Los hosteleros afrontan el verano más difícil en la costa al no encontrar camareros y cocineros

Un camarero sirve una ración de rabas en la terraza de un local de Bilbao. /Ignacio Pérez
Un camarero sirve una ración de rabas en la terraza de un local de Bilbao. / Ignacio Pérez

Aseguran que «hay muy pocos jóvenes dispuestos a trabajar cuando casi todo el mundo está de fiesta», pese a garantizar sueldos de 1.200 euros al mes

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

Numerosos hosteleros de la costa vizcaína se enfrentan al verano más complicado de los últimos años ante la dificultad de contratar camareros y cocineros para sus negocios durante estas fechas. Los empresarios han expresado su preocupación ante la «imposibilidad» de encontrar personal, sobre todo en municipios con un fuerte tirón turístico que incrementan de forma importante la actividad durante el periodo estival. «Necesitamos ampliar las plantillas porque con lo que tenemos no llegamos, pero hay muy pocas personas dispuestas a trabajar en verano, cuando casi todo el mundo está de fiesta», admiten los dueños de un popular restaurante de Bakio.

Esta situación ha llevado a bastantes negocios, sobre todo de carácter familiar, a volcarse en sus establecimientos y obligar a muchos de sus miembros a echar una mano y trabajar prácticamente «todo el día, desde primeras horas de la mañana hasta bien entrada la madrugada. Si no, es imposible sacar adelante nuestros restaurantes y bares. Se meten horas y lo que haga falta para no bajar la persiana y poder llegar al invierno», subrayan.

Muchos restaurantes tienen que echar mano de familiares «para no tener que bajar la persiana»

«Hay quien pretende que algunos camareros trabajen todos los días. No se puede explotar a nadie»

Esta problemática alcanza también a la hostelería de la costa oriental de Cantabria, especialmente en localidades como Castro Urdiales y Laredo, que multiplican su población en verano con la llegada de miles de visitantes vizcaínos. «Si reciben alguna prestación, olvídate: te lo advierten cuando les entrevistas. Te llegan a decir que con los 900 euros que cobran en ayudas van tirando. Así de claro. De entrada, nadie quiere pasarse el verano sirviendo refrescos o entre fogones, pese a que nosotros les garantizamos sueldos mínimos de 1.200 euros mensuales», asegura el responsable de uno de los locales castreños más importantes.

«Echar el resto estos meses»

El complejo escenario al que se enfrenta el gremio esta campaña se produce en un momento curioso. Tras dejar atrás los peores años de la crisis y cuando parecían contar con el viento a favor, han encontrado un enemigo inesperado: la falta de mano de obra. Pese a que la mayor parte de estos establecimientos abren todo el año, casi todos concentran el fuerte de las ventas de junio a septiembre. «Es cuando tenemos que echar el resto para compensar el bajón de los meses más pobres», esgrimen.

Los sueldos instaurados en el sector, cuenta el responsable de otro emblemático restaurante de Bakio que prefiere guardar el anonimato, tampoco parecen incentivar a «muchas personas que se encuentran en paro». Pese a haber colocado anuncios por todo el pueblo y localidades limítrofes y contactado con el Inem y las tres escuelas de hostelería vizcaínas, su empeño ha resultado en vano. «De los centros de formación no he recibido ni una sola llamada. Luego entrevisté a 35 personas, pero en cuanto les hablaba de hacerles un contrato no me dejaban ni terminar la palabra. Un chico me comentó que solo aceptaría si le pagaba en dinero negro para no perder la ayuda que recibe, y eso no puede ser. Aquí nadie trabaja sin contrato», relata.

Otro hostelero de Castro asegura que algunos jóvenes a quienes pretendió ocupar como camarero le amenazaron con hacerle la vida «imposible si les obligaba a firmar el contrato. 'Yo vengo a trabajar, pero te va a costar dinero. Me vas asegurar y vas a terminar echándome porque voy a coger la baja'», argumenta.

Frente a esta situación, responsables de la Asociación de Hostelería de Bizkaia reconocen la existencia de «dificultades» por parte de los empresarios para encontrar personal de forma temporal. «La situación es muy delicada por la propia dinámica del gremio» , admiten.

Las claves

1.200 euros
mensuales. Es el salario que cobran, por término medio, los empleados que entran a trabajar de ayudantes de camareros y cocina.
8 horas
diarias y 40 semanales es el tope laboral recogido en el convenio de hostelería vizcaína.

Un convenio que cumplir

No obstante, advierten que hay empresarios que intentan «aprovecharse» de la situación y «no respetar los convenios. No somos perfectos, pero hay hosteleros que pretenden que algunos camareros trabajen todos los días de la semana. Y eso no puede ser. No se puede explotar a nadie. Tienen un convenio que cumplir y el de Bizkaia, al menos, deja muy claro que no se puede ir más allá de las ocho horas diarias y las cuarenta semanales, además de disponer de dos días libres», detallan.

Sin embargo, los afectados alegan que una de las causas que precisamente lleva a muchos aspirantes a rechazar las propuestas de trabajo es la «singularidad» de la actividad y la «imposibilidad» de establecer «horarios a la carta». «Un restaurante debe tener horario partido o contar con doble personal a media jornada. Hay muchos locales que solo se dedican a dar comidas, pero otros no trabajamos así y los horarios se alargan. ¿Qué hago entonces? ¿Contrato por la mañana a unos empleados y a otros tantos por la noche? ¿Quién mantiene eso? No sería rentable económicamente y al final tendría que bajar la persiana. La hostelería no es fácil, es bastante complicada. O estas a la hora que vienen los clientes o cierras el local», esgrime otro empresario cántabro.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos