Punto de vista

Cuestión de aire

IÑAKI EZKERRA

De Montserrat Caballé, los críticos elogiaban siempre el fiato, esa técnica vocal y respiratoria consistente en sostener una nota indefinidamente sin tomar aire o tomándolo sin que se note. Ahora que Caballé se ha ido y que los críticos vuelven a hablar del fiato, he recordado una definición que dio Tomás Eloy Martínez del arte de José Lezama Lima tras un encuentro que tuvo con él en La Habana de 1968: «Su lenguaje es el asma invadiendo la salud del castellano». Lezama Lima cultivaba su disnea para extraer de su escritura esas ondas y rizos gongorinos que nos llevan al ensueño, como Caballé cuidaba su fiato para sacar de su voz los ingrávidos pianísimos y crescendos que nos hacían volar. La distancia que hay entre la música y la literatura es una cuestión de aire: la que hay entre el fiato y el asma como modos antitéticos de hacer arte, uno en los escenarios, el otro en la soledad. A ambos les unía una obesidad feliz en un tiempo obsesionado con la imagen física. Lezama Lima decía que a falta de bronquios respiraba con branquias y se consolaba –lo cuenta Eloy Martínez– pensando en «la cofradía de asmáticos» que le precedieron desde Séneca a Proust. Él fue el tenor más afinado de nuestro idioma como Caballé fue nuestra más afinada soprano. De ella a mí me gusta mucho una interpretación de 1964 de la 'Canción de cuna' de Strauss que es un alarde de ese truco de magia que hacía respirando sin respirar. Merecía una funeral de Estado como el de Aznavour en Francia. Pero los españoles no sabemos hacer esas cosas. Cuestión de aire. Así nos va.

 

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