Ana Guerrero y Jorge Van Herckenrode: la superfruta

Ana y Jorge recogen arándanos en su plantación./
Ana y Jorge recogen arándanos en su plantación.
GAIZKA OLEA

«Somos como buhoneros, de esos que salen en las películas del Oeste alabando las virtudes de su elixir». Los productores de arándanos bromean cuando hablan de esta fruta cuyo aspecto recuerda al más popular endrino y que la investigación científica y nutricional ha elevado a los altares. La superfruta, la llaman por sus beneficios anti: antioxidante, antibiótico, antiinflamatorio, antibacteriano... La leyenda atribuye al consumo de estas pequeñas bolitas la vista de águila de los indios americanos; tiene pocas calorías, muchas vitaminas, combate el colesterol, resulta estupendo para paliar los casos de cistitis, refuerza la memoria... una bomba. Pero vamos con retraso: mientras que los países sajones la adoran (consumen entre 500 gramos y un kilo anuales), aquí es una perfecta desconocida, comemos unos pocos gramos.

Pues bien: eso debería empezar a cambiar con iniciativas como las de Jorge Van Herckenrode y Ana Guerrero, de la empresa Bioberry, que este año han visto cómo el trabajo duro de cuatro años (preparación, papeleo, cultivo, más papeleo, abono, cuidados, cosecha) empieza a rendir frutos en su finca de Martiartu (Erandio), un lugar con vistas privilegiadas al mar, al Ganekogorta y, en días despejados, hasta el Gorbea, en el que dan más ganas de sacar una tumbona y hacer una barbacoa.

Van Herckenrode admite haber sido un enamorado de la huerta desde que era un niño. «Toda la vida he soñado con una explotación agraria», admite, y tras estudiar el mercado comprobaron que el arándano era la clave de un posible negocio porque se produce en pequeñas cantidades y hay mucha demanda. Visitaron cultivos, ferias y consulados, hicieron cursos, se introdujeron en el proceloso mundo de la administración (licencias, permisos, ayudas, planes de negocio) y adquirieron una parcela que a primera vista desanimaría al más intrépido, un bosque de zarzas y argomas más apropiado para incendios que para cultivos.

Patentes y royalties

Se desplazaron a Alemania para adquirir las plantas, criadas bajo condiciones tan estrictas que está prohibida su reproducción... al margen de que resulta tremendamente complicado. Cuestión de patentes y variedades genéticas. El arándano es un arbusto de aspecto delicado que ahora no sobrepasa el metro de altura, aunque con tiempo, paciencia y una poda certera llegará a los dos metros. En su momento de máxima rentabilidad, cada planta dará unos cuatro kilos de arándanos, con una vida potencial de unos 40 años.

Jorge y Ana han apostado por un cultivo ecológico basado en abonos derivados del estiércol y un sistema basado en caballones cubiertos de tela de saco, largas filas de tierra alzada unos 30 centímetros sobre el suelo. Ahora mismo trabajan sobre una superficie de unos 15.000 metros cuadrados controlada por una técnica de riego y abonado más propia de la NASA que de un agricultor tradicional: un ordenador controla las parcelas y establece los momentos para añadir agua y nutrientes. Para extender en lo posible el tiempo de la cosecha cultivan diferentes tipos de arándano, con el fin de atender al mercado desde junio hasta noviembre, cuando empiezan los meses fríos y los países consumidores lo importan de Sudamérica o Marruecos.

Taller de mermelada

El género se comercializa en la actualidad a través de mercados mayoristas, tiendas ecológicas, fruterías e incluso la venta directa para personas que son capaces de localizar la finca. No han conocido aún la visita de los amigos de la fruta ajena, que es siempre la más sabrosa, y que son especialistas en coger un puñado, maltratar dos y romper ramas. «Nos llevamos muy bien con los vecinos y de alguna manera ayudan a vigilarla. A veces cambiamos unos arándanos por algo de verdura», bromea Jorge, cuya huerta, allí mismo, produce unos tomates de campeonato.

También comercializan frutos con alguna anomalía y congelados para los aficionados a las confituras, y han empezado a hacer su propia línea de mermelada a niveles caseros, porque la cocina de una vivienda da para lo que da. Sin embargo, este mismo invierno dispondrán de unas instalaciones más adecuadas para esta actividad.