reconstruir la sociedad civil

Guillermo Dorronsoro
GUILLERMO DORRONSORO

Angus Deaton, Premio Nobel de Economía en 2015, es uno de los escasos académicos que se preocupan de que sus investigaciones, además de ensanchar las fronteras de conocimiento, tengan algún tipo de utilidad práctica para la sociedad. Fue de los pocos que se opuso con energía a las políticas de austeridad tras la crisis de Lehman Brothers, y en sus estudios se ha ocupado también de manera muy singular de los mecanismos que pueden ayudar a reducir o erradicar la pobreza.

Acaba de publicar un artículo muy interesante ('¿Qué le pasa al capitalismo contemporáneo?'), en el que reflexiona sobre algunos textos recientes, que comparten la misma idea. No son los mercados o el Estado quien está fallando en su funcionamiento, sino el tercer pilar: la comunidad, la sociedad civil.

Las redes sociales hierven de descontento ante las consecuencias de un modelo socio-económico que es incapaz de atajar la desigualdad creciente. Se convocan huelgas y movilizaciones (8M Igualdad, 15M Cambio Climático, Pensionistas…). Pero no se actúa con decisión en los momentos en los que nuestras decisiones podrían efectivamente cambiar las cosas (cuando consumimos, o cuando vamos a votar, por ejemplo). No hay propuestas vertebradas de cómo afrontar la urgente reforma del modelo económico y social.

La sociedad civil está desaparecida de los debates más relevantes sobre nuestro futuro, que exigirían propuestas algo más elaboradas que una llamada a la movilización. Es evidente que es preciso abordar una reforma en profundidad del sistema de pensiones públicas, pero también es evidente que si la única solución sobre la mesa es elevar las percepciones más bajas, el sistema se hará más insostenible todavía de lo que ya es hoy en día.

Las últimas estimaciones del Instituto Nacional de Estadística nos dicen que dentro de 15 años en España seremos 12,3 millones de personas mayores de 64 años, 3,4 millones más que en la actualidad. Por otra parte, dentro de la edad laboral, uno de los últimos recuentos nos dice que tenemos 3,3 millones de parados y 6,3 millones de trabajadores cobrando por debajo del salario mínimo.

Y si sumamos a las personas que cobran un sueldo de alguna de las administraciones públicas, que en este momento vienen a sumar 2,6 millones de personas, tendremos el mapa completo de los lobbies cuya capacidad de presión sobre los representantes políticos va a ser extraordinariamente poderosa.

Más de la mitad de los votantes en España durante la próxima década, van a pertenecer a alguno de estos tres colectivos (pensionistas, funcionarios y perceptores de rentas más bajas), y por eso los presupuestos públicos en las partidas de gastos social relacionadas con ellos irá creciendo a medida que su presión se vaya haciendo más fuerte, algo que ya está ocurriendo.

El lobby de los mercados tampoco es manco y, por más que algunos invoquen a esta receta mágica, la historia reciente nos enseña que incrementar la presión fiscal del colectivo de las mayores empresas y patrimonios se dice pronto, pero luego hacerlo no es tan sencillo. Quienes tienen poder, lo utilizan para defenderse.

Así que las soluciones pasarán por una combinación de más endeudamiento público y más presión fiscal a pymes, autónomos y rentas medias. Matemáticas simples.

¿Será Europa quién imponga límites al endeudamiento de los Estados para afrontar estos gastos crecientes? No tiene pinta de que las instituciones comunitarias estén pasando sus mejores momentos y, en última instancia, podríamos acabar escenificando un enfrentamiento entre los países del Norte (algo más preparados para capear este temporal) y los del Sur. Algo poco edificante en la narrativa de la construcción europea…

¿Serán las rentas medias, agotadas ante el inevitable crecimiento de la presión fiscal, las que tengan en algún momento que empezar a movilizarse también? ¿Serán los jóvenes?

Deberíamos ir reconstruyendo la Sociedad Civil con urgencia, para que en medio de tantos lobbies, hubiese al menos una voz que tratase de encontrar soluciones para el conjunto de la comunidad, sin entregarse a ninguno de los lobbies. Quizá la tarea más urgente que tenemos como sociedad en este momento.