Dos actores, tres espectadores y un 'Perro del Hortelano' en coche

Dos actores, tres espectadores y un 'Perro del Hortelano' en coche

Con un vestuario de época y una iluminación propia de los semáforos, la escenografía de esta peculiar versión del clásico de Lópe de Vega en Almagro son los asientos del coche y sus cinturones de seguridad

CONCHA BARRIGÓS (EFE)

Delante, dos actores. Detrás, tres espectadores. Ese es todo el elenco y público que permite el teatro en coche que el Festival de Almagro ha organizado para representar un montaje 'on road' de 'El perro del hortelano', media hora de espectáculo que verán 120 personas en 40 pases hasta el 28 de julio.

Con un vestuario de época cedido por la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), ambientación musical proporcionada por el aparato de música del coche y una iluminación que es la propia del día y la de los semáforos, la escenografía de esta peculiar versión son los asientos del coche y sus cinturones de seguridad.

'Teatro de sus Mercedes', en un juego de palabras entre el tratamiento que se daban 'los principales' del Siglo de Oro y la marca del vehículo en el que se ofrece esta singular representación, es una idea del director del festival de Teatro Clásico de Almagro, Ignacio García, que se la propuso a la compañía de teatro aficionado de la localidad Teatro del Taular.

La compañía, explica en una entrevista con EFE su director, José Vicente Gómez, lleva diez años poniendo en pie dramas y comedias pero hasta ahora no se había enfrentado al verso.

«Nos daba cierta prevención pero hemos descubierto un mundo en el que todo tiene una arquitectura exquisita, en la que todo cae como tiene que caer y en la que cambiar un solo artículo lo cambia todo», detalla,

La historia se desarrolla por las calles céntricas de Almagro, ante sus palacios, y el conductor-protagonista debe estar tan atento al drama interior como al que puede suceder en cualquier momento en el exterior con un peatón despistado o alguien que abre la puerta de su coche sin mirar.

«Hay que estar con mil ojos, como en una conducción normal, y a la vez viviendo el verso, lo que está sucediendo», dice Miguel Chaves, que junto a Áurea López forma el primero de los tres elencos que se turnan en los pases que se desarrollan todos los viernes y sábados hasta el fin del festival en varios pases por la mañana y por la tarde.

Ignacio García ha concentrado en apenas media hora los fragmentos más destacados de la obra, aquellos que permiten seguir la historia escrita por Lope de Vega a quien no la conozca y reconocerla a los que hayan visto alguna de sus versiones, la cinematográfica incluida.

«Es una idea muy brillante y muy original porque permite entrar en la maravilla que es el universo del verso. Es una obra muy psicológica, de humor muy fino», asegura Sánchez.

Diana se enfrenta a una duda tremenda y es la de si se puede permitir la libertad de amar «a un inferior», su secretario, siendo ella como es «una dama principal».

Tensión y celos

En esa tensión, y de ahí el título de la obra, se mezclan los celos que siente por la relación de él con otra mujer: cuando él se entrega, ella se enfría, y cuando él asume que lo suyo no puede ser «ella arde» por él.

«Ella vuelve loco a todo el mundo y en un ambiente tan íntimo como el cubículo de un coche tiene que mostrar esa ambivalencia, ese desdén y ese ardor, mientras que él se queda cada vez más desconcertado por su comportamiento», precisa Sánchez.

Hicieron unos pases previos para acostumbrarse al coche, automático, y a controlar dónde hacer las paradas para las «espantadas» de Diana porque las idas y venidas de esta elegante comedia se resuelven en el coche con entradas y salidas de «escena», es decir del coche, de ella.

Mientras, el conductor (Teodoro) parlamenta consigo mismo y con los espectadores, a los que incluso pide que escriban los versos que él va dictando.

Los actores se enfrentan a unas funciones en las «no paran de pasar cosas» porque los fines de semana hay muchos visitantes en la pequeña localidad manchega -9.000 habitantes- y puede haber «hasta atascos» que cambian el discurrir de la obra.

«El resultado es que la gente sale encantada, con una sonrisa de oreja a oreja. Se involucran mucho y les da mucha pena dejarles», añade Sánchez.

Temas

Almagro