El defensor de los secundarios

Aitor Mazo, a la izquierda, junto con Patxo Tellería./
Aitor Mazo, a la izquierda, junto con Patxo Tellería.

Aitor Mazo sentía que su naturaleza casaba mejor con el teatro que con la pantalla y lamentaba el furibundo ensalzamiento de los protagonistas principales

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A Aitor Mazo le molestaba que los protagonistas principales se llevaran todo el brillo de los focos. Quizás por ese desmedido ensalzamiento hacia el actor más notable, tan propio del cine y la televisión, el actor bilbaíno, fallecido este jueves a los 53 años, sentía que su naturaleza casaba mejor con el teatro que con la pantalla. Tras el telón se encontraban sus orígenes como intérprete, pero las películas y, sobre todo, las series de televisión, le permitieron construir una exitosa carrera y hacerlo más visible.

Aunque a él le hacía especial ilusión que quienes le reconocieran lo hicieran por el teatro, Mazo encontró su nicho en las largas tramas desveladas por episodios. Las series se convirtieron en una especie de modo de vida para él y le otorgaron cierto reconocimiento en el cine español, con especial relevancia en los últimos años. Sus papeles recientes en 'El Chiringuito de Pepe' y la demandada 'El Ministerio del tiempo' daban fe de las dotes de artista del actor, director y guionista bilbaíno. Además de esas dos producciones, Mazo trabajó también en la secuela 'Amar es para siempre' y encarnó al padre Inaxio en la taquillera comedia 'Ocho apellidos vascos'.

Pero para llegar a esos recientes papeles, que lo han colocado en la primera línea del cine español entre los actores de reparto, Mazo se labró una reputación en anteriores series, como 'Cuéntame cómo pasó', 'El Comisario', 'Médico de familia', 'Policías' y 'Compañeros', entre otros, con la interpretación de antagonistas y caracteres esporádicos.

El artista bilbaíno nunca aparcó su compromiso con el euskera. Compaginaba numerosos papeles con el bilingüismo como bandera. Hace apenas unas semanas, de hecho, encarnó a Anton Abbadia en el festival de cultura vasca Loraldia. El artista defendía que se convertía casi en otro actor cuando cambiaba de idioma, por la diferencia del euskera en su entonación e, incluso, en la dinámica.

Mazo encontraba la belleza en los personajes secundarios, en darles matices y buceando en sus personalidades. Trataba de transmitir más con menos protagonismo. Uno de sus interpretaciones preferidas era la que realizó en la película 'Cachito', donde encarnó a "un subnormal vestido del Betis", tal y como él mismo recordaba. Lamentaba, eso sí, que el cine fuera tan "clasista", que los actores de reparto pasaran tan inadvertidos.

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