La Diputación drena una montaña en Larrabetzu para evitar más derrumbes

Tras nueve meses de obras, la carretera recuperará la normalidad la próxima semana./Fernando Gómez
Tras nueve meses de obras, la carretera recuperará la normalidad la próxima semana. / Fernando Gómez

Los daños que las lluvias han provocado este año obligan a invertir 3,5 millones extra en la reparación de carreteras

Izaskun Errazti
IZASKUN ERRAZTI

En la madrugada del 13 de febrero pasado el desprendimiento de una ladera en el entorno de Labarretzu se tragó parte de una carretera foral, la BI-3102, en las cercanías del alto de Astoreka. Una masa de árboles y lodo arrasó con todo a su paso y reventó un tramo de 100 metros de calzada, que quedó cubierto por un manto de tierra de unos cinco metros de espesor. La culpa fue de la lluvia que empezó a caer a principios de enero y no cesó durante semanas, lo que tuvo un efecto fatal para una ladera «esponja», como la definió ayer el diputado de Desarrollo Económico y Territorial, Imanol Pradales, en una visita a la zona. La institución foral, que en junio reabrió la vía al tráfico, trabaja desde entonces en el asentamiento del monte con un sistema especial de drenaje ideado para evitar nuevos deslizamientos.

El método, que la Diputación ya empleó en marzo del pasado año en el eje del Cadagua (BI-636), consiste en perforar en el talud cuatro drenes californianos. Se trata de tubos habitualmente perforados y cubiertos con mallas cuya función es disminuir la presión hidrostática y aumentar la estabilidad del terreno. En Larrabetzu las máquinas perforadoras se adentran unos 32 metros, nada comparado con los 72 que se alcanzaron en el corredor de Las Encartaciones, lo que supuso todo un récord. La carretera, que permanece con un carril cortado por las obras, recuperará la normalidad la próxima semana.

El corrimiento de tierras

100 metros de calzada
quedaron destrozados en febrero como consecuencia del derrumbe de unos 70.000 metros cúbicos de terreno. La carretera se reabrió al tráfico en junio.
Problemas en la red
Las intensas lluvias del pasado invierno no sólo afectaron a la BI-3102. La BI-2101, entre Meñaka y Bakio; la 3152, de Armintza a Bakio; la 3498, entre Lekeitio y Ondarroa; y la 3950, en Etxebarria, también sufrieron destrozos.

Por fortuna, incidentes como el de la BI-3102 siguen siendo una excepción en Bizkaia. No obstante, la meteorología adversa del último invierno ha hecho un roto en las cuentas forales como consecuencia de los daños registrados en un montón de carreteras. De hecho, la inversión en labores de conservación extraordinaria de la red, que suma 1.300 kilómetros, se ha visto duplicada hasta superar los 3,5 millones de euros. En ejercicios anteriores no había superado el millón y medio.

Más problemas en la costa

Según explicó Imanol Pradales, la afección por las aguas torrenciales es mayor «en las zonas más cercanas a la costa». No obstante, los técnicos de la Diputación analizan en la actualidad en qué otros puntos del territorio es preciso actuar y efectuar 'pinchazos' en terrenos cargados de agua para evitar problemas como el registrado en Larrabetzu. «Hay que tomar medidas en previsión de que el tiempo tampoco nos acompañe este invierno», advirtió el responsable foral.

El departamento de Desarrollo Económico y Territorial también intensificará el próximo año los trabajos en el pavimento con el fin de recuperar unos 14 kilómetros de calzada. «Sólo levantar la persiana en materia de carreteras nos costará 47 millones de euros en 2019 -apuntó el diputado-. Pero no se trata sólo de construir nuevas infraestructuras, sino de mantener las que tenemos en perfecto estado», concluyó.

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