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'La desaparición de Stephanie Mailer' de Joël Dicker

Portada del libro/
Portada del libro

Una periodista asegura haber descubierto un grave error policial en un crimen cometido veinte años atrás y a continuación desaparece

César Coca
CÉSAR COCA

Fue salir a las librerías y colocarse en el número uno de las listas de ventas. El efecto de 'La verdad sobre el caso Harry Quebert' continúa y el joven escritor suizo (acaba de cumplir 33 años) es un valor seguro para el sector editorial.

En este caso, la novela comienza cuando un policía de poco más de 40 años va a dejar el cuerpo para dedicarse a otras actividades. Unos días antes de su despedida una periodista se comunica con él para explicarle que ha descubierto que en un caso que llevaron él y un colega dos décadas atrás cometieron un terrible error por no ver lo que estaba a la vista de todos. El caso es cuestión fue el asesinato del alcalde de la pequeña ciudad en la que transcurre la acción, su esposa, su hijo pequeño y, como víctima colateral, una mujer joven que pasaba frente a su casa en ese momento. La periodista, Stephanie Mailer, se cita con él para aportarle las pruebas de su error... pero nunca llega a la cita porque desaparece.

A partir de ahí, los dos policías que llevaron el caso comienzan a investigar de nuevo porque además aquellos hechos terribles ocurrieron durante la primera edición de un festival de teatro que cumple veinte años y está a punto de celebrarse de nuevo. Dicker reúne en la trama a un puñado de personajes (un crítico exigente pero venido a menos, el redactor jefe de una publicación local, el responsable de una revista literaria y su amante y colaboradora, la dueña de un café que está vinculada a la historia del pasado por razones de familia, el antiguo jefe de policía, el actual alcalde –que era el vicealcalde en el momento del crimen y lleva en el cargo desde entonces– y unos cuantos más. Todos ellos van a reunirse en el pueblo con motivo de la función teatral, en lo que parece un homenaje a Agatha Christie y esos finales en los que Poirot resuelve el crimen ante los sospechosos. Hay otros homenajes muy evidentes, pero que no pueden explicarse: sobre todo, a Patricia Highsmith y Robert Louis Stevenson. Y hay una dosis de humor, incluso de caricatura, ausente en libros anteriores de Dicker.

Más madura que 'La verdad sobre el caso Harry Quebert' y con el mismo manejo del suspense, menos emotiva que 'El libro de los Baltimore', esta última entrega de Dicker revela que los éxitos anteriores no fueron fruto del azar o de una buena campaña de marketing.

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