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Nadal, el hombre 10

Nadal, entre los alumnos de su academia de tenis de Manacor, durante el minuto de silencio en memoria de las víctimas./
Nadal, entre los alumnos de su academia de tenis de Manacor, durante el minuto de silencio en memoria de las víctimas.

El tenista es el número uno con la raqueta en la mano, pero su dimensión humana trasciende el deporte. Rara vez alguien concita tanta unanimidad al ser valorado: es el ejemplo a seguir. Un diez

INÉS GALLASTEGUI

No se puso en la frente el pañuelo de guerra. No buscó miradas familiares entre la gente. No ordenó minuciosamente sus botellas de agua, como hace siempre antes de empuñar la raqueta. Simplemente agarró el escobón y se puso a achicar barro de un edificio anegado, como cualquiera, como uno más de las docenas de vecinos que sintieron la riada de Sant Llorenç des Cardassar, el pueblo de su abuelo, como una tragedia íntima. El gesto de Rafa Nadal (Manacor, 1986) dio la vuelta al mundo y encumbró a un deportista que ya estaba en la cumbre. Un hombre que, en el país donde la envidia es, con permiso del fútbol, el deporte nacional, concita un consenso casi unánime por sus valores en el tenis y en la vida. «Ser un gran campeón y buena gente es una combinación irresistible», resume el periodista John Carlin, su biógrafo.