Liberan en tres horas a una joven que iba a ser explotada sexualmente en Bilbao

La operación se desarrolló en el barrio de San Francisco./
La operación se desarrolló en el barrio de San Francisco.

Agentes de la Policía Nacional detienen a los dos captores de la víctima, de origen subsahariano, pertenecientes a una organización criminal

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

La liberación se produjo en un tiempo récord: apenas tres horas desde que se conocieron los hechos. Gracias a una rápida coordinación y colaboración interprovincial, agentes de la Policía Nacional de Bilbao rescataron a una joven retenida en el barrio de San Francisco y arrestaron a los dos captores, pertenecientes a una organización criminal. La víctima, de origen subsahariano, iba a ser explotada sexualmente.

La operación se puso en marcha después de que la mujer realizara una llamada telefónica a un centro de acogida de Teruel alertando que se encontraba encerrada en contra de su voluntad en un inmueble de la capital vizcaína, sin poder concretar la localización. El dispositivo se aceleró gracias a las relaciones establecidas por la Policía Nacional con organizaciones encargadas de la asistencia, protección, ayuda y acogimiento a personas extranjeras potenciales víctimas de trata de seres humanos.

La investigación arrancó a raíz de las sospechas que despertó entre agentes de este cuerpo el abandono de un grupo de mujeres de un centro asistencial de la localidad turolense con destino a Bilbao. Los primeros indicios apuntaron a que la joven liberada «había decidido marcharse por el dominio que otras mujeres ejercían sobre ella». Las sospechas terminaron confirmándose. La retenida efectuó una llamada telefónica al centro asistencial comunicando que se encontraba retenida y encerrada en contra de su voluntad. Tras «rápidas gestiones», según confirmaron portavoces policiales, los agentes localizaron y liberaron a la víctima en un piso de la calle Las Cortes.

Trata de seres humanos

De inmediato fueron arrestados los dos captores: la propietaria de la vivienda, también de origen subsahariano, y un hombre, de nacionalidad guineana, que había conducido a la víctima al inmueble donde quedó recluida. Las investigaciones confirmaron que ambos individuos formaban parte de un grupo criminal asentado en Bilbao «dedicado a la trata de seres humanos».

La red actuaba a nivel internacional y facilitaba el tránsito de inmigrantes entre África y Europa. Además, se encargaban de recibir, alojar y redireccionar a los migrantes hasta «el siguiente punto clave» a cambio de una contraprestación económica. Si no era satisfecha, conllevaba la retención de las víctimas hasta que éstas solventaban la deuda. En España la organización contactaba con migrantes subsaharianos que llegaban a nuestro país y eran acogidos en centros asistenciales para después desplazarlos a otros países europeos. El 'modus operandi' no variaba: todas las mujeres retenidas eran sometidas a explotación sexual.