Premios Feroz: guiños a Bilbao y brindis con Ribera del Duero

La cancha del Bilbao Arena ha sido tomada por medio centenar de mesas y un escenario de aires art decó./Maika Salguero
La cancha del Bilbao Arena ha sido tomada por medio centenar de mesas y un escenario de aires art decó. / Maika Salguero

El pabellón Bilbao Arena se transforma en una gigantesca sala de fiestas para acoger a 600 invitados y 3.000 espectadores, que disfrutarán este sábado de una gala políticamente incorrecta

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Lammers lo tendría difícil para tirar a canasta entre las 51 mesas con una docena de sillas cada una que han surgido en la cancha del RETAbet Bilbao Basket. El Bilbao Arena se afana en su transformación en algo así como una gigantesca sala de fiestas para acoger este sábado los Premios Feroz. El primer gran evento del año en Bilbao moviliza a 250 personas y, por primera vez en la historia de los galardones, podrá ser contemplado in situ por 3.000 espectadores.

«Es el mejor recinto que hemos tenido en los premios», alaba David Martos, uno de los productores de la ceremonia, que se retransmitirá en EL CORREO vía YouTube a partir de las diez de la noche. A las ocho de la tarde arrancará la señal de las cámaras con la alfombra roja. 160 periodistas se han acreditado para asistir al desfile de estrellas, que vendrán el sábado en sendos vuelos chárter desde Madrid y Barcelona. El 'photocall' en el que posan y charlan brevemente con los medios está situado detrás de un escenario de aires art decó.

El público que no tenga entrada podrá ver a los actores descender del coche en el exterior del Bilbao Arena. «Solo para el photocall hacen falta una veintena de personas que se ocupan de que todo salga perfecto», explica Sylvia Suárez, jefa de prensa de los Feroz. La alfombra roja se planifica con una detallada escaleta que debe cumplirse al milímetro. Cada actor recibe la hora de su citación para que la llegada sea gradual; en los Goya, a los más importantes se les deja para el final, por eso Penélope Cruz siempre aparece la última.

La glamurosa alfombra roja tiene truco. Cuando les vemos descender del coche no vienen del hotel, sino de la 'hospitality', una sala en los altos del pabellón con vistas al skyline de Bilbao. Allí charlan y se retocan el maquillaje. Algunos actores vendrán justos de tiempo. «Hay quienes aparecerán a las nueve y media. Y la gala arranca a las diez», apunta Sylvia Suárez.

120 socios de AICE, la asociación de informadores de cine que organiza los premios, se mezclarán con los cineastas en las mesas. En total serán unos 600 invitados que disfrutarán de un catering pero no catarán txakoli: beberán Ribera del Duero, que por algo es patrocinador. A diferencia de los Goya y gracias a dios, en los Feroz no hay actuaciones musicales. El plato fuerte es el tono mordaz de la ceremonia, en la que periodistas y actores se ríen de sí mismos.

Operarios se afanan en el montaje de la gala de los Premios Feroz en Miribilla.
Operarios se afanan en el montaje de la gala de los Premios Feroz en Miribilla. / Maika Salguero

«Tenemos manga ancha para ser políticamente incorrectos, y eso eso es un gusto», reconoce el portugalujo Raúl Díaz, guionista de la gala junto a Álvaro Velasco y Mario Díaz. Sin dar muchas pistas para no chafar el efecto sorpresa, Díaz adelanta que habrá el consabido monólogo inicial de la presentadora, Ingrid García-Jonsson, dos vídeos grabados y uno que se rodará en directo. «Repasaremos un año de cine español y nos reiremos de los nominados, que tendrán que mantener el tipo en su silla», explica uno de los autores del guion de los Goya del año pasado.

Habrá guiños a Bilbao y a la relación de la ciudad con el cine. Y por primera vez en unos premios de cine, la efectividad de los chistes se comprobará en directo con las risas de 3.000 personas. «Es un público ajeno a la industria y tenemos que ser capaces de que se sientan igual de cómodos que los que conocen los entresijos del cine español», confía Raúl Díaz, cuyo afán es conseguir «una gala con ritmo» que no vaya más allá de los 120 minutos.

Mientras en la cancha del Bilbao Arena los operarios trajinan entre cámaras, focos y cables, en las oficinas del pabellón el equipo de producción vive atado al teléfono, al habla con representantes, proveedores y técnicos. «Estamos felices porque van a venir todos los nominados, menos los que hacen teatro, claro. Y por supuesto habrá una gran presencia del cine vasco», cuenta David Carrón. Al final del acto, todos los invitados se irán de fiesta en el mismo pabellón en la que se adivina una noche feroz.