«Cuando llueve, no hay patio»

Jugadoras del club Unamuno disputan un partido sobre la cancha mojada. /El Correo
Jugadoras del club Unamuno disputan un partido sobre la cancha mojada. / El Correo

Asociaciones de padres de los 1.500 alumnos de los institutos Unamuno y Bertendona reclaman un espacio cubierto para el recreo

María José Tomé
MARÍA JOSÉ TOMÉ

Las asociaciones de padres de alumnos de los institutos públicos Miguel de Unamuno y Martín de Bertendona se han propuesto reactivar una histórica demanda al Gobierno vasco: disponer de unas instalaciones cubiertas donde sus aproximadamente 1.500 estudiantes de ESO y Bachillerato puedan resguardarse en las horas de recreo y practicar deporte sin tener que soportar las inclemencias meteorológicas. El enorme patio del centro, en cuyo subsuelo se ubica un aparcamiento público, está completamente a descubierto, lo que obliga a los alumnos a repartirse por los pasillos y escaleras los días de lluvia durante los periodos de descanso del horario escolar.

«Es una vergüenza que el principal instituto del centro de Bilbao, ubicado en un edificio con una solera impresionante y que está a la vanguardia en la implantación de nuevas tecnologías, como el Ipad, carezca de un patio cubierto y tenga unas instalaciones deportivas del siglo pasado. Es un absoluto desequilibrio», reflexiona Alberto Iturburu, presidente del Ampa. Salvo un pequeño espacio en forma de pasillo que se cubrió hace un par de años, la explanada carece de cualquier resguardo ante el frío y la lluvia, lo obliga a los alumnos a permanecer en el interior en horas de recreo. Y en invierno supone un importante hándicap en las clases de educación física.

El único recinto cubierto con el que cuenta el centro para la práctica deportiva es un pequeño gimnasio con columnas que condicionan sobremanera las actividades e impiden algo tan básico como disputar partidos. «Puede que hace un siglo, cuando se construyó el edificio, sirviera para las necesidades de los alumnos de entonces, pero está claro que hoy en día está obsoleto», razonan los padres de los alumnos.

Otro de los afectados por esta grave carencia es el club de baloncesto Unamuno, surgido en 2002, uno de los más grandes de Bilbao y toda una referencia de este deporte en Bizkaia, cuyos más de 200 jugadores se ven obligados a repartirse por distintas canchas cubiertas de la ciudad para poder entrenar «en condiciones dignas». «Desde el comienzo esta carencia fue un hándicap. Si hemos podido desarrollarnos como club y llegar hasta donde estamos ahora ha sido gracias a la colaboración de otras entidades con los que hemos tenido que buscar acuerdos de cesión de sus instalaciones, más adecuadas», detalla Bixente Orio, presidente de una entidad que en la actualidad cuenta con 22 equipos de distintas categorías que compiten al más alto nivel.

Así, los equipos se ha visto obligados a repartirse a lo largo de estos años por las canchas cubiertas de la escuela de Indautxu, los institutos de Ibarrekolanda, Zurbaran o Bilbao Kirolak, entidad con la que el club tiene suscrito en la actualidad un convenio de alquiler para el uso de los pabellones de La Casilla y Zorroza. Aún así, algunos de sus equipos no les queda más remedio que entrenar en Unamuno, soportando en invierno el frío, la lluvia e incluso arriesgando su integridad física con los resbalones del firme.

Edificio multiusos

No es la primera vez que el Ampa y el club plantean esta reivindicación. Hace aproximadamente una década, con el apoyo de la dirección del centro y el consejo escolar, hicieron llegar a los responsables educativos del Ejecutivo autónomo un esbozo de proyecto para edificar en el patio una instalación polivalente para uso deportivos y que también sirviera para albergar otros servicios afectados por la limitación de espacio (comedor, extraescolares...)

El proyecto fue desestimado por la falta de capacidad presupuestaria derivada de la crisis, que en esos años tenía constreñidas las inversiones al máximo, y por razones técnicas, debido al alto nivel de protección del conjunto arquitectónico, edificado en 1926 con la firma de Ricardo Bastida. Aún así, responsables urbanísticos del Ayuntamiento, a falta de estudio de detalle, consideraron que era técnicamente viable. «Creemos que ahora que ha mejorado la situación económica es un buen momento para recuperarlo. Nuestra aspiración sigue siendo contar con un edificio multiusos a cubierto pero también admitiríamos alguna solución intermedia, menos ambiciosa, que al menos permitiera a los chavales disfrutar del recreo o practicar deporte en condiciones dignas«, señala Iturburu.