El soberanismo moviliza a decenas de miles de vascos en favor del derecho a decidir

La cadena humana a su paso por Bilbao./Ignacio Pérez
La cadena humana a su paso por Bilbao. / Ignacio Pérez

El PNV da aire a la cadena humana de Gure Esku Dago al enviar a destacados cargos y EH Bildu subraya la similitud con Cataluña

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Decenas de miles de vascos se echaron ayer a la calle en defensa del derecho a decidir en una gran cadena humana que, a lo largo de 202 kilómetros, unió San Sebastián con Vitoria, pasando por Bilbao, en un ambiente lúdico y colorista, y desembocó frente al Parlamento vasco, donde los partidos debaten ahora, precisamente, las bases de la reforma del Estatuto de Gernika. En un momento en el que las encuestas indican que la pulsión independentista está bajo mínimos en Euskadi y que las preocupaciones ciudadanas van por otros derroteros, la plataforma soberanista Gure Esku Dago (GED), con el apoyo directo del PNV y la izquierda abertzale y la participación testimonial de Podemos con su parlamentaria Pili Zabala, logró una movilización importante, pero sin llegar a las riadas de simpatizantes que la ANC y Òmnium, que respaldaron ayer la cadena, conseguían sacar a la calle al inicio del 'procés' en Cataluña, mucho más poblada que Euskadi por otra parte.

Los organizadores, pese a que los asistentes se concentraron sobre todo en los grandes núcleos urbanos y dejaron bastante más despoblados otros puntos del recorrido, dieron la cifra de 175.000 personas por el derecho a decidir. Los participantes, que debían inscribirse en la página web de la plataforma y pagar un donativo de 5 euros -a cambio recibían un pañuelo con el que enlazarse a la cadena humana- superaron así, según los datos de GED, a los 150.000 que participaron en una iniciativa similar entre Durango y Pamplona organizada en junio de 2014, cuando el soberanismo catalán acababa de plantear su órdago al Estado y aún se esperaba con expectación el resultado del referéndum de independencia escocés, que, al optar por la permanencia en el Reino Unido, desinfló considerablemente las expectativas soberanistas. En una rueda de prensa a mediados de semana, GED habló de 84.000 inscritos en la cadena, aunque poco después anunció que ya había superado los 100.000, el objetivo marcado, para el que solicitó en privado la colaboración de las fuerzas nacionalistas y la implicación de sus bases. Ayer, la plataforma elevó esa cifra 25.000 personas por encima de las que aseguraron haber movilizado hace cuatro años.

Sea como sea, la puesta en escena de la gran cadena, que contó con puntos kilométricos dedicados especialmente a la solidaridad con Cataluña y con los condenados por la agresión a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua, recordó vivamente a la de entonces. Igual que en 2014, mereció una cobertura informativa especial en los informativos de EiTB y, del mismo modo, los organizadores hablaron de una jornada «histórica» que marca un antes y un después en la reivindicación ciudadana del derecho a decidir y abre «un nuevo ciclo» en Euskadi. En los cuatro años transcurridos desde entonces, apenas si se ha podido avanzar en los trabajos de la ponencia de Autogobierno, que acaban de entrar en su fase decisiva, y el desafío catalán ha desembocado, tras la aplicación del artículo 155, en el encarcelamiento de parte de sus dirigentes y el regreso al posibilismo de las direcciones de ERC y el PDeCAT.

«Personas felices»

En ese clima, y con Pedro Sánchez recién llegado a La Moncloa y ofreciendo diálogo territorial, la jornada resultó más festiva y simbólica que otra cosa. Los portavoces de Gure Esku Dago, Jone Amonarriz y Angel Oiarbide, tomaron la palabra frente al Parlamento, donde su presidenta, Bakartxo Tejeria, representó más a su partido, el PNV, que a la institución al situarse en esos kilómetros finales del recorrido para simbolizar, según dijo, a un pueblo «activo» que quiere decidir «libre y democráticamente» su futuro. Gure Esku Dago se felicitó por la nueva etapa que, a su juicio, se abre tras la movilización, que demuestra, dijeron, que son «cada vez más» quienes defienden el derecho a decidir y que Euskadi no está dispuesta «a dar pasos atrás en sus objetivos» y seguirá «trabajando» hasta que sus habitantes logren ser «personas felices en un pueblo libre».

Los portavoces no hablaron en ningún momento de independencia, ni siquiera de consulta o referéndum -a pesar de que organizan periódicamente plebiscitos simbólicos en distintos municipios vascos-, pero sí confiaron en que la masa crítica a favor del derecho a decidir permita «dar el salto» a un «pacto de país» que permita ejercerlo. Incluso, pusieron fecha a esos «avances significativos» en 2019.

Está por ver, sin embargo, si en apenas un año pueden darse esos nuevos pasos que reclama Gure Esku Dago. El PNV, que por ahora está pactando capítulos del nuevo Estatuto con EH Bildu, reconoce que el debate está en una «fase táctica» y que el texto articulado definitivo debe contar con un consenso mucho más amplio y transversal. Sus socios socialistas en Euskadi -y ahora en Madrid- rechazan tajantemente introducir el derecho a decidir en el borrador de Estatuto. No obstante, apenas unos días después de hacer presidente al líder del PSOE, el PNV se volcó ayer en la cadena para mantener bien guarnecido su flanco más soberanista y perseverar en su empeño de ensanchar al máximo su base electoral. Eso sí, significativamente, Andoni Ortuzar y su círculo cercano eludieron hacer declaraciones, con el argumento de que el protagonismo recaía ayer «en la ciudadanía», y Sabin Etxea tampoco envió ninguna nota informativa. Al presidente del partido, burukides del EBB y los líderes de las organizaciones territoriales se unieron los tres alcaldes de las capitales. También los diputados generales, según confirmó el partido antes de la cadena, aunque ayer evitaron los puntos con cámaras y fotógrafos. Sí se pronunció el PNV guipuzcoano, por boca de su líder, Joseba Egibar -también Markel Olano dio testimonio en Twitter de su participación-, que se congratuló por el baño de «autoestima» que en su opinión supone la movilización. Los jeltzales evitaron hablar de hitos o pasos, fundamentalmente porque en sus planes no entra, ni mucho menos, un escenario a la catalana en el que los movimientos sociales tomen la delantera a los partidos. El lehendakari Urkullu no solo no acudió, sino que, tras participar en un acto con refugiados sirios en el santuario de Loiola, envió un recado evidente a su partido al destacar, hasta en dos ocasiones, que la iniciativa estaba dirigida «al conjunto de la sociedad vasca y no a las instituciones». Y añadió, sin demasiado entusiasmo: «Si se han cumplido las expectativas, lo aplaudo y les felicito por ello».

Quienes sí se compararon con Cataluña fueron los dirigentes de EH Bildu, con Arnaldo Otegi a la cabeza. Desde su Elgoibar natal, el líder de la coalición abertzale se mostró convencido de que ha quedado demostrado que existe, «además de Cataluña, otra nación cuya mayoría social defiende el derecho a decidir» y de que la cadena humana envía ese mensaje claro a la UE y «a los Estados español y francés».

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