La nadadora del Athletic

La joven Itziar Cerezo Conde./
La joven Itziar Cerezo Conde.

Itziar Cerezo Conde la niña que soñaba con jugar en San Mamés y ahora gana medallas

JON URIARTE

Soñaba con correr la banda izquierda de San Mamés y ahora nada con la misma pasión. La niña ya es mujer, pero el sueño permanece. Todo seguidor de un equipo, por muy mayor que sea, imagina que un día le pidan por megafonía que vaya a vestuarios y se ponga la camiseta para saltar al césped. Es uno de esos deseos infantiles que viven con nosotros hasta el infinito y más allá. Pasa siempre, en todos los deportes y equipos. Pero hay clubes, como el que habita en un palacio y trabaja en una catedral, donde eso es ley. Quizá por ello Itziar deja volar suspiros al hablar del Athletic. Nada raro si no fuera porque nació en Madrid y lo suyo es nadar.

Hay revuelo por la tierra de la Cibeles a raíz de los éxitos de esta deportista que lleva colgadas 18 medallas. Sin ir más lejos, en los XXV Campeonatos de España de natación de invierno celebrados este mes de febrero en Pontevedra, ha logrado tres de bronce en la categoría de 100 metros libre, 50 metros libre y 50 metros espalda. Itziar Cerezo Conde. Esos son su nombre y apellidos. Quizá no les suenen. Hace siglos que la información deportiva pasó a ser solo balompédica, después exclusiva de dos equipos y ahora de dos futbolistas, jueguen donde jueguen y hagan lo que hagan. Así que no hay hueco para otras disciplinas. Una pena. Porque la historia de Itziar merece aplauso. A sus 22 años puede presumir, aunque no lo hace, de contar con un palmarés ejemplar. Sobre todo para alguien que prácticamente aprendió a nadar a los 16. «Yo quería ser futbolista y jugar en el Athletic», repite cada vez que la entrevistan. Algo que cada vez es más habitual. De ahí que supiéramos de su existencia. Saberlo y llamarle, fue todo uno. Así descubrimos que su amor por ciertos colores reside en sus genes.

«Mis aitas son de Bilbao», proclama nada más iniciar la conversación, no dejando un mísero hueco a la duda. Cuenta que se llaman María José y José Manuel. Ella de San Ignacio y él tomatero. «Se conocieron en la Uni de Deusto estudiando económicas», añade Itziar, que cierra la biografía familiar en el momento exacto en que el trabajo y la vida les lleva a vivir al barrio de Chamartín. «Cerca del Bernabéu», susurramos de refilón y ella ríe, acostumbrada al comentario. Y ya que hablamos del templo madridista le preguntamos cómo mantuvo vivos sus colores. Entonces su madre sube el tono y habla desde la distancia para recordar lo cansina que se ponía la niña con el uniforme del Athletic. No se lo quitaba ni para dormir y lo llevaba con cualquier excusa. Fiesta del colegio, de disfraces... «Si me llegan a dejar lo utilizo el día de la Comunión», advierte y de nuevo afloran las risas. Por cierto, tiene una voz muy agradable. Como de alguien que es madura para su edad. Normal. No debe de ser fácil su trabajo.

«Soy enfermera de Quirófano del Hospital Universitario Infanta Sofía», nos cuenta y entendemos las razones que le llevaron a dejar el planeta de cuero. «Desde los tres años le daba al balón. Soy zurda y acabé midiendo 1´80 así que jugaba de central o de lateral», añade y empieza a aflorar su pena. «A los 16 vi que seguir con el fútbol exigía un tiempo que no tenía y alguien me habló de nadar y de lo bueno que sería para mi espalda». Con detalles así se escriben las vidas. Y la de Itziar le llevó de esta forma a la piscina. «Mis estilos preferidos son crol y espalda y soy más velocista que fondista», nos aclara y, casi por inercia, recordamos sus jugadores favoritos. «De pequeña era de Yeste y de Etxebe hasta la muerte. Y ahora de Aduriz, de Capa y de Iñigo Martínez». Jugadores que ha visto desde las gradas de todos los campos de la Comunidad de Madrid a los que han saltado los leones y lo ha permitido el cuadrante trabajo-ocio. «Bernabéu, Calderón, Getafe, Butarque, Vallecas. De hecho el del Rayo fue el último», desvela y confiesa algo que le duele en el alma. Y, si cabe, aún más a su padre. «No he estado en San Mamés tras el cambio». Tendrá ocasión. No lo duden. Y ese día una reina de las aguas se sentará en las gradas rojas, contemplando el mar verde del dios balón. Ese que no pudo correr. Aunque gracias a ello, así se escribe el destino, tenemos a una campeona. Itziar. La que nadará con otros colores pero siempre llevará, en cada brazada, los de su Athletic.