (Txurruka, 1. 943603378). Y los forofos del deporte no pueden olvidar que Mutriku dispone de salidas de submarinismo, a caballo, senderismo, rutas de bicicleta de montaña (BTT) o, en temporada de verano, piragüismo para conocer los acantilados.

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