La industria sufre su peor inicio de año en un lustro y se ralentiza más que el PIB

Dos trabajadoras de Renault en una cadena de montaje de su fábrica en Valladolid. /Reuters
Dos trabajadoras de Renault en una cadena de montaje de su fábrica en Valladolid. / Reuters

Solo ha recuperado un tercio de la producción perdida en la crisis y menos de la mitad de los empleos destruidos

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Los males que empiezan a afectar a la economía española y lo seguirán haciendo a medio plazo, al igual que al conjunto de la zona euro, los ha ido anticipando en los últimos meses la industria, que ya hace tiempo perdió el brillo que tenía hace casi cuatro décadas. Como muestra, hoy el valor añadido bruto (VAB) de este sector respecto del total de la economía ha bajado al 14,4% (dos puntos más si se sumase el segmento energético), apenas la mitad de lo que representaba en 1980 (25,9%).

Si nos acercamos más en el tiempo, la foto estadística sigue saliendo borrosa: en la actualidad representa el 16,1% con relación al Producto Interior Bruto (PIB) –solo el 12,6% si hablamos de la actividad manufacturera– y a principios de siglo, en el año 2000, llegaba al 17,8%. Mucho más próximos en el tiempo, la industria entró en recesión el último trimestre de 2018, con sus peores datos desde 2013, esto es, cuando terminó la última crisis. Y_todo ello mientras los otros tres grandes sectores económicos, servicios, agricultura y construcción, siguen tirando de la economía –de manera especial el último–, aunque también a un ritmo cada vez menor confirmando la ya evidente desaceleración del PIB.

Un estudio de la sección sindical de industria en CC OO ha encendido las alertas, al destacar que en la primera mitad de 2019 la actividad manufacturera cae por primera vez en cinco años –su empleo bajó en junio por segundo mes seguido, pese al aumento general de la ocupación– y, además, lo hace con la mayor fuerza desde finales de 2013. Ha sufrido, asimismo, el mayor recorte en la aportación del sector al PIB desde 2006.

De hecho, hoy en día solo la industria manufacturera y la construcción siguen sin recuperar aún los niveles de producción de 2007, el último año de bonanza económica antes de estallar la crisis, y lo peor es que la primera vuelve a alejarse. Desde ese año y hasta 2012, según cifras de Eurostat, su nivel de fabricación se desplomó un 30%, el peor dato en toda la UE solo seguido de cerca por Grecia (-29%). Luego llegarían dos recesiones donde aún bajaría más.

Cara y cruz

Ahora, desde los mínimos que tocó entonces produce ya un 14% más, por encima incluso de la subida media del 9% registrada en la eurozona en el mismo período. Pero todavía le restarían dos tercios por recuperar del nivel productivo que tenía justamente antes de la crisis. Por el contrario, el sector de los servicios genera un 16% más que entonces, con lo que origina ya dos de cada tres euros del PIB anual (el 66% en 2018).

En el primer semestre, solo el sector agrario registró datos más pobres en la evolución del PIB. Tras registrar en el último trimestre de 2018 una caída del -1,1%, comenzó 2019 recuperando lo perdido (+1,1%) para luego sufrir un fuerte parón el segundo trimestre (0,3%, en contraste con el avance del 1,3% en la construcción y el 0,5% del conjunto de la economía), período en el que su rama manufacturera bajó seis décimas tras haber crecido un 1,4% de enero a marzo.

Lo peor es que los indicadores del sector que publica el INE no presentan perspectivas halagüeñas a corto plazo: en junio (último mes publicado) el índice general de producción industrial cayó dos décimas (eso eliminando efectos estacionales y de calendario), el de cifra de negocio bajó medio punto y solo el de entrada de pedidos mejoró un punto por el tirón de los bienes de equipo (8,6%), lo que más exportamos (el 22% frente al 16% del automóvil).

Lejos de la meta europea

Pero ni aún así llegará a cumplir la recomendación de la Comisión Europea para que en 2020 la aportación de la industria con respecto al PIB nacional llegue al 20%. El promedio en la UE-27 supera ya el 17,5%, casi un punto y medio más que en España donde dicha meta «se antoja ya inviable», señalan desde CC OO. Ellos constatan en su informe que la industria española «se está ralentizando más rápido que el resto de la economía» y uno de los síntomas de este «frenazo», apuntan, es la caída en la inversión en bienes de equipo que –denuncian– está «provocando el desmantelamiento industrial, el cierre y desaparición de empresas».

Estamos, continúa el análisis del sindicato, ante una industria que «incorpora un bajo desarrollo innovador y un escaso peso tecnológico, lo que va acompañado de trabajo precario y bajos salarios». Y apoyan su crítica en varios datos: el último año el empleo industrial creció la mitad que en los 12 meses previos (un 5,5% frente a un 2,1%);_y en 2018 solo 22.900 de los más de 450.000 puestos laborales netos creados en España correspondió a la rama industrial.

A finales del año pasado una veintena de sectores industriales aún no habían podido recobrar el nivel de actividad previo al estallido de la burbuja inmobiliaria en 2018. Es más, aunque desde la salida de la crisis han generado en conjunto 361.000 empleos netos, no alcanzan aún ni la mitad de los 811.000 destruidos en la industria entre 2009 y 2014.

En ella el sector manufacturero genera uno de cada diez ocupados (el 11%, la mayor cuota) y es también el que concentra la mayoría de los nuevos empleos industriales (el 90% en 2018), pero también es donde la contratación temporal crece a un ritmo más alto: el 47,7% frente al 11% del trabajo fijo. La automoción y el textil son las ramas donde más puestos se han destruido y, además, el paro industrial es el que menos disminuye. Por el contrario, en química/minerales y bebidas están en expansión. Un brote verde, pero insuficiente. 

Una nueva industria por cada 20 constructoras

Otro de los síntomas del importante adelgazamiento del peso industrial es el tejido societario. Cierto es que todos los sectores tienen más compañías que hace cinco años, pero no todos se han expandido con la misma intensidad. Así, España empieza a tener otra vez cara de hormigón, cemento y ladrillo según el último informe sectorial de CC OO, que concluye que por cada nueva industria que nace en España se crean 20 empresas constructoras.

En términos relativos, hablamos de un crecimiento del 20% el último lustro en el número de empresas dedicadas a la construcción (obra pública y vivienda), con 20.300 firmas nuevas. El aumento en el sector servicios fue del 7%, y de un 12% en el sector agropecuario (sobre todo, en la alimentación) frente a un «exiguo» 1,9% en la industria.

No obstante, el ritmo de crecimiento anual en el tejido industrial roza ya el 4%, el doble que el promedio nacional. Eso supuso en 2018 hasta 13.150 compañías creadas en esa actividad, el 40% del crecimiento total en sociedades. En términos absolutos, según los registros de la Seguridad Social, en España hay 1,35 millones de empresas con asalariados, de las que 993.000 corresponden al sector de los servicios, casi 125.000 a la construcción, 120.000 a la rama agraria y 109.000 a la industria (concentradas, sobre todo, en alimentación y automoción).

Preocupa más la «propensión» industrial hacia actividades con intensidad tecnológica baja o media baja. Apenas el 5,4% de su cifra de negocios tiene que ver con productos de una intensidad alta, pese a que su peso en las exportaciones se duplica (9,4%). «Malos tiempos para la industria en plena revolución tecnológica», advierten desde CC OO.