Deep Purple en cuerpo y alma

Glenn Hughes, de 67 años y cinco octavas, cantó colosal. /Txemaiden
Glenn Hughes, de 67 años y cinco octavas, cantó colosal. / Txemaiden

El bajista y vocalista Glenn Hughes, melenudo e hiperenergético a sus 67 años, agotó la Sala BBK en el ciclo Music Legends y revisó el legado de su banda madre con un poderío increíble

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Aún anonadados, aplastados por el rock colosal proyectado por el bajista y vocalista Glenn Hughes este jueves en una Sala BBK con el aforo agotado, procedemos a contarles su concierto de homenaje a su banda más famosa, Deep Purple, con la que grabó tres LPs oficiales en los 70. En hora y tres cuartos (104 minutos) según el set list sonaron 9 canciones, pues no se consignaba la torrencial versión góspel de 'Georgia On My Mind' de Ray Charles. «Buen set de Glenn. Todas de Deep Purple. 5 temas del 'Burn', 2 de 'Come Taste The Band', 1 del 'Stormbringer', más el 'Smoke On The Water', que no estaba él en ese disco, sino Roger Glover al bajo e Ian Gillan a la voz», ordenó el exiliado Pato cuando le mandamos el setlist por wasap.

Glenn Hughes (Cannock, Staffordshire, 21 de agosto de 1951), vegetariano y sobrio (las vueltas que da la vida), físicamente espectacular a sus 67 años, desde la melena hasta la voz de octavas («Caliento mi voz antes de cada concierto durante media hora. Es absolutamente imprescindible hacerlo porque tengo un rango de cinco octavas. Soy un atleta vocal y me tomo esto muy en serio: soy vegano, no tomo productos lácteos, bebo montones de agua y duermo mogollón», nos contaba hace cuatro años), arribó a Bilbao con un equipo de sonido espectacular, arrasador pero nítido, y gracias a él nos introdujo en una burbuja de rock setentero apabullante. Informó de que la banda se llamaba 'Glenn Hughes Performs Classic Deep Purple Live', que habían arrancado la gira la semana pasada y que se prolongaría hasta Navidad.

Glenn Hughes también es un bajista excepcional.
Glenn Hughes también es un bajista excepcional. / Txemaiden

Amabilísimo también sobre el tablado, Glenn se consideró honrado por estar ahí tocando para nosotros, repitió que nos ama («nos quiere tanto que vende las camisetas a 30 euros», comentó Tsustas; ah, y además indicaban en el puestito que solo se podía pagar en efectivo), se acordó de lo bien que lo pasó con el mismo repertorio en verano (se refería al festival Music Legends de Sondika, donde dio el mejor concierto de los dos días), sostuvo que «la música es sanadora y el amor es la respuesta», un par de veces al menos deseó «Dios os bendiga a todos», y recordó a tres exmiembros de Deep Purple: a Tommy Bolin (guitarrista yanqui fallecido por sobredosis a los 25 años en 1976 (Glenn afirmó que aún le lleva en su cuerpo y en su alma y que cada día le recuerda y que cada noche que toca hay parte de Bolin en su música), David Coverdale y Ritchie Blackmore.

Irradiando poderío eléctrico y mostrándose como una bellísima persona (créanselo, no parece pose, postureo), al frente de un cuarteto más joven (el batería le daba con saña y ponía cara de furia; loco le llamó un par de veces su jefe), Glenn Hughes no dio un concierto retro (aunque el aparato setentero se desbordara por doquier), sino que lideró una cita transversal (eso gustaría a cualquiera que pudiera resistir el volumen), vivificante e incluso resucitadora plena de apoteosis que parecían echar abajo la Sala BBK. Hum… cuando salió a escena alguien del público gritó «¡¡rock and roll!!» y de eso hubo de principio a fin.

El escenario estaba dominado por un gran telón de Glenn Hughes.
El escenario estaba dominado por un gran telón de Glenn Hughes. / Lorenzo Pascual

Los cuatro abrieron con 'Stormbringer' (el teclista tocando con la rodilla, el guitarrista alzando el mástil, el baterista rezumando ira, Glenn derrochando energía), rock-blues hubo en 'Might Just Take Your Life' y rock aindiado en 'Sail Away', y una apoteosis sobrenatural emergió en 'You Fool No One', a pesar del solo de batería (siete minutos cronometró Tsustas).

El azafato de la Sala BBK no quitaba la vista del escenario y la mayúscula e increíble velada con fundamentos de rock de estadio a lo Led Zeppelin prosiguió con groove en aquella época comercial ('You Keep on Moving',con cita a Coverdale), funk con pedal wah wah para el bajo ('Gettin' Tighter', con recuerdo a Bolin, poderío absorbido por Sex Museum y un punteo naturalísimo) y, ya hasta el final, el epílogo fue una sacudida de cuerpos y almas, sí: 'Mistreated', con referencia a Blackmore, rasgó el universo e hizo cantar al respetable que al acabar la ovacionó en pie, 'Smoke on the water' fue atacada con credibilidad (y ahí presentó a sus escuderos), la añadida 'Georgia on My Mind' tuvo una coda puro colapso y el bis con 'Burn' y sus pasajes heavy metal fue un modo como otro cualquiera de apisonarnos y dejarnos pegados al asfalto. Paz, deseó al acabar Glenn Hughes, que nunca falla. Un concierto de lo mejor del año, oigan.