«Después de matar a mi marido seguían llamando a casa para meterme miedo»

Juani Pérez muestra en su casa de Irún un fotografía con su marido, José Luis Caso/F. DE LA HERA
Juani Pérez muestra en su casa de Irún un fotografía con su marido, José Luis Caso / F. DE LA HERA

Juani Pérez, viuda de José Luis Caso, recuerda al concejal del PP de Rentería cuando se cumplen veinte años de su asesinato a manos de ETA

LORENA GIL

José Luis Caso tenía la costumbre de hacer una pequeña parada en el bar de delante de casa antes de retirarse. Concejal del PP en Rentería -aunque residía en Irún-, aquel 11 de diciembre de 1997 había estado en la sede del partido y a la vuelta decidió entrar en el ‘Trantxe’ unos minutos, mientras Juani Pérez, su mujer, terminaba de hacer la cena. José Luis conversaba con dos conocidos cuando un etarra entró en el establecimiento y le disparó en la cabeza sin mediar palabra. Segundos después, el terrorista amenazó a quienes presenciaron el asesinato: «Si intentáis seguirme os hago lo mismo». Salió del local con tranquilidad para encontrarse en las inmediaciones con otros dos miembros de la banda.

- ¿Cómo se enteró de la terrible noticia?

- Me tocó el timbre el dueño del bar. Me dijo que bajara, que había pasado algo. Ya sabía yo lo que había pasado...

José Luis Caso tenía 64 años. Cántabro de nacimiento, fue fundador de Alianza Popular en el País Vasco en 1982, estaba jubilado y había desarrollado su vida laboral en los Astilleros de Luzuriaga de Pasajes de San Juan. Llegó a Euskadi siendo un chaval y se quedó por amor, que dicen. Le tocó hacer la mili en Irún y allí conoció a Juani. Corría 1955. «Yo acababa de salir del taller de costura y él bajaba por la calle vestido de soldado con otros compañeros. Era el más ‘chaparro’ (bajo), pero a mí me gustó», sonríe Juani. A los cinco años se casaron y tuvieron dos hijos.

- ¿Qué le llevó a ir en la lista del PP por Rentería?

- Era un cabezota, cuando se le metía una cosa entre ceja y ceja... Había intentado ser concejal en Irún y yo me opuse. Pero después ya empezó con el tema de Rentería. Nadie quería ir en la lista y desde luego, no pensaban que tendrían representación. Y mira, sacaron dos. Me enfadé muchísimo, incluso lloré, pero no hubo manera. Decía que no podía echarse atrás.

Las amenazas no tardaron en llegar. Tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, Rentería amaneció repleto de carteles en los que ETA le señalaba como su próximo objetivo. «Eso te da idea de la calaña que eran», apunta su viuda. José Luis vivía «tranquilo». Rechazó llevar escolta. «No era de estar contando esas cosas, quizás para no preocuparme», asume Juani. La pareja tenía unos amigos que regentaban un establecimiento en Rentería. «Cuando empezaron a amenazarle les comentó que no se volvería a pasar por allí porque no quería ponerles en peligro», relata. Su marido nunca se lo dijo. «Me lo contaron ellos». Incluso después de que ETA le matara, «me seguían llamando por teléfono para meterme miedo. Hablaban en euskera y yo, salvo cuatro palabras, no entendía lo que decían -es natural de Córdoba-; eso sí, me asustaba. Recuerdo que mis hijos me decían: ‘Más daño del que te han hecho no te van a hacer’. Pero, ¡cómo que no! Yo pensaba en ellos», revela. «Eso es lo que muchos jóvenes no saben que ha pasado aquí».

La senda de la ‘ponencia Oldartzen’

Con el asesinato de José Luis Caso, ETA seguía el camino marcado en la ‘ponencia Oldartzen’, elaborada en 1994, y que propugnaba «socializar el sufrimiento». La primera víctima de esta estrategia fue Gregorio Ordóñez. El portavoz del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián fue asesinado el 23 de enero de 1995. Fue el inicio de una dinámica de terror.

Pasó año y medio para que la banda volviese a matar a un concejal. ETA ejecutó a Miguel Ángel Blanco en julio de 1997. La espiral de violencia se desató a partir del 11 de diciembre de ese mismo año: la banda asesinó en Rentería a Caso. Desde entonces y hasta junio de 1998 asesinó a José Ignacio Iruretagoyena, Alberto Jiménez Becerril -también su esposa-, Tomás Caballero y Manuel Zamarreño. Todos del PP y UPN. La tregua de Lizarra detuvo los asesinatos. Una vez rota, volvieron. El siguiente edil en la macabra lista de ETA fue Jesús María Pedrosa.

En junio de 2006 la Audiencia Nacional absolvió del asesinato de concejal del PP por falta de pruebas a Francisco Javier García Gaztelu y a su compañera Irantzu Gallastegi. Sus huellas dactilares habían aparecido en el piso en el que la Policía encontró el revólver con el que el político fue asesinado. No obstante, aunque el alto tribunal consideró probado que pertenecían al ‘comando Donosti’ de ETA en el momento del atentado contra Caso, no logró determinar «cuáles de sus miembros ejecutaron la acción».

«¿Seré yo la siguiente?»

Un día después del atentado, Concepción Gironza, la otra edil popular de Rentería, se sentó en el pleno municipal junto a una fotografía de la víctima: «¿Seré yo la siguiente?», preguntó al portavoz de HB. Allí se encontraba también Manuel Francisco Zamarreño, calderero en paro y amigo de José Luis Caso, que acabaría por sucederle en el cargo. ETA lo asesinó el 25 de mayo de 1998.

- ¿Qué le pareció que Zamarreño diera un paso al frente?

- Había ayudado a José Luis en la campaña, eran amigos. Tuvo la gallardía de venir a mi casa a decirme que se iba a presentar para que no me cogiera por sorpresa. Le pedí que no lo hiciera, que tenía hijos... Fue un valiente, un héroe.

El pasado mes de junio, el Ayuntamiento de Rentería homenajeó a tres asesinados por ETA, convirtiéndose en la primera Corporación de Euskadi gobernada por EH Bildu que recordaba en un acto exclusivo a las víctimas del terrorismo provocadas por la banda. El alcalde, Julen Mendoza, pidió «perdón» en nombre del Consistorio y en el suyo propio. «Haremos todo lo que esté en nuestra mano para que no se vuelva a repetir», declaró. Juani Pérez, viuda de José Luis Caso, y Naiara, hija de Manuel Zamarreño, asistieron al acto. «Me pareció buena idea ir. De hecho, le comenté al alcalde que ese es el camino que debían seguir todos», explica en alusión a la izquierda abertzale. «Pero luego me dijeron de todo...».

- ¿A qué se refiere?

- Hubo quienes me llegaron a afear que el mero hecho de haber ido al homenaje significaba que yo perdonaba, cuando esa palabra ni siquiera salió de mi boca. Además de que me dejaron viuda, ¿me tengo que meter en un agujero?

- El perdón es algo muy personal. Usted, ¿estaría dispuesta a darlo?

- Veinte años después, siguen preguntándomelo. ¿Cómo voy a perdonar si no me han pedido perdón? Para mí, es como si hubiese ocurrido ayer. He vivido, sí; pero no la vida que me correspondía.

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