La locura del mercurio: ¿qué diferencia de temperatura hay entre la calle y las tiendas?

Un 'super' de Bilbao ofrecía las temperaturas más bajas. / Fotos: Jordi Alemany

En la calle, 30 grados, y en las tiendas, ni 24. Los médicos advierten: los cambios bruscos de temperatura no son buenos

Eider Burgos
EIDER BURGOS

Jornada loca la que se vivió este miércoles en Bizkaia, con mañana de playa y tarde de granizo. Y eso que el sol pegó desde bien pronto: a las 11.20 horas en Balmaseda ya estaban a 31,3 grados. Sobre las doce, en Orozko sudaban a 32,5, en Mañaria a 31 y en Igorre a 30,9. Bilbao se coció a un fuego más lento, pero a las once y media ya se calentaba a 27 grados. ¿Dónde refrescarse en esas condiciones? Un paseo armados simplemente con un termómetro sirvió para localizar los lugares más fresquitos de la villa.

El mercurio no invitaba precisamente a tomar las calles. Con muchos bares cerrados por descanso tras la Aste Nagusia, en la plaza Unamuno apenas hay una terraza. Allí se refugian Marian, Rosa, Begoña y Carmen. Son jubiladas y estudiantes universitarias, y todos los martes se reúne el grupo de clase en la plaza, «haga el día de verano que haga». «En el Casco Viejo se está bien, siempre corre una brisita», comenta Marian.

Ellas aguantan a la fresca, «que por fin el barrio está tranquilo tras las fiestas», mientras otros buscan el alivio de los recintos cerrados. Una cortina de aire frío recibe al cliente en el Corte Inglés, y por momentos cabe pensar que se ha dado con el paraíso anti-ola de calor. Es una ilusión: dentro, el marcador no baja de los 26 grados. «Tenemos el mismo ambiente todo el año, es una temperatura agradable, siempre vas en manga corta y no enfermas con el aire acondicionado», sopesa Verónica, a cargo del puesto de cosméticos de Sephora desde hace dos años. «He vuelto ahora de Tailandia y en las tiendas tenían el aire muy frío, fuera hacía mucho calor... He acabado con la garganta fastidiada», compara.

Algo más se nota en la inmensa tienda de Zara en la Gran Vía, que mantienen a 24,6 grados. «Hoy calienta mucho, normalmente la tenemos a 22, que es la temperatura idónea», señala Eder Salgado, subdirector del establecimiento. Combaten el calor con cortinas de aire frío que son un regalo al entrar. «En uno de estos días pasados se nos estropeó una y se notaba muchísimo».

1. Calor a las tres de la tarde en la Gran Vía. / 2. No en todos los vagones de metro hace frío. / 3. En la oficina de Turismo, el ambiente es agradable.

No es de extrañar. Dan las dos en el reloj y frente a la Diputación el mercurio se dispara hasta los 33 grados. En la plaza de Abando se hace difícil esperar al bus. No solo por la solana, es que los urinarios de la Semana Grande aún no se han retirado y, será por la temperatura, pero el hedor es insoportable. «Esto no se puede aguantar, me mareo», se queja una mujer, que se abanica como puede con la Barik.

Dentro del vehículo, un LED marca 25 grados. «De este me lo creo, pero la mayoría están mal», advierte el conductor. Prefiere no dar su nombre, porque está harto: «De cada tres autobuses, en dos no funciona el aire . Se supone que a partir de los 28 no podemos realizar el servicio, pero hay días que estamos circulando a 30. En cuanto calienta un poco...», afirma. Los pasajeros se le han quejado, dice, «pero yo no puedo hacer nada, mira cuál es mi solución». Y saca de debajo del asiento un pulverizador con agua fresca. «Es importante que los usuarios viajen cómodos, pero imagínate yo: ellos están quince minutos, yo todo el día».

«Bar y caña»

Es difícil saber qué tal hará en las cabinas de metro, pero en el andén no hace el frío del que muchos hablan. El mercurio marca 26. «Es solo en algunos vagones, pero a veces por poco no pillas un 'mal'», se queja Kepa. Él ha leído la noticia de que el mal tiempo llegará a la tarde y «pasa» de refrescarse en la playa. «Mejor bar y caña», resume con una sonrisa.

Deusto recibe a los paseantes con 31 grados junto al puente que conecta con Zubiarte. Por suerte aquí se siente la brisa. Entrar al centro comercial en busca de viento fresco parece una buena opción, pero el termómetro se estanca en los 27 grados; solo en algunos establecimientos desciende hasta los 24. Lorea se pasea entre tiendas, que son las tres de la tarde y «no apetece salir, mejor aquí». Y mejor en la playa que en la oficina, aunque ella volvió luego a trabajar. «Para no poder disfrutarlo, casi prefiero que haga mal tiempo», ríe.

Dicho y hecho. Dos horas más tarde, la lluvia y el granizo vaciaron las playas vizcaínas. Este miércoles no guarden el paraguas, que seguirá lloviendo. Eso sí,las máximas se quedarán en 23 grados. No hará falta entrar en un supermercado a refrescarse junto a los congelados.

«Los catarros los transmiten virus, no el aire acondicionado»

En días como el de este martes el aire acondicionado es un salvador para muchos, foco de catarros para otros. Sepa para la siguiente jornada de sofoco que esto último no es más que un mito: «Los catarros son transmitidos por virus entre personas. El aire acondicionado puede producir irritación, pero no infecciones», señala la médico de urgencia del IMQ, Marta Toña. Tenga cuidado con la temperatura, pero aún más con sus cambios repentinos. Cuando en la calle marcaba los 30 grados, dentro de un supermercado del Casco Viejo descendía a los 21. Y sin aire acondicionado, «todo es con el frío de las cámaras», comentaba su encargado, José Miguel. Aquí todo el mundo trabaja a gusto, «solo entrar es un alivio», pero hay que ser precavidos: «Con el paso del calor al frío puede producirse una vasodilatación muy brusca, lo que puede iniciar un proceso de pérdida de consciencia», advierte Toña. ¿Cómo detectarlo? «Antes la persona sentirá mareos, malestar, sudoración...».