«Solo pido que quien asesinó a mi hijo de un tiro en el pulmón pague su delito»

Ingrid Borjas muestra el acta de enterramiento en el cementerio de su hijo, Nick Samuel Oropesa./Jon G. Aramburu
Ingrid Borjas muestra el acta de enterramiento en el cementerio de su hijo, Nick Samuel Oropesa. / Jon G. Aramburu

Ingrid Borjas en una mujer destrozada desde el 23 de enero, cuando abatieron a su hijo en extrañas circunstancias

JON G. ARAMBURUCaracas

«Shock hipovelémico por herida de arma de fuego en región torácico abdominal». Ingrid Borjas muestra el estudio forense que detalla con una asepsia desgarradora la causa de la muerte de su hijo Nick Samuel Oropesa, de 19 años, un joven ilusionado con las expectativas de cambio que se abren para su país y que resultó muerto en los enfrentamientos que sucedieron a la jura de Juan Guaidó al frente de la Audiencia Nacional, la misma que no reconoce el Tribunal Supremo alineado con el presidente Maduro. «Dicen que entre los días 23 y 25 de enero murieron cuarenta personas en todo el país. Lo dudo, seguro que fueron muchas más: aquella noche yo no dejaba de ver gente entrando en los hospitales y dos murieron delante de mí».

El día había comenzado con Nick Samuel entusiasmado por ir a la marcha convocada por la oposición. Su papá les abandonó hace años y su hermano mayor se fue a vivir a Chile el pasado noviembre. «Nick me pidió permiso y yo se lo di porque iba con familiares y amigos». Cuando horas más tarde regresó a casa, estaba eufórico. «Se había fotografiado con María Corina Machado -diputada actualmente sancionada que no puede desempeñar cargos públicos- y había sido testigo, decía, de un momento histórico». Se bañó, comió algo y acompañó a su madre, abogada, a visitar a su abuela, que vive debajo de ellos. Al cabo de un rato, decidió marcharse. Esa fue la última vez que Ingrid le vio sonreír.

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El primero en darle la noticia fue un adolescente del mismo portal, pero Ingrid no le creyó. «Me dijo que Nick Samuel estaba en la calle, que le habían pegado un tiro y que estaba herido». Ella se aferró a que su hijo le había dicho que volvía a casa, y negó con fuerza el sentimiento de angustia que, poco a poco, se iba adueñando de su corazón. «Subí a nuestra vivienda, llamándole a gritos, mirando cuarto por cuarto». Bajó entonces a la calle, donde la gente se arremolinaba para comentar lo ocurrido. «Me dijeron que unos particulares que pasaban por allí habían subido a mi hijo a su carro y se lo habían llevado al Centro de Diagnóstico Integral».

Nick Samuel.
Nick Samuel.

Ingrid corrió hacia allí con el corazón en un puño. «Cuando le encontré estaba consciente y no paraba de repetir en su agonía 'mamá, me estoy ahogando, no puedo respirar'. Debajo de él había un charco de sangre enorme y la doctora me dijo entonces que le teníamos que llevar al hospital porque tenía un pulmón perforado». Quien acudió en su auxilio fue una unidad de los bomberos de Caracas, que montaron al chaval malherido y enfilaron a toda velocidad el camino que les separaba del Hospital Pérez Carreño.

«Una enfermera me trajo a la licenciada y entonces lo supe. Estaba consternada. 'Ay, Ingrid', me decía, 'lo siento mucho, pero tu hijo ha llegado ya sin signos vitales'. Me tiré al suelo y rompí a llorar, desde entonces no he parado», dice con el rostro estragado. Cuando la noticia de la muerte de Nick Samuel llegó a su vecindario, la ira estalló de manera espontánea. «Los residentes salieron a la calle y comenzaron a llamar asesinos a los de la Guardia Nacional, que no tardaron en tomar posiciones y ametrallaron desde un tanque los edificios». La confusión era total.

Desde aquella terrible noche, Ingrid Borjas ha tratado de reconstruir un rompecabezas al que le faltan demasiadas piezas. «Me dijeron que el niño, en vez de subir a la casa, bajó a la cancha y se acercó a ver cómo algunos tiraban piedras a los guardias. Cuando llegó, la cosa estaba enardecida». La herida de bala, con orificio de entrada y salida, destrozó el riñón y el pulmón izquierdos de Nick Samuel, que nunca podrá ver cumplidos sus sueños de estudiar Cocina.

Su madre empezó entonces un periplo por comisarías y juzgados. «Puse una demanda por la muerte de mi hijo ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC). Tres semanas más tarde el caso continúa abierto y sigue sin saberse quién está detrás». Cuando los investigadores llegaron al lugar, miembros de la Guardia Nacional ya habían limpiado la escena del crimen y eliminado cualquier evidencia, señalaron los vecinos. «Nadie quiere dar testimonio de lo que pasó aquel día por miedo a las represalias», se desespera Ingrid, que está en pleno duelo y hay muchas cosas que no entiende. «Sólo quiero averiguar lo que pasó y que el responsable pague su delito, aunque demasiado bien sé que eso no me va a devolver a mi hijo».

«Se supone que la Guardia Nacional tiene la obligación de velar por la seguridad de los ciudadanos, no convertirse en una amenaza. Si me matan a mi hijo, ¿qué puedo esperar yo?». Cuando atiende al periodista, la mujer viene de recoger el acta de enterramiento en el cementerio, «por si en algún momento se pide la exhumación del cadáver». Mientras trata de sobreponerse, Ingrid baraja la posibilidad de abandonar el país. «Mi vida era él y ahora que me falta, ha dejado de tener sentido».

El joven Nick Samuel.
El joven Nick Samuel.