«Ayer volví a ver por la calle al bandido que me robó en el portal»

Anderson observa la cámara de vídeovigilancia instalada en su portal. /Roberto Arnaiz
Anderson observa la cámara de vídeovigilancia instalada en su portal. / Roberto Arnaiz

Un vecino de San Francisco denuncia un nuevo asalto cuando subía por la escalera hacia su casa. El ladrón le arrancó de la mano una bolsa con dinero y dos teléfonos

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

Anderson es un colombiano de 37 años que sólo lleva un mes y medio viviendo en un piso alquilado en la calle San Francisco de Bilbao. Es un recién llegado, pero ya ha sufrido un robo cuando entraba en el portal de su casa, una modalidad que se repite últimamente en esta zona de la ciudad. El pasado 14 de agosto, un individuo se coló en un portal de la misma calle y asaltó a dos mujeres de 80 y 95 años, conocidas como las 'abuelas coraje' de San Francisco por hacerle frente.

Al nuevo residente le ocurrió algo similar el domingo 9 de septiembre, aunque en su caso no llegaron a golpearle ni resultó herido: le sustrajeron dos teléfonos móviles y un sobre con una gran cantidad de dinero de un tirón. Eran aproximadamente las siete de la tarde. «Yo iba a abrir la puerta del portal y él venía por detrás de la calle Hernani. Cuando yo estaba metiendo la llave, debió de poner el pie para que la puerta no se cerrara. No me di cuenta», relata Anderson.

Como en el caso de las ancianas, el robo quedó grabado en la cámara de vídeovigilancia que cada vez las comunidades de vecinos instalan con más frecuencia con una finalidad preventiva. En las imágenes se aprecia cómo Anderson sube por las escaleras, con una bolsa en una mano y una cerveza en la otra, cuando por la espalda se le acerca un individuo que le arrebata con violencia el bolso. Dentro llevaba «algo de comida, dos teléfonos móviles y un sobre con 2.000 euros que me había dado mi madre para comprar un coche», asegura.

«Están robando a las malas»

Sorprendido, Anderson se dio la vuelta, salió tras el ladrón y «grité». «Un secreta que estaba en la calle me oyó y arrancó detrás de él». Él también les siguió y terminaron los tres corriendo calle abajo. El policía iba pidiendo refuerzos por la emisora, de forma que varias patrullas estaban esperando al ladrón en el entorno de la ría. «Apenas se vio encerrado, como había seis policías, lanzó los móviles a la ría para que no le pillaran con nada encima», lamenta. «Cuando fueron a coger al bandido, el paquete con el dinero había desaparecido, dónde, cómo lo hizo, no sé... pero qué agilidad».

Anderson identificó al ladrón y estuvo hablando con el policía, que le aseguró que el delincuente se había parado durante la huida, momento que aprovecharía para deshacerse del botín. «Igual lo tiró en una alcantarilla para volver después a recogerlo como hacen otros o se lo pasó a un cómplice», barrunta. Tal como le indicaron los agentes, acudió a interponer una denuncia por los hechos, pese a no tener ninguna esperanza de recuperar nada de lo robado. «Ayer (por el pasado domingo) volví a ver al bandido por la calle. Cuando me vio, me reconoció, estaba como asustado, miraba para atrás». No tiene miedo, pero sí reconoce que ahora anda con «más precaución» y se ha decidido a contar su caso en el periódico «para que quienes lo lean, estén más pendientes, para tratar de evitar que les ocurra lo mismo a los demás».

«Éste es un país sano, pero se está dañando. (Los ladrones) ya no respetan nada, están robando a las malas, poniendo zancadillas, les tiran al piso, les saquean. He oído ya varios casos de que les empujan, les golpean y se llevan las cosas», lamenta Anderson.

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