«Mataron a mi hermano y su mujer a 20 metros de donde dormían sus tres hijos»

El matrimonio Jiménez Becerril en una foto del album familiar con dos de sus tres hijos /EL CORREO
El matrimonio Jiménez Becerril en una foto del album familiar con dos de sus tres hijos / EL CORREO

La eurodiputada Teresa Jiménez Becerril recuerda el asesinato del dirigente del PP de Sevilla y de su cuñada a manos de ETA hace dos décadas

LOREA GIL

Alberto Jiménez Becerril, teniente de Alcalde del PP en Sevilla, y Ascensión García regresaban aquella noche de cenar con unos amigos. 30 de enero de 1998. Estaban a punto de llegar su domicilio cuando dos miembros de ETA abordaron al matrimonio por la espalda y efectuaron varios disparos. «Les mataron a veinte metros de donde dormían sus tres hijos», expresa la hermana del político, Teresa Jiménez Becerril. La banda terrorista dejó huérfanos a tres niños -dos chicas y un chico-, de cuatro, siete y ocho años. Ascensión llevaba en la mano tres claveles rojos con los que quería que los pequeños celebraran a la mañana siguiente en el colegio el Día Mundial de la Paz.

«Cuando nació mi hermano lo enseñaron por la clínica de lo guapo que era», dice Teresa. «Tenía mucho carácter, pero era muy brillante, simpático y conciliador», describe. Y como buen andaluz, contaba con «un gran sentido del humor». Fue directivo del Sevilla Club de Fútbol y era miembro de las cofradías de la Estrella, la Macarena y San Benito. Estudió en Jesuitas, donde, según recuerda su hermana -la pequeña de tres-, se labró la fama de «travieso». Años después, en el Rocío, se encontró con uno de los curas que le dio clase:

- Hombre Alberto, cuánto tiempo. ¿Sigues tan polémico?

- Sí, padre. Pero ahora me pagan.

Alberto Jiménez Becerril atesoraba una amplia experiencia política cuando ETA decidió acabar con su vida y la de su esposa. Él tenía 37 años y ella, 39. Se afilió al PP en 1983. Con veinticinco años llegó a ser secretario general del partido en Sevilla y un año más tarde, concejal en el mismo Ayuntamiento. «¿Quieres ser ministro?», le llegaron a preguntar un día. «¿Ministro? Yo presidente», respondió. Licenciado en Derecho y en Historia, conoció a Ascensión en la facultad. Acabaron la carrera juntos, pero solo ella ejerció en un despacho de abogados como procuradora de los tribunales. Alberto optó por la política. «Fue el que organizó la manifestación en Sevilla por Miguel Ángel Blanco, sin saber que a los seis meses irían a por él», comenta Teresa. Ella solía preguntarle a su hermano si «tenía miedo». No llevaba escolta. «En Madrid o Barcelona tenían más conciencia de lo que era la amenaza terrorista. Habían matado a guardias civiles y policías que eran andaluces, pero lo que era asesinar a un político en suelo sevillano...», reconoce.

Teresa Jiménez Becerril vivía en Italia con su marido, Giorgio, y su hija, de poco más de dos años, cuando la banda cometió el atentado. Cursó Periodismo en Madrid y diseño de moda en Milán. «Cuando sonó el teléfono no me lo creía. Cogí un avión a las siete de la mañana temblando y con mi hija encima», evoca. «Sólo me acuerdo de recibir abrazos... Cuando yo solo esperaba que alguien me dijera que no era verdad, que estaba en el hospital», revela. Tras el funeral, Giorgio volvió a Italia con la pequeña y Teresa se quedó dos meses en Sevilla. Fue su madre - y la de Alberto-, viuda por entonces, quien se hizo cargo de los tres hijos del matrimonio asesinado por ETA. «Fueron días de colegio y cola-caos», relata. Lo más importante era «protegerles».

Alertar al vecindario

Días después del atentado, el etarra Iñaki De Juana Chaos escribía una carta desde prisión mostrando su alegría por el doble asesinato: «En la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas y terminaremos a carcajada limpia. Me encanta ver las caras desencajadas que tienen. Con esta 'ekintza' ya he comido yo para todo el mes». En 2007 De Juana intentó forzar su excarcelación con una huelga de hambre.

La Audiencia Nacional condenó en junio de 1999 a José Luis Martín Barrios y Mikel Azurmendi como autores del atentado. Ambos declararon que tras cometer el asesinato se trasladaron al piso franco y celebraron su acción «con una cena especial y sidra», en compañía de la también integrante del 'comando Andalucía' María Teresa Pedrosa. Cada terrorista llevaba aquella noche una pistola. Acordaron que Azurmendi dispararía contra el edil y el otro contra su mujer para evitar que los gritos de ésta alertaran al vecindario. En noviembre de 2013 el alto tribunal impuso 56 años a José Javier Arizkuren Ruiz 'Kantauri' por ordenar la ejecución.

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