«Me ha cambiado la vida»

Esperanza, en el centro, se reencontró con el pueblo de su infancia, Grisaleña./
Esperanza, en el centro, se reencontró con el pueblo de su infancia, Grisaleña.

Esperanza regresó a su pueblo natal, donde vio a su mejor amiga después de siete décadas

SERGIO LLAMAS

Grisaleña es una localidad de Burgos con apenas cuarenta habitantes, pero es también el pueblo en el que vive el corazón de Esperanza. En sus caminos y casas habitan los recuerdos de esta usuaria de la residencia de la Fundación Miranda, que cuenta ahora con 89 años. En mayo de 2018 el proyecto 'Último deseo' la acercó hasta este rincón de La Bureba que la mujer abandonó a los 18, y donde permanecen enterradas su madre y su hermana.

«Fue un día maravilloso. No sé cómo agradecerlo, me ha cambiado la vida», expresa aún con emoción. Le informaron de la visita un día antes. El psicólogo de la residencia, Iván Llorente, le dio un taco de fotografías antiguas en el que aparecían inmuebles como el de la 'Fonda de Angulo', en la vecina localidad de Briviesca, donde ella trabajó como doncella. «Trabajábamos mucho, pero éramos muy felices», asegura la mujer, cuya memoria perfecta recuerda al instante nombres, fechas y acontecimientos. La última foto que le dieron tenía un mensaje: «Nos vamos a Grisaleña», señalaba.

El coche en el que viajaban entró en Grisaleña dando bocinazos. Allí le esperaban autoridades como el alcalde y rostros conocidos como el de Pilar, su más íntima amiga de la juventud, y a la que no veía desde hacía siete décadas. El objetivo de la salida era darle ánimos para ayudarla a superar el dolor físico con el que convive. «Grisaleña ha sido lo mejor de mi vida», asegura la mujer que allí vivió momentos duros, como una inundación o la pérdida de familiares, y también recuerdos imborrables, como cuando siendo niña, una burra la tiró al arroyo. «En el viaje pasamos por el camino y recordaba el sitio donde me caí». A su regreso se trajo un cuadro con el escudo del pueblo y un diploma en el que el Ayuntamiento la reconoce como hija predilecta.

Memorias de un gudari

Especialmente llamativo ha sido el caso de Jandro, activista político y gudari de 98 años, que el mes pasado viajó a Madrid para visitar el Congreso de los Diputados. Allí pudo contarle su historia al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y a la presidenta del Congreso, Ana Pastor. «Camaradas, me creí que era un sueño pero es una realidad. Sois formidables», agradeció el hombre en un mensaje de voz, que asegura incluir ese día en el último capítulo de sus memorias. La biblioteca del Senado se ha comprometido a guardar el libro para conservar su legado.