Hallan el cadáver «momificado» de un hombre que llevaba 13 meses muerto en el Casco Viejo de Vitoria

Panorámica de la calle Santo Domingo de Vitoria. /Blanca Castillo
Panorámica de la calle Santo Domingo de Vitoria. / Blanca Castillo

En todo ese tiempo nadie echó de menos a Eduardo, aunque los vecinos sí denunciaron durante meses el hedor que salía del piso

David González
DAVID GONZÁLEZ

Durante trece meses nadie echó de menos a Eduardo. Conocido como 'Letona' en su calle, la depauperada Santo Domingo, operarios del servicio municipal de Salud Pública y policías locales accedieron a su domicilio el pasado lunes. Hallaron su cuerpo sin vida. «Parecía momificado», indican fuentes consultadas. Como mínimo llevaba muerto desde finales de junio de 2017, cuando vecinos del inmueble denunciaron «malos olores» por primera vez.

Según ha sabido este periódico, tanto la primera inspección ocular, a cargo de la Ertzaintza, como la autopsia «descartan la hipótesis de una muerte violenta». El anuncio del hallazgo, a cargo de la plataforma vecinal Santo Domingo Bizirik -que lucha por devolver la dignidad a esta zona del Casco Histórico de Vitoria-, corrió este jueves como la pólvora en el vecindario. «¿Cómo ha podido pasar tanto tiempo hasta descubrirse el cuerpo?», requirió un residente de esta calle. «¿Nadie le ha echado de menos en todo este tiempo?», abundó otro.

'Letona', de 55 años, vivía solo. No se le conocían allegados. Carecía además de relación alguna con su familia directa. «Llevaba años enemistado con sus dos hermanos varones y últimamente también se había alejado de su hermana. La verdad es que tenía un carácter complicado», comparten en la calle Santo Domingo. De hecho, indican los vecinos sondeados, hacía tiempo que ya apenas hacía vida en la calle.

«Desde que perdió su empleo, sólo le veíamos cuando bajaba a comprar alimentos. Se había recluido en la casa». Se trata de una humilde vivienda que perteneció a su familia. De hecho, hace ya un tiempo su padre también murió en esa misma casa. Sólo que, a diferencia de su caso, el fallecimiento fue notificado a las pocas horas. No como ahora, más de un año después. La soledad más absoluta.

Santo Domingo Bizirik, creada hace unos meses para intentar revitalizar la que posiblemente sea el área más desamparada del municipio, destapó este jueves el macabro hallazgo. Cargó contra el Ayuntamiento por lo que consideran «inacción» de los recursos municipales para atender este tipo de casos. Desde el Consistorio puntualizaron que «desde julio del año pasado» trataron de resolver sus exigencias. Hubo «tres inspecciones» de la zona, pero como nadie respondía al llamar a la puerta, la investigación no pasó de ahí. A esto se unió que ningún familiar denunció su desaparición. Sólo quedaba, alegan, apelar a la lentísima burocracia de la administración. Garantista hasta el extremo, esta vía demoró la expedición de un permiso judicial para entrar a la vivienda «hasta el pasado miércoles 11 de julio». Cinco días después se descubrió la cruda realidad.

Abordar a las patrullas

Entre medias, residentes de la calle solían reclamar la atención de los coches patrulla cuando cruzaban por esta vía. «Les hemos dicho mil veces que por el hedor que salía tenía que haber un muerto ahí dentro», compartieron este jueves, aún enojados.

Hartos, alguien colocó un alfiler en la junta de la puerta de entrada de la casa de 'Letona'. Durante meses permaneció en su sitio. Evidencia de que nadie entró ni salió.

El lunes, con la orden judicial en mano, los funcionarios descubrieron una vivienda «llena de objetos y de basura, como suele corresponder a alguien con síndrome de Diógenes». El cadáver fue trasladado al Instituto Anatómico Forense, en las entrañas del Palacio de Justicia. Al cierre de esta edición, el cuerpo permanecía en una cámara especial. A la espera de que alguien lo reclame.

La Policía halla cuerpos sin vida «todas las semanas»

Los trece meses transcurridos como mínimo desde la muerte de 'Letona' hasta su hallazgo provocaron este jueves una ola de estupor en las comisarías de la Policía Local y de la Ertzaintza. Más aún cuando agentes de ambos cuerpos acceden «cada semana» a domicilios privados para certificar muertes naturales o, en el mejor de los casos, ayudar a personas mayores que han sufrido algún percance. «Se trata de una labor cotidiana», enfatizan todos los policías sondeados.

Estos agentes explican a EL CORREO que son habituales las llamadas al 092 o al 112 en las que «alguien echa en falta a un familiar, cree que ha muerto y nos llama sin tener que recurrir a un juzgado, lo que demoraría el acceso durante meses», como ha sucedido en este caso. Reconocen que «pudo faltar información en la vecindad» o que «estas comunicaciones suelen hacerlas los familiares».

 

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