El blues de Watermelon Slim anima la tarde del BBK Music Legends

El blues de Watermelon Slim anima la tarde del BBK Music Legends
Pankra Nieto

Los jóvenes hermanos Kitty, Daisy & Lewis muestran su virtuosismo retro

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

Hizo un sol de justicia durante la tarde de este sábado en Sondika, lo que no arredró a los melómanos que disfrutaron del arranque con música con raíces americanas del BBK Music Legends. Abrieron los vizcaínos Mississippi Queen & The Wet Dogs con blues y soul, y siguió el flaco y veterano bluesman blanco bostoniano hoy vecino canadiense Watermelon Slim, un tipo enjuto, flaco y coletudo que se definió como «muy viejo», pues soltaba palabras en castellano. Pasándose de la hora dio un bolo de 11 temas en 65 minutos en trío y con dos facetas: la de guitarrista pegado a su slide y la de armonicista que andaba por todo el tablado y que bajó del escenario para tocar entre el público, que ya había caído en su red.

El suyo fue un blues muy canónico, hostelero en un amplio recinto, y entre versiones (Muddy Waters, Howlin' Wolf, Lee Dorsey, el solemne himno americano que sopló a solas con la armónica) y originales incluidos en los CDs que vendería y firmaría en «la casita de merchandising» –como la llamó–, el viejo Melón Larguirucho se quedó con el personal desde que soplando la armónica se puso de rodillas, igual que postrado de hinojos se despidió agradecido, lanzando besos al aire a un público del que disfrutó a fondo.

Luego los jovencísimos hermanos británicos Kitty Daisy & Lewis dieron el mejor concierto que les hemos visto, aunque no dejan de ser unos estilistas de lo retro que deberían agilizar sus bolos prescindiendo de tanto cambio de instrumentos entre ellos: batería, teclados, guitarra... Con una de las chicas embarazada, en quinteto (sexteto cuando participaba un provecto trompetista jamaicano), bajo un logotipo ambiguamente antimonárquico (o quizá feminista, por el hermano boca abajo), Kitty Daisy & Lewis dieron un show de 12 temas en 60 minutos que pusieron al público a bailar, a dar palmas y al final hasta a acuclillarse en la explanada del Centro Ola. El repertorio fue retro y de raíz, y picó en el ska trompetista y danzón, el boogie woogie arrebatado (¡a veces a lo Big Joe Turner!), y por el blues, ora bibikinesco ora westsider a lo Magic Sam. Un buen entretenimiento que nos movió el esqueleto a todos, y eso que el recinto empezaba a llenarse.