El Dorado eólico está en el mar

Parque eólico de Wikinger, que Iberdrola construye en la costa alemana./E. C.
Parque eólico de Wikinger, que Iberdrola construye en la costa alemana. / E. C.

Las empresas vascas ocupan una posición de liderazgo en la carrera por optimizar costes y desarrollar nuevas tecnologías que ayuden en la expansión de la energía eólica 'offshore'

Jorge Murcia
JORGE MURCIA

La energía eólica ha alcanzado un considerable estado de madurez en España. Reflejo de ello son los más de 23 gigavatios (Gw) de potencia instalada en todo el territorio, y el protagonismo que las empresas españolas del sector tienen en el mercado mundial. Cierto es que aún hay margen para la mejora, sobre todo en aspectos como la potencia de las turbinas y el tamaño de los aerogeneradores. Pero donde verdaderamente se encuentra El Dorado eólico es en el mar. Los parques offshore viven un momento de eclosión, pero su potencial de crecimiento es enorme. Y en esa carrera por abrir nuevos caminos para la eólica marina, las compañías vascas ocupan una posición de privilegio. El efecto tractor que ejercen transatlánticos del sector, como Iberdrola o Siemens Gamesa, ha favorecido la aparición de un rico tejido empresarial que abarca casi toda la cadena de valor del producto (diseño, fabricación, operación, mantenimiento, etc.) y que ha encontrado además la complicidad de los centros tecnológicos vascos, piezas clave en el desarrollo de esta fuente de generación de energía.

Según los datos de Wind Europe, la asociación europea de la industria del sector, actualmente solo hay instalados 12,6 Gw de potencia eólica marina en el continente. Pero calcula que en los próximos tres años prácticamente se duplicará, hasta alcanzar los 24,6 Gw, lo que supone un crecimiento anual del 24%. Tres cuartas partes de la potencia está instalada en aguas del Mar del Norte, menos profundas que las de otras latitudes, y por lo tanto más idóneas para la ubicación de estos parques. También hay que tener en cuenta que en la zona septentrional del continente las condiciones metereológicas son mejores para el aprovechamiento eólico. Una de las fortalezas de la eólica offshore frente a la terrestre es precisamente esa, la capacidad de generar más energía a partir de un viento más constante, que no encuentra los obstáculos de tierra firme.

«La cuestión es que el 80% del recurso eólico en Europa está en aguas de más de 60 metros de profundidad», apunta José Luis Villate, director de Energías Renovables 'Offshore' de Tecnalia. Es decir, que queda un mar de posibilidades para la expansión de los parques eólicos offshore. Precisamente es esa, la gran profundidad de las aguas, la que impide ver molinos de viento en el Cantábrico o el Mediterráneo, por poner dos ejemplos. «Y eso representa una gran oportunidad para nuestras empresas», añade Villate.

El nicho de las plataformas flotantes

Uno de los desafíos a los que se enfrentan las compañías del sector, y los centros de investigación como Tecnalia, es desarrollar estructuras -al menor coste posible- capaces de instalarse en ese territorio virgen que queda por explorar. En ese empeño trabajan las compañías que conforman el consorcio industrial Nautilus Floating Solutions: Astilleros Murueta, Tamoin, Velatia, y Vicinay Marine Innovation, además de Tecnalia. Una entente creada «para convertirse en líder mundial en el desarrollo de plataformas eólicas flotantes». En ese mismo ámbito, y a partir de una patente de Tecnalia, la empresa alavesa Ditrel Industrial trabaja en una solución para la conexión y desconexión eléctrica de convertidores flotantes de energía en el entorno marino. El centro tecnológico participa en más proyectos, como el denominado H2020 LIFES50+, en el que se diseñan y analizan cuatro estructuras flotantes para aerogeneradores de gran tamaño, como son los que 'calzan' turbinas de 10 megavatios (Mw) de potencia. Además del mercado de las estructuras flotantes, Tecnalia focaliza sus esfuerzos -siempre dentro de la eólica offshore- en el desarrollo de soluciones «para lograr una reducción de costes en la instalación, operación y mantenimiento de los parques eólicos, y en las cimentaciones de los aerogeneradores».

El de las plataformas flotantes es un nicho de mercado «con perspectivas muy buenas», y por el que también apuesta Ingeteam. «Es una de las líneas de negocio para las que más recursos estamos destinando», destacan fuentes de la compañía con sede en Zamudio (Bizkaia). Ingeteam realiza diversos trabajos relacionados con la eólica 'offshore': limpieza y mantenimiento de palas, de torres, instalaciones de cableado, etc. La parte de I+D dedicada a la eólica marina se centra en la búsqueda y desarrollo de «nuevas herramientas de mantenimiento predictivo, y nuevas herramientas de soporte».

Ingeteam trabaja en varios proyectos eólicos. Uno de ellos es el parque de Wikinger, que estos días termina de construir Iberdrola en aguas alemanas del Mar Báltico (350 Mw de potencia). La multinacional vasca es uno de los gigantes del sector. Ha sido la primera empresa española en opera un parque eólico en el mar (el de West Of Duddon Sands, en el Mar de Irlanda, de 389 Mw de potencia), Pero tiene en cartera proyectos por más de 8.000 Mw a desarrollar en la próxima década. Para Estados Unidos tiene reservados casi 3.000 Mw, pero es en Europa donde Iberdrola va a desplegar toda su potencia de fuego.

Este pasado verano, la eléctrica que preside Ignacio Galán recibió el visto bueno del Gobierno británico para construir el East Aglia Three, de 1.200 Mw, pieza del megapuzzle eólico que se uniráal que ya desarrolla en la misma zona, denominado East Anglia One (714 Mw). Así el futuro complejo East Anglia alcanzará los 2.000 Mw, «convirtiéndose en una de las mayores instalaciones renovables del mundo«. «A ellos -destaca la compañía- se podría añadir la iniciativa Esast Anglia Two, con otros cerca de 800 Mw». Y en aguas francesas prevé construir el parque de Sant Brieuc, cuya entrada en operación se estima para 2022, y que contará con una potencia de 496 Mw.

El potencial de la industria vasca en el negocio eólico tampoco se entendería sin Gamesa, ahora fusionada con la alemana Siemens. El nuevo gigante industrial tiene instaladas por todo el mundo más de 2.430 turbinas, que suman una potencia de 9 Gw (9.000 Mw), lo que representa una cuota del mercado global cercana al 70%. La compañía destaca el hecho de que en 1991 se convirtió en el primer fabricante en realizar un proyecto 'offshore', con el parque de Vindeby, en Dinamarca, que presentaba una potencia total de 4,95 Mw, una insignificancia a los ojos de la tecnología actual, que ya trabaja el desarrollo de turbinas capaces de alcanzar incluso los 15 Mw.

La aportación de Adwen

Muestra de que el segmento de la eólica 'offshore' está experimentando «un desarrollo rapidísimo, no solo a nivel tecnológico, sino también en la escala de proyectos» es que en menos de 30 años se han pasado de los apenas 5 Mw del parque de Vindeby «a los 752 de Borssele (Holanda)», el último proyecto anunciado por la compañía. La entente Siemens-Gamesa ha visto fortalecido además su músculo competitivo con la plena integración de Adwen, el fabricante que Gamesa compartía a medias con la francesa Areva. «Nos ha procurado la integración de un grupo de profesionales con una sólida experiencia en toda la cadena de valor», ademas de «una tecnología excelente», así como «acceso a un mercado emergente y prometedor como Francia, así como cuatro proyectos en Alemania».

El liderazo de Gamesa como fabricante «ha sido clave para el actual posicionamiento competitivo del sector eólico vasco», destaca José Ignacio Hormaeche, director del Clúster vasco de la Energía. La integración de la compañía vasca en la nueva Siemens Gamesa Renewable Energy «representa además una oportunidad para las empresas vascas de la cadena de valor eólica». Si la compañía con sede en Zamudio ha sido «uno de los principales 'players' a nivel mundial en un mercado de gran exigencia en lo tecnológico y en el coste de la energía, se ha debido en gran medida al excelente nivel de calidad-precio que le aportan sus proveedores», añade Hormaeche.

Y es que la industria vasca es capaz de fabricar prácticamente el 100% de los componentes y sistema que integran un aerogenerador, destaca el director del Clúster de la Energía: «torres, bridas de unión, fijaciones, generador y convertidor, multiplicadora, buje y rodamientos, frenos, sistema de pitch, celdas de media tensión, cableados…», enumera. Y en el ámbito 'offshore', «se está posicionando de forma destacada en el diseño y fabricación de cimentaciones, con un papel muy relevante en los nuevos conceptos de plataformas flotantes para aguas profundas», remacha.

Un protagonismo compartido por decenas de empresas auxiliares. Unas más grandes, como Ormazabal, que conecta y protege a los equipos que conforman el 25% de toda la potencia eólica marina instalada en el mundo. Y otras más modestas, como Hine, empresa dedicada a los sistemas hidráulicos, o Erreka, fabricante de tornillos inteligentes para aerogeneradores, Antec (frenos), Laulagun (rodamientos) o Wec (piezas de fundición).