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Muchas copas con Hemingway

empezando en sanfermines

Muchas copas con Hemingway

De Pamplona a La Habana, Madrid o Venecia, seguimos los pasos del famoso escritor a través de sus bares y sus bebidas favoritas

04.07.13 - 20:46 -
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Muchas copas con Hemingway
Estatua de Hemingway en el Café Iruña de Pamplona.

Solo le falta la copa de coñac para ser real. Apoyado en la barra con las piernas cruzadas y la cabeza girada hacia la puerta, la estatua del Café Iruña ve el tiempo desfilar como lo hacía Ernest Hemingway hace ya medio siglo. Cuando visitaba sus queridos sanfermines, el autor de ‘Fiesta’ dedicaba varias horas al día a contemplar la Plaza del Castillo desde las sillas blancas de mimbre de la terraza del Iruña, rodeado de amigos, copa de coñac en mano. Ahora, el ‘rincón de Hemingway’ del café rinde homenaje a su cliente más afamado con 240 kilos de bronce.

Pero el Iruña no es el único bar que celebra la afición del escritor a la bebida. Hemingway dejó huella en mesas y barras de París, Madrid, La Habana, Florida o Venecia. En la ciudad de las góndolas, los carteles de ‘aquí estuvo Hemingway’ son tan comunes que, para diferenciarse, hay establecimientos que aseguran no haber recibido nunca al Nóbel. Existen las ‘rutas de Hemingway’, mesas con su nombre, y cócteles en su honor. Es posible seguir los pasos de Hemingway a través de sus viajes, los bares que visitó y las bebidas que pedía en cada una de las barras que frecuentaba.

Pamplona en julio

Ernest Miller Hemingway llegó a Pamplona con su primera esposa, Hadley Richardson, la noche del 6 de julio de 1923 en el tren procedente de Irún. Tres meses después, la revista canadiense Toronto Star publicaba un artículo titulado ‘Pamplona en julio’ en el que el periodista de Illinois narraba su primer contacto con la Plaza de Toros de la capital navarra. En el texto, un joven “de blusa azul, faja roja, alpargatas blancas y la inevitable bota de vino colgada al hombro” tropezaba antes de que el toro le diera una sacudida, lanzándolo a un lado: “El muchacho fue a chocar contra los maderos y quedó allí tendido, pasando la torada junto a él. La multitud chilló”, seguía el artículo.

El año que Hemingway se estrenó en la fiesta navarra, igual que ha ocurrido en 2013, la ciudad sufrió temblores, lluvias e inundaciones. José María Iribarren narra cómo en 1923 “hubieron de suspenderse las corridas de los días 10 y 11, porque llovió espantosamente”. “Aquella madrugada se sintió en toda Navarra una sacudida sísmica, y el temporal de aguas hizo que nuestros ríos se desbordasen”, escribió el experto tudelano. Aún y todo, Hemingway volvió otras siete veces a Pamplona, conviertiéndose en el mejor divulgador de los sanfermines por el mundo.

El Hotel La Perla, el bar Txoko y el Hotel Yoldi, que aún existen, así como otros sitios ya desaparecidos como el Hotel Quintana, el Café Suizo y Casa Marceliano disfrutaron de su presencia y sufrieron sus juergas. La Perla, donde Hemingway se alojaba siempre en la habitación 217, mantiene su estancia intacta. Y, desde el año pasado, un busto del escritor decora el vestíbulo del hotel.

El viejo y el daiquiri

Lejos de los sanfermines, a 7.500 kilómetros de la Plaza del Castillo, en el bar La Floridita de La Habana, otro Hemingway espera a que le sirvan un mojito. Y, por su aspecto, no parece que sea el primero. Visiblemente más encorvado que en Pamplona, se ve que han pasado los años por el escritor al que recuerda esta escultura.

Hemingway estuvo en Cuba durante casi 20 años. Allí escribió ‘El viejo y el mar’ mientras se dedicaba a pescar y a frecuentar dos bares de la Habana: La Floridita y La Bodeguita del Medio. En el primero se aficionó a los mojitos, en el segundo puso de moda los daiquiris dobles sin azúcar. Ambos locales ofrecen hoy los cócteles al estilo del estadounidense, mezclados como él los pedía.

Hemingway también frecuentaba el restaurante La Terraza, en el poblado de pescadores de Cojímar, donde desde una mesa podía mirar a "El Pilar", el barco en el que salía a pescar. "A través de la terraza abierta miro el mar, de un azul profundo y con crestas blancas, entrecruzado por las barcas pesqueras que curricaneaban en busca de dorados", escribió el periodista de Illinois. Hoy, se puede pedir el Daiquiri Hemingway.

Mojito en la tarde

Dicen que, durante la Guerra Civil, Hemingway importó el conocimiento adquirido durante su primera visita en Cuba y enseñó a los camareros madrileños a hacer Mojitos. En concreto a los del Chicote, el famoso bar de la Gran Vía que aún se puede visitar. Como corresponsal de la North American Newspaper Alliance, Hemingway pasó sus días de guerra en los bares de los hoteles de Madrid, ciudad que años después describiría en en ‘Muerte en la tarde’ como “la más española de todas, la más agradable para vivir”.

París era una fiesta

51 martinis secos para celebrar la liberación de París de los nazis. O eso es lo que cuentan. Lo que sí confiesa el propio Hemingway en ‘The moveable feast’ es que frecuentaba el Harry’s New York Bar, el bar cercano a la Ópera de Paris, donde se creó el Bloody Mary. Otro de sus barras parisinas era Le Trou dans la Mur, ubicada frente al Café de la Paix. Su hotel favorito era el Ritz, donde recibía a sus amigos en Le Petit Bar del hotel, que hoy se llama Bar Hemingway.

Bellinis en Venecia

Hemingway llegó a tener su propia mesa en el Harry’s Bar del Hotel Cipriani. El que era entonces dueño del bar, Giuseppe Cipriani, dijo del escritor estadounidense que fue el único cliente con el que llegó a sentarse en la mesa para emborracharse. El autor estadounidense dedicó una página de su novela ‘A través del río y entre los árboles’ al bar donde se sentaba con sus amigos a beber el célebre cóctel de la casa, el Bellini.

Whisky barato y soda

En Florida, Hemingway acostumbraba a escribir sobre su viejo escritorio de madera hasta las 15:30 de la tarde. A esa hora, se reunía con su grupo de amigos en el bar Sloppy Joe’s. Sus compañeros de tragos y jornadas de pesca y hasta el mismo bar fueron inmortalizados en sus novelas ‘Tener y No Tener’, ‘Las Verdes Colinas de África’ y ‘Después de la Tormenta’.

Hoy en día, hay dos bares disputándose el honor de ser el Sloppy Joe’s de Hemingway: uno que lleva ese mismo nombre y funciona además como museo tributo al escritor y otro llamado Captain Tony´s Saloon que, según dicen, es el verdadero Sloppy Joe’s. Igual que en Venecia, en Kay West, lo raro es ver un bar que no anuncie la visita que recibió del escritor.

En Sloppy Joe’s, Hemingway pedía siempre whisky con soda, prefiriendo un escocés barato llamado Teacher’s. Pero, a veces, Skinner, el barman, le mezclaba Papa Dobles, un cóctel creado para el novelista, y apodado por sus amigos como ‘Papa Hemingway’.

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