Los aperos del triatlón

Nerea Gambra posa junto al equipamiento que utilizará mañana en el triatlón./blanca castillo
Nerea Gambra posa junto al equipamiento que utilizará mañana en el triatlón. / blanca castillo

La alavesa Nerea Gambra muestra el arsenal que utilizará mañana, al tiempo que reconoce que «es imposible no emocionarse» en la prueba de su ciudad

OLGA JIMÉNEZ

Nerea Gambra muestra a EL CORREO los elementos, entre maillots, comida, gafas y bicicleta, necesarios para disputar en las debidas condiciones el Triathlon Vitoria en su larga distancia. Esta deportista vitoriana afronta su quinta experiencia en la capital alavesa donde dice sentirse «muy emocionada». Su objetivo es estar entre las diez primeras, aunque para ello deberá pasar el calvario de la natación donde sufre mucho y le genera mucha ansiedad. La vitoriana dará lo mejor de ella en la bicicleta y en la carrera a pie.

A sus 36 años, está en un momento excelente, por mucho que considere que los años empiezan a pesar. Nerea Gambra se inició en el triatlón hace siete años en Austria. «El mejor de mi vida, porque como el primero no hay ninguno, es el que más disfrutas». Después han venido otros como Alpe d'Huez, Lanzarote y desde 2014 el triatlón de Vitoria. «Es imposible no emocionarse en tu ciudad y con tu gente. Solo por eso, por lo que apoyan, por todo el cariño, la responsabilidad de acabarlo es mayor. Si estoy entre las diez mejores será un buen resultado y el más realista. Yo no soy profesional», comenta con una amplia sonrisa.

Asume sus limitaciones, aunque el apellido Gambra siempre está entre el ramillete de aspirantes. El pasado año hizo un meritorio sexto puesto. Pero hay un factor fundamental que no se puede entrenar y que marca la diferencia: la genética.

-¿Eso es lo que la ha alejado de dar el paso a profesional?

-Sin duda. Yo tengo esfuerzo y constancia. Si me hubiese acompañado la genética sería profesional, eso es lo que marca la diferencia. Cualidades en definitiva. Las tengo pero no un nivel super élite.

Sonríe de manera nerviosa mientras retuerce un azucarillo que no ha probado en su cuarto café del día. «Soy una adicta del café y la coca cola, son mis únicos vicios», confiesa con inocencia. No esconde que en los días previos todo ha de estar a punto y cuidar hasta el último detalle. «Me hago una película, de lo mejor y lo peor, lo visualizo. Lo mejor es salir del agua y coger la bici. Ahí es cuando soy yo. Porque el deporte es la mejor manera de expresar cómo es uno realmente. Y el peor cuando toca la bocina para meterme al agua. No lo puedo evitar, lo vivo con ansiedad». El agua, donde todo empieza. «Un charco con muchos peces», apunta Nerea. El pavor del aglutinamiento, golpes, agarrones. «Solo se sabe cuando se vive desde dentro. Luego, me dejo la piel, porque salgo la última y solo me queda remontar».

La bicicleta, lo más caro

No es una táctica de carrera, es una de las fobias confesables de nuestra 'superwoman'. «¡Anda, no es para tanto! Solo hago deporte y disfruto haciéndolo. No me gusta que me miren como si fuera una heroína».

Tras el café, «siempre en vaso», subimos a la 'casa prestada' donde nos expone su arsenal triatleta. No es un deporte al alcance de cualquiera, y ya en material las cifras se pueden disparar por encima de los 10.000 euros. «Solo en la bicicleta se pueden ir 7.000 euros. A mí me la deja 'Campagnolo' afortunadamente. La empresa Alimco me pone ropa. Las gafas también pasan de los 200 euros. Tengo un neopreno de los baratillos, que no llega a los 300. Donde más se nota si llevas un material bueno es en la bici. En el resto, no tanto».

Tras revisarlo todo, regresamos a la calle. En plena Dato, el ir y venir es constante. Nerea es una deportista «popular» como le gusta definirse. «Yo practico el triatlón porque me hace muy feliz, pero no soy triatleta», remarca.

Sus capacidades le permiten concluir una distancia ironman en 10 horas y 31 minutos. Pero insiste en que lo importante es llegar. Lo hará con lágrimas en los ojos. «Seguro que me viene la llantina. No sabes lo que es cruzar ese arco de meta. Es imposible no emocionarse».

 

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