¡SILENCIO!

Vivimos tiempos de discursos igualitarios y lenguaje inclusivo, pero hay que exigir que tras esas palabras haya acciones concretas

¡SILENCIO!
FOTOLIA
May Serrano
MAY SERRANO

¡¡Silencio, silencio!!

Me siento un poco Bernarda Alba pero es que yo lo que necesito es un poco de silencio, ¡que se calle todo el mundo! Vivimos tiempos de grandes palabras, discursos igualitarios y lenguaje inclusivo. Se nos llena la boca cuando decimos por activa y por pasiva que no somos racistas o que el machismo es cosa del pasado.

Las televisiones compran partidos de fútbol jugados por mujeres, las grandes empresas apuestan por el empoderamiento femenino, las instituciones apoyan firmemente la igualdad real entre hombres y mujeres... Yo me muero de risa en este espejismo de igualdad. A veces creo a pies juntillas que todo está cambiando y que avanzamos sin tregua hacia el siglo XXI, pero cuando me paro un poquito y reviso la realidad una bofetada me despierta de mi sueño fantástico.

Me pasan por WhastApp un vídeo súper motivador de una conocida marca deportiva en el que nos animan a las mujeres a perseguir todos nuestros sueños y nos dicen que podemos conseguir aquello que deseamos. Cuando ves el vídeo crees firmemente que la marca está de nuestro lado y que apuesta por la realidad: las mujeres pueden hacer lo que se propongan. Y lo compartes con otras queriendo contagiar este entusiasmo. ¡Chicas, esto está pasando! ¡Podemos practicar el deporte que queramos en las mismas condiciones que los hombres!

¡Ah! El sueño dura poco, porque a la vuelta de un click aparece otra noticia. La misma marca que te «empodera» con un vídeo suspende su patrocinio a la atleta Alysia Montaño por quedarse embarazada. A una, que ya tiene la edad suficiente para no ser una ingenua, se le queda una cara de idiota tremenda al leer el titular y conforme avanza en la lectura va cayendo en la cuenta de todas las veces que nos la están metiendo doblada con el mal uso del lenguaje y con esta práctica enfurecida de vaciar las palabras para convertirlas en lugares comunes.

El lenguaje es importante y cuando elegimos una palabra estamos eligiendo todo su significado pero cometemos un fraude atroz si esas palabras no van unidas a la acción. Pasa con las grandes marcas pero también está pasando en nuestro día a día con las instituciones cercanas con las que trabajamos, con las empresas que nos rodean o los que toman café en el mismo bar que nosotras. Fagocitan las palabras, las vacían de contenido, nos roban nuestro trabajo y lo convierten en 'humito de copal', como dice la canción.

Si hablas de amor tus acciones tienen que estar llenas de cuidados. Si hablas de empoderamiento tus acciones tienen que estar llenas de igualdad, si hablas de respeto tus acciones tienen que ser, por fuerza, respetuosas. Y NO lo están siendo.

Si apoyas el fútbol jugado por mujeres no puedes aupar a un jugador denunciado por violación. No puedes. Puedes dejar espacio a que la justicia actúe pero no puedes ponerte de su lado solamente porque es un hombre y ocupa un puesto de poder. Tú, seas quien seas, una marca grande o pequeña, una institución o una persona que va a comprar el pan, tienes la obligación de posicionarte, de dar un paso al frente y no lanzar balones fuera.

Nosotras, como mujeres, no podemos hacernos las locas más tiempo. Es el momento de exigir que tras las palabras haya acciones concretas que nos lleven en la dirección que hemos elegido. Es el momento de gritar «no estoy loca», sé que tus palabras no son sinceras y lo sé porque lo estoy viendo con mis propios ojos. Dices una cosa y haces otra.

Mi heroína preferida de estos días es Ada Stolsmo Hegerberg, ganadora del Balón de Oro, que no va a jugar con la selección de Noruega el Mundial de Francia para reivindicar la igualdad entre las mujeres y hombres en el deporte. No son palabras, son hechos.

Marcas que lo dan todo en la publicidad: háganse cargo de lo que dicen, pasen a la acción. Ya no creemos en sus discursos vacíos.

Señores: ¡callen! Cállense de una vez por todas, escuchen y pasen a la acción.

Señoras: no escuchemos más a nadie, dejemos que las palabras se las lleve el viento y agarrémonos fuerte a tierra. Aquí y ahora solo las acciones nos darán lo que es nuestro.