Aquella primera y convulsa visita del Rey a Gernika

Momento en el que los parlamentarios de la izquierda abertzale, con el puño en alto, interrumpen el discurso del Rey en Gernika,, el 4 de febrero de 1981. /
Momento en el que los parlamentarios de la izquierda abertzale, con el puño en alto, interrumpen el discurso del Rey en Gernika,, el 4 de febrero de 1981.

El ámbiente de máxima tensión que se respiraba en Euskadi el 4 de febrero de 1981, unos días antes del 23-F, cuando Juan Carlos I acudió a la Casa de Juntas contrasta con el clima político actual, en el que el PP ha pedido la presencia de Felipe VI en la emblemática sede foral

ÓSCAR B. DE OTÁLORAbilbao

La petición del PP de que el Rey Felipe VI sea invitado a la Casa de Juntas de Gernika tiene un antecedente convulso en 1981, cuando el entonces jefe del Estado, Juan Carlos I, acudió a la sede foral, en la que era su primera visita al País Vasco, y fue abucheado por los representantes de Herri Batasuna. La diferencia entre los hechos que rodearon la vísita real hace 34 años y la actualidad política vasca y española ponen de relieve el cambio que ha vivido la sociedad y la distinta atmósfera en la que transcurriría ahora una eventual presencia del Monarca en el emblemático edificio.

La primera visita del Rey a la Casa de Juntas tuvo lugar el 4 de febrero de 1981, un año convulso para un país que salía de la dictadura y que veía cómo el terrorismo y el involucionismo colocaban cada día a las recién nacidas instituciones democráticas al borde del abismo. Juan Carlos I, el máximo representante del Estado, llevó a cabo su viaje a Gernika -símbolo de los fueros vascos- en unas fechas en las que las tensiones entre Euskadi y el Gobierno de UCD, cada vez más debilitado por las conspiraciones internas, se agudizaban por momentos. El reconocimiento al autogobierno vasco que suponía el viaje del Monarca hizo que todos los focos se encendieran sobre la visita real y, por ejemplo, fueron numerosos los medios internacionales que se desplazaron a Euskadi para informar de la visita. Pero, además, la crispación social era palpable en las calles. La visita real, en este sentido, coincidió con el secuestro del ingeniero de la central nuclear de Lémoniz José María Ryan, raptado por un comando de ETA el 29 de enero. La banda dio un plazo de una semana para demoler las obras de la central si se quería salvar la vida de Ryan. Al comprobar que el Gobierno rechazaba el chantaje, la banda lo asesinó, dos días después de la estancia de los Reyes en Gernika.

En ese escenario, la visita del Rey a la Casa de Juntas era una prueba de fuego. El recién nacido Gobierno vasco estaba facilitando la visita y mostrando el respeto institucional a todo un encuentro simbólico entre la nueva legalidad y la historia vasca. El 4 de febrero, al entrar en la sede de los Fueros, los primeros en hablar fueron el entonces diputado general de Bizkaia, José María Makua; el presidente del Parlamento vasco, Juan José Pujana; y el lehendakari, Carlos Garaikoetxea. Cuando llegó el turno del Monarca, la representación de Batasuna y de Laia interrumpió su discurso con el canto del Eusko Gudariak. El Rey permaneció impasible, con una sonrisa en los labios, a la espera de que la protesta finalizara. Los miembros de la izquierda abertzale, sin embargo, no cesaron en su actitud, ni siquiera cuando el resto del hemiciclo rompió en aplausos en un gesto de reconocimiento a Juan Carlos I. Cuando se comprobó que los parlamentarios radicales no iban a cejar en su empeño, Pujana ordenó al equipo de seguridad del Gobierno vasco -los 'berroci', el embrión de la futura Ertzaintza- que les sacara por la fuerza de la Casa de Juntas. El Rey procedió entonces a continuar su intervención. Fue un eslabón más en la cadena de sucesos que esos días estaba llevando a España al borde de estrangular la democracia.

Diecisiete días más tarde, el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, interrumpió en el Congreso, en el momento en el que se debatía la elección de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. Adolfo Suárez ya había sido sentenciado por los suyos. El golpe del 23 F vivió un momento clave cuando el Rey apareció en Televisión Española para rechazar la actuación de los golpistas y mostrar su compromiso con las instituciones democráticas. Ese día, en el que el Monarca acabó definitivamente con el residuo del Franquismo, el Juancarlismo se consolidó en España.

Absueltos por el Constitucional

La pequeña historia iniciada en Gernika continuó con el procesamiento de los 15 parlamentarios y junteros de Batasuna y Laia que habían protagonizado el incidente en la Casa de Juntas. En un primer momento fueron condenados a tres meses de prisión por desórdenes públicos. Este fallo fue anulado por el Tribunal Constitucional por defectos formales y se ordenó la repetición de la vista oral. En 1993, cuando se celebró el nuevo juicio, Batasuna aprovechó el acto para exigir la negociación con ETA. En septiembre de ese año, el Tribunal Supremo les absolvió al considerar que su protesta fue un "legítimo ejercicio del derecho a la libre expresión", mediante la comunicación "al Monarca de un estado de insatisfacción pública".

Si Felipe VI visitase ahora Gernika lo haría en una situación radicalmente diferente, con unas instituciones consolidadas y, por ejemplo, con una ETA desaparecida. Curiosamente, el propio lehendakari Iñigo Urkullu aseguró el año pasado, poco después de la proclamación del sucesor de Juan Carlos I, que si el nuevo Monarca acudiera a la Casa de Juntas sería un buen punto de partida. Ahora, el PP le ha pedido que le invite.

 

Fotos

Vídeos