Sus gusanos no serán mariposas

Si tomas muestras homogéneas de mil habitantes en cualquier rincón del planeta y las comparas siempre hallarás idénticos porcentajes de humanidad

El atentado de Fernando Buesa y Jorge Díez./EL CORREO
El atentado de Fernando Buesa y Jorge Díez. / EL CORREO
Juan Carlos Alonso
JUAN CARLOS ALONSO

En un arranque de sinceridad, me decía un viejo profesor de mi universidad que si algo había aprendido a lo largo de su dilatada andadura vital y profesional era que todo en la vida es, al fin y al cabo, una mera cuestión de estadística.

-Entiéndelo, Juan Carlos, y comprenderás mucho mejor el mundo y al ser humano, me explicaba. Si tomas muestras homogéneas de mil habitantes en cualquier rincón del planeta y las comparas siempre hallarás idénticos porcentajes de humanidad, de grandeza, de altruismo y de miseria también. Encontrarás el mismo número de gente buena, aseguraba, pero también la misma cantidad de hijos de puta por mil habitantes, allá donde tomes la muestra, sea en Ulan Bator o en Tarazona. El bien y el mal son una constante que no varía si la muestra es adecuada. Aunque puedo asegurarte que los buenos somos infinitamente más. No tengas ninguna duda.

Recordé esta lección cuando leí que se había convocado un homenaje al asesino de Fernando Buesa y Jorge Díez, entre otros, aprovechando el runrún de las fiestas del barrio vitoriano de Judimendi y de las hogueras de San Juan que allí se instrumentan. Alguno de nuestros particulares porcentajes de los que hablaba el catedrático de estadística ha elegido un año más el 'monte de los judíos' para travestirse entre la multitud que allí se da cita buscando diversión y entretenimiento. Así, en medio del bullicio, se encuentran más a resguardo de la Policía que se cuida de intervenir para no provocar un tumulto y causar más daños de los que pretenden evitarse. Y allí, junto a las hogueras, se citaron nuevamente para bailar sobre las tumbas de las víctimas del terrorismo, organizando una kalejira en homenaje a los verdugos que los asesinaron.

En esta ocasión, ls paredes de la ciudad amanecieron los días previos a la quedada empapeladas de panfletos y pancartas, llamando a honrar al etarra Diego Ugarte, entre otro ramillete de terroristas. En la revista de la asociación de vecinos se glosa su impecable hoja de servicios, salpimentada a bombazos y a tiro limpio, por la que fue afortunadamente condenado a más de cien años de cárcel por ser uno de los autores confesos de las muertes de Fernando y Jorge.

El destino suele mostrarse irónico a la hora de servir de nexo entre personajes y lugares. Así, en el cerro de los judíos, se citaron quienes no hace tanto organizaban pogromos y sembraban devastación y noches de cristales rotos a lo largo y ancho de la geografía vasca, tan alegres y combativos ellos. Precisamente allí, donde se conmemora la presencia judía en Vitoria, el colectivo que mayor persecución ha sufrido a lo largo de la historia.

El alcalde, justo es reconocerlo, ha reaccionado a tiempo y con solvencia, trasladando el asunto a la Fiscalía y reclamando la devolución de la subvención a la asociación de vecinos del barrio por su responsabilidad en la infamia. Aunque no debiera acostumbrarse el Ayuntamiento a desandar el camino de las subvenciones en casos como el que nos ocupa, en el que la contumacia ha sido recurrente, año tras año, mezclando fiestas con 'biribilketas' y 'pasacalles' de la izquierda abertzale más montaraz y belicosa.

La 'Comisión de Fiestas' de la asociación de vecinos afirmó haber retirado de su programa la infausta kalejira en homenaje a las tres joyas, cuando esta cuestión nunca debió de incluirse entre las actividades festivas. No cabe duda que los autores han logrado su propósito, su minuto de gloria y su desafío para hacernos ver que existen, que están ahí, como un quiste.

El daño está hecho. Vuelven a tirar la piedra y esconder la mano, riéndose nuevamente de la institución municipal, como si fingiendo un rostro compungido eximiera de la responsabilidad del mal causado. «Se nos pide generosidad y por el otro lado no la encontramos», ha declarado Marta Buesa mostrando el hartazgo de esperar humanidad donde no hay sino almas y moral encallecidas.

Recuerdo que los periodistas de Charlie Hebdo, no sin grandes dosis de ironía tras el atentado que sufrieron, señalaron que aplaudían a quienes les ofenden, porque las consecuencias de sus ofensas ayudan a distinguir una civilización de otra. Yo, particularmente, no reclamaría aplausos sino firmeza democrática y rebeldía cívica una vez más ante este desafuero. A estas hordas cada día más escuálidas, que celebran a sus presos despreciando a aquellos a quienes asesinaron y a sus familias, que desconocen el valor de la piedad, y que representan nuestro porcentaje estadístico de miseria, no nos queda más que recordarles con el poeta que «sus gusanos no serán nunca mariposas». Que serán polvo; mas polvo emponzoñado.

-Pura estadística, profesor.