Bajar impuestos reduce la recaudación. Subirlos, también

La recaudación no sólo no remonta sino que refleja evidentes signos de debilidad./
La recaudación no sólo no remonta sino que refleja evidentes signos de debilidad.

La Administración central y las diputaciones han seguido estrategias contrarias pero con el mismo resultado negativo

MANU ALVAREZ

En los dos últimos años el Gobierno central y Euskadi, las diputaciones en este caso, han hecho cosas diametralmente opuestas en materia fiscal. El Ejecutivo del PP decidió afrontar una rebaja de la imposición directa en varios tramos, que tuvo su colofón a mediados de 2015 y que ha extendido sus tentáculos hasta el pasado 1 de enero, momento que entró en vigor el recorte en el Impuesto de Sociedades. Mientras tanto, las haciendas forales vascas se inclinaron desde principios de 2014 por un aumento de la presión fiscal, que se ha traducido principalmente en un aumento generalizado en el IRPF. ¿Resultado? Similar en ambos casos. La recaudación no sólo no remonta sino que refleja evidentes signos de debilidad, que ponen en peligro el cumplimiento de los presupuestos y también de los compromisos de control del déficit. La conclusión evidente es que no hay fórmulas mágicas.

Es como si dos empresas con el mismo problema -una caída de ingresos que amenaza su subsistencia- adoptasen estrategias diferenciadas. Una puede decidir que lo mejor es bajar el precio de sus productos, para intentar así llegar a un mayor número de clientes y aumentar su facturación global, mientras que otra decide subirlos, para ingresar más por cada unidad vendida. Y es como si ninguna de las dos acertasen en la estrategia adecuada y el resultado se tornase negativo en ambos casos. Claro que en el caso de los impuestos hay un pequeño matiz diferencial. Se aplican sí o sí y no depende de la libre voluntad del consumidor.

En los cuatro primeros meses del año, los ingresos impositivos del Estado han caído el 3,6% y los del País Vasco el 0,3%. Bien es verdad que las bases de comparación son distintas, ya que el Ejecutivo central absorbe en este periodo un descenso en el IRPF -que tiene una traducción inmediata en las retenciones de las rentas del trabajo- y también el recorte en el tipo de gravamen del Impuesto de Sociedades, que condiciona los pagos a cuenta de las grandes empresas. El Estado ha rebajado su tipo general desde el 30% que estaba vigente en 2014 hasta el 25% en la actualidad, mientras que en Euskadi se mantiene en el 28%.

Así las cosas, conviene traer a colación una frase, más bien una argumentación, a medio cambio entre la fiscalidad y la ciencia veterinaria, del exdiputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao. Presionado en su momento por el PSE para aprobar una subida de impuestos, Bilbao advirtió que «el problema es que la vaca está enferma y por mucho que la ordeñemos no dará más leche, lo que hay que hacer es curarla». Su propio partido, el PNV, le dejaría tirado poco más tarde con la explotación ganadera en las manos para pactar una subida de impuestos como reclamaban los socialistas. Un aumento de la presión fiscal a la que también se sumó el PP vasco, cuya brújula unos días está orientada al norte y otros al sur.

Y algo de eso está sucediendo ahora. A saber. Los ingresos del Estado por rendimientos de capital han descendido el 7,2% y en el caso del País Vasco la rebaja es del 21,6%. La vaca no da leche porque los rendimientos financieros han caído a plomo como consecuencia del descenso de los tipos de interés. La estadística de recaudación del Estado, más desagregada que la vasca, permite por ejemplo comprobar que el recorte de los ingresos por retenciones en la venta de participaciones de fondos de inversión ha descendido nada menos que el 35,9% en los cuatro primeros meses del año. Aquello de «vivir de las rentas», ya no es vivir. El Ministerio de Hacienda da por bien empleado el descenso de recaudación porque, aseguran, haber bajado ahora los impuestos permitirá generar más actividad a medio plazo, también más empleo y todo ello permitirá la remontada de las arcas públicas. Tanto que el PP anuncia incluso reducciones adicionales de impuestos ante la hipótesis de mantenerse en el poder durante la próxima legislatura. Está por ver si se cumple la previsión y el cuento de la lechera tributaria. El caso vasco es más peliagudo si cabe, porque el margen para subir impuestos en Euskadi no existe o es mínimo -la munición está agotada por esa vía, salvo que la Administración vasca opte por situarse quedarse «fuera de mercado»- y la caja no tiene síntomas de alegría.

Curiosamente, los mejores resultados para la recaudación del Estado han venido de la mano del IVA -un aumento del 3,2% en el primer cuatrimestre- por el tirón del consumo, si bien en Euskadi el resultado es negativo y presenta un descenso del 6,8%. En el caso vasco la razón es la gran dependencia de los ingresos de Hacienda del negocio energético y en especial del movimiento de petróleo y de sus derivados. A precios bajos de los combustibles le corresponde también una baja recaudación fiscal. Y no hay que perder de vista que los tipos de IVA no han sufrido modificaciones en los dos últimos años. Qué razón tenía Bilbao cuando priorizaba la salud de la vaca frente a la presión de la máquina de ordeñar.

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