Invertir por el móvil o la tablet tiene sus riesgos

Invertir por el móvil o la tablet tiene sus riesgos

El pequeño tamaño de las pantallas táctiles y la inmediatez en la aceptación limitan la capacidad del consumidor para saber lo que está contratando

ALICIA MIGUEL SERRANO

Los desarrollos tecnológicos están cambiando la manera en la que los clientes se relacionan con las entidades financieras y la forma en la que contratan productos financieros, y ello, aunque viene acompañado de ventajas, también trae consigo riesgos», ha advertido el subgobernador del Banco de España (BdE), Javier Alonso. Estos riesgos se derivan de que al contratar por vía digital, el cliente asume una mayor autonomía de información y decisión, y debe asegurarse de que comprende plenamente las consecuencias de sus elecciones. Según los expertos, de la misma forma en que un cliente es consciente de la trascendencia del compromiso que adquiere cuando firma un contrato de su puño y letra, debe serlo del compromiso que asume al pinchar en una pantalla táctil donde dice 'acepto los términos y condiciones del contrato'.

Sin embargo, el pequeño tamaño de las pantallas táctiles de los teléfonos móviles y de las tablets, la aparente 'amabilidad' de las aplicaciones diseñadas por las entidades financieras y la inmediatez de la aceptación de las condiciones contractuales por parte de los usuarios, «limitan la capacidad de estos clientes de saber qué están consintiendo y contratando y obstaculizan determinados aspectos básicos en la contratación de productos financieros como la lectura de los términos y condiciones de los contratos o la interacción para resolver preguntas sobre ellos», asegura el subgobernador del Banco de España. Y aunque la contratación de productos financieros a través de Internet aún es incipiente en nuestro país, «se ha convertido en uno de los ejes fundamentales en las estrategias de los bancos comerciales en España», afirma Alfonso Arellano, economista senior de la Unidad de Regulación Digital y Tendencias de BBVA Research, por lo que irá a más.

No ocurre lo mismo en las gestoras de fondos de inversión. Según establece el II Barómetro de digitalización de gestoras de fondos de inversión de junio de 2018, elaborado por la escuela de educación digital ISDI, solo un 20 por ciento de estas gestoras permite a los usuarios contratar on-line sus productos y un 68,9 por ciento no tiene prevista esta opción en el futuro.

También la Encuesta de 2017 sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación en los Hogares (TICH), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), señala que la incidencia en el uso específico de Internet en España para realizar compras es del 49,9 por ciento de la población adulta y del 58,6 por ciento de los internautas. Este porcentaje es menor en el caso específico de la realización de actividades financieras con fines privados. En 2017, el 9,8 por ciento de los internautas mayores de 15 años adquirió, vendió suscribió o formalizó al menos un producto financiero on-line en los doce meses anteriores a la realización de la encuesta. Este porcentaje se incrementó en dos puntos porcentuales respecto a 2016.

Los más contratados

Los productos financieros más contratados por los internautas en los últimos doce meses, según BBVA Research, son los relacionados con los seguros, como la suscripción y renovación de pólizas. Casi 7 de cada 10 personas que compraron al menos un producto financiero lo hicieron del sector de seguros, frente a la compra-venta de acciones y otros productos de inversión financiera, cerca de 3 de cada 10, y la contratación de préstamos 'online', casi 2 de cada 10.

Otro 'peligro' al que se enfrentan los clientes de entidades financieras al contratar un producto mediante teléfonos inteligentes o tablets es la facilidad con la que se puede tener acceso a activos y productos financieros complejos y opacos, que difícilmente se pueden comprender sin conocimientos financieros básicos. Un ejemplo lo constituyen, según el subgobernador del Banco de España, las criptomonedas.

En su opinión, estas han sido objeto de un creciente interés por parte de los inversores y «aunque, por el momento, su impacto sobre la estabilidad financiera mundial se considera limitado, presentan una serie de riesgos en áreas como la protección del consumidor, la prevención del blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, que las autoridades siguen de cerca y en relación con los cuales han emitido advertencias o comunicados».

Para Javier Alonso, es importante insistir en que se tratan de activos «con un marcado carácter especulativo, sin respaldo de los supervisores y susceptibles de ser objeto de fraude o de manipulación de precios. No se pueden considerar como dinero ni como depósitos y no gozan de las protecciones de normativa de productos bancarios o de inversión».

Por ello, para el número dos del Banco de España, resulta preocupante que, en un contexto «en el que menos de la mitad de la población entiende el concepto de tipo de interés compuesto, exista tal demanda de activos complejos de estas características».

Mayor conocimiento, menor riesgo

Y es que el grado medio de formación de los consumidores españoles en cuestiones financieras es, en opinión de Alfonso Arrellano, «manifiestamente mejorable». Según un informe del Banco Mundial, la tasa de alfabetización financiera de los adultos en España está por debajo del 50 por ciento, mientras en países como Dinamarca, Alemania y Holanda supera el 65 por ciento.

También los jóvenes españoles sufren las mismas carencias. Según muestran los resultados presentados por el informe PISA Educación Financiera de 2017, uno de cada cuatro estudiantes de 15 años en España no alcanza el nivel básico en competencia financiera: son incapaces de interpretar una factura y evaluar la información financiera necesaria para tomar una decisión al realizar una compra, como aplicar la relación calidad-precio.

A pesar de este 'oscuro' presente, existe un futuro 'esperanzador', ya que los riesgos que amenazan a aquellos consumidores que compren productos financieros por Internet a través de sus móviles o tablets se podrían mitigar, según Javier Alonso, mediante «una mayor cultura financiera, una mayor toma de conciencia sobre la nueva realidad y un mayor desarrollo de las competencias digitales de la población».