Soterra+Miento

El juego de separar soterramiento en dos invita a la chanza y a la desconfianza

Recreación del aspecto que lucirá la nueva estación de tren de Vitoria./
Recreación del aspecto que lucirá la nueva estación de tren de Vitoria.
Juan Carlos Alonso
JUAN CARLOS ALONSO

Las 'serpientes de verano' consisten en informaciones de baja intensidad noticiosa que alcanzan notoriedad en la época estival, aupándose a un lugar principal en las ediciones de los diarios, a todas luces inmerecido.

En ausencia de noticias de cierta enjundia, en el mes de agosto cualquier sucedido es bueno para llenar un espacio con una información que -a falta de pan buenas son tortas- no alcanzaría para un breve en cualquier otro mes del año. Aunque en ocasiones sucedan fenómenos inexplicables y encontremos serpientes que reptan con tal rapidez que mutan en culebrones informativos interestacionales.

En Vitoria, el tema recurrente fue el de la Estación Provisional de Autobuses que acreditó la idea de que por estos pagos nada dura más que lo provisional. Hasta el punto de que si pudiéramos nombrar un alcalde de forma provisional, éste sobreviviría 'per saecula saeculorum'.

Tras la puesta en marcha de la rutilante Estación Intermodal de Autobuses, que irónicamente ha sembrado de apeaderos toda la ciudad, la nueva serpiente informativa que se ha ganado el hueco dejado por la E.I.A. es el proyecto de soterramiento de las vías a su paso por la capital, junto a la llegada de la Alta Velocidad ferroviaria al País Vasco.

Así, como un Guadiana informativo, nos despertamos periódicamente con una zarzuela de declaraciones en torno al proyecto, a los plazos, al incumplimiento de los compromisos, en que los políticos ocupan un lugar central del escenario expresando sus quejas y ayes lastimeros ante nuevos datos que anticipan retrasos recurrentes.

Intuyo que todos los responsables técnicos y políticos -grandes, pequeños y mediopensionistas- que orbitan alrededor de la obra pública ferroviaria, ya sea en la administración municipal, en la autonómica o en la central, apostarían sin dudar todo su patrimonio en Kirolbet a que la alta velocidad no está operativa en Euskadi en 2023.

No hay técnico ni político que albergue dudas al respecto en cualquier conversación informal. Pero en política, cuando las patatas se calientan, la verdad no suele ser la moneda de curso legal más corriente. Y, como en el cuento del rey desnudo, todos niegan en la corte ante los micrófonos lo que mascullan en voz baja. Algo que, por otra parte, resulta manifiestamente obvio para el pueblo llano.

Hace tiempo leí que algunos desconfiados aseguran que a los chorizos les cuelga una chapa de metal, como si durante el proceso de elaboración hubiesen olvidado quitarle la medalla del collar canino al animal que va embutido dentro. Igualmente, con los anuncios de plazos surge idéntica desconfianza cuando, en torno al soterramiento del ferrocarril a su paso por Vitoria, vemos las fotos del desfile de responsables e irresponsables, anunciando la inminencia de la puesta en marcha del proyecto.

-Esta vez sí. A la sexta va la vencida.

En ocasiones como ésta, parece que el idioma, las palabras, los términos y la semántica anticiparan escenarios inéditos, y previeran que una misma realidad se adecúa a los diferentes términos que la definen. Si echamos un vistazo, vemos que la primera acepción de soterrar en el diccionario de la RAE es la de enterrar, o poner debajo de la tierra. En cambio, la segunda resulta más sugerente y nos viene que ni pintada: «esconder o guardar algo de modo que no aparezca».

No me digan que el diccionario no es juguetón. Primero define y luego da alas al término, pareciendo que se intuye la desaparición del cadáver. Así, mientras en un enterramiento lo que se depositan en el hoyo son los restos mortales del finado, sea éste persona, animal o cosa, en un soterramiento se entierra el ferrocarril, aunque también pueda «esconderse algo de modo que no aparezca» en el mismísimo hoyo.

Perspectiva

Qué comentar del hecho de que descomponiendo el término de marras en dos elementos, 'soterra' + 'miento', el juego nos vuelve a proporcionar una curiosa perspectiva lingüística que invita tanto a la chanza como a la desconfianza. Porque, bien mirado, la velocidad es como un chicle que se estira y se encoge. Para un campesino del siglo XIX, un miserable tranvía sería poco menos que una visión futurista. Como el propio TAV avanza a paso de tortuga si se observa desde un F17 en vuelo subsónico.

Visto lo visto, la alta velocidad no ha dejado de ser más que «alta fidelidad», música celestial que se eleva a través del aire pero que no acaba de materializarse sobre las vías del ferrocarril. Todos los ministros que se han asomado a la estación de ferrocarril vitoriana han anunciado la luz al final del túnel, cuando en realidad era la locomotora de un tren que venía en sentido contrario.

Pese a todo, las vías del ferrocarril seguirán empedradas de buenas intenciones con la esperanza de que el enterramiento del soterramiento deje de aterrarnos y seamos capaces de desterrar la desconfianza de una vez por todas. No vaya a ser que mis ojos no contemplen el soterramiento de Vitoria y que cuando vea una luz al final del túnel escuche a la vez una voz que me diga:

-Hacia la luz. Ve hacia la luz.

Y en vez de pasar el rubicón del soterramiento esté pasando a mejor vida.