Troquelmain echa el cierre en Sopela y deja a 80 trabajadores en la calle

Troquelmain XXI ocupa una nave en Sopelana. /E. C.
Troquelmain XXI ocupa una nave en Sopelana. / E. C.

La firma, antigua Dismodel, tiene su sede central en Cantabria y soportaba un ERE de suspensión

HELENA RODRÍGUEZ SOPELA.

«Esta planta es viable». Así de tajantes se muestran desde el comité de empresa de la Troquelmain XXI (antigua Dismodel) tras conocerse la decisión de los responsables de la firma de cerrar la planta de Sopela. Con una plantilla de 80 trabajadores, la sede de la sociedad se ubica en la localidad cántabra de Maliaño, donde cuenta con otra factoría.

Dedicada a la fabricación de troqueles para la automoción, la división vizcaína fue adquirida para su fusión con la de Cantabria en junio 2017 y un año más tarde la sociedad entró en concurso. Actualmente ambas plantas se encuentran en ERE de suspensión. Sin embargo, y según confirmó ayer el comité de empresa, solo echará el cierre en Sopela. La decisión ha sido comunicada a los representantes de los trabajadores esta misma semana. A su entender, el hecho de que solo se prescinda de la planta vizcaína demuestra «el «abandono» que ésta ha sufrido «desde que Troquelmain XXI se hizo cargo de nosotros».

«La adquisición solo ha traído despidos, EREs y, lo más importante, trasladar el centro de decisión a Santander, dando prioridad constante a aquella planta», critican. En este sentido, el comité denuncia que «no solo no ha habido inversión, sino que han tomado decisiones que han contribuido a la descapitalización de la planta de Sopela».

Indignados y con el futuro de 80 familias en el filo de la navaja, los representantes de los trabajadores no aceptan el cierre de la fábrica. «Somos una empresa viable y lucharemos por conseguir un plan que dé continuidad al proyecto industrial y que contemple el actual empleo», advirtieron. Entre sus planes de lucha contemplan movilizaciones y pedir el apoyo institucional y social necesario para lograr su continuidad.

El pasado mes de enero fuentes de la dirección de la sociedad confirmaban a El Diario Montañés que la sede de Maliñano se encontraba en «plena capacidad productiva». De hecho, entonces lanzaban un mensaje tranquilizador a la plantilla, que aseguraban estaba «al día con los cobros». En todo caso, las previsiones apuntaban a la existente de pedidos suficientes como para cubrir «la primera mitad de año».