La boda de Pilar Rubio y Sergio Ramos, vergüenza ajena

El enlace de la presentadora y el capitán del Real Madrid ya está siendo un espectáculo patético antes de celebrarse

Sergio Ramos y Pilar Rubio./EFE
Sergio Ramos y Pilar Rubio. / EFE
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Sólo faltan tres días para la boda de Sergio Ramos y Pilar Rubio en la catedral de Sevilla. Creo que es necesario celebrarlo. Entendámonos. No digo que haya que celebrar el enlace matrimonial en sí mismo. Me refiero al hecho venturoso de que quede menos tiempo para seguir soportando la polvareda mediática que ha levantado esta boda debido a la fama y las excentricidades idiotas de los novios. La última que ha trascendido es exigir a sus 400 invitados que se tatúen un unicornio en la muñeca para poder acceder a la fiesta, en la que por cierto actuará un famoso grupo de bodas con mucho arraigo en la zona de Camas, Santiponce y Castilleja de Guzmán: AC/DC.

Otros requisitos para acceder a la finca 'La Alegría SR4' -ya pueden imaginarse el significado de las siglas- trascendieron hace días y suscitaron todo tipo de comentarios. Recordemos. No podrá entrar ningún menor de edad, con lo que supongo que Sergio Ramos y Pilar Rubio habrán tenido que descartar a unos cuantos sobrinos y primos. ¿Y sus tres hijos? Como son pequeños, seguro que han querido evitarles el jaleo del fiestón. Ahora que lo pienso, lo más lógico es que hayan organizado algo especial para todos los niños de la familia. No me extrañaría que les hayan alquilado la Isla Mágica. O que se la hayan comprado. También estarán prohibidos los teléfonos móviles y las cámaras de fotos. El chaqué será obligatorio para los hombres mientras que las mujeres podrán llevar el modelito que deseen. Bueno, no del todo. Tendrán rigurosamente prohibido que su vestido sea blanco, rojo, rosa, verde o naranja. Qué quieren que les diga: la cima de la tontería está mucho más concurrida que la del Everest y encima en ella nadie se despeña o al menos se congela durante una buena temporada. Yo sólo tengo una esperanza: que Angus Young la arme en la boda. No sé cómo, pero que la arme.

Hubo un tiempo en que Sergio Ramos era un chaval bastante sano e inocente. Se lo aseguro. Así lo recuerdo del Mundial de Alemania, por ejemplo. Sólo llevaba un año en el Madrid y en la selección y se notaba. Trece años después, todo es diferente. Como le sucedió en su día a Cristiano Ronaldo, le ha devorado el personaje hasta un punto que produce vergüenza ajena.