El Correo

"No me posiciono frente a uno u otro. Simplemente quiero saber la verdad"

Goyarrola, en el colegio desde 1999, posa frente al chalé, el edificio principal del centro de Leioa.
Goyarrola, en el colegio desde 1999, posa frente al chalé, el edificio principal del centro de Leioa. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
  • El director del colegio Gaztelueta, Imanol Goyarrola, insiste en "dejar trabajar a la Justicia" para poder aclarar el caso de los presuntos abusos sexuales a un alumno en el curso 2008/09

Imanol Goyarrola, hoy director del colegio Gaztelueta, era en 2008, cuando sucedieron los supuestos abusos sexuales a un alumno, subdirector del centro. Él mismo fue el encargado de llevar a cabo una investigación interna para determinar la "veracidad de las acusaciones".

- ¿Y a qué conclusión llegó?

- Redacté mis conclusiones y se las entregué al fiscal. Es todo lo que puedo decirle.

- ¿Pero usted qué cree que pasó?

- Lo que pasó lo determinará la Justicia. Como comprenderá, me reservo mi opinión. Lo que en el colegio queremos es llegar al fondo de este asunto y saber la verdad. Sea cual sea. Personalmente, sufro mucho por la situación de la familia. Sufro mucho por la situación del alumno. Y sufro mucho por la situación del profesor, y creo que debemos poner todos los medios para llegar a la verdad.

- Pero en este caso hay una víctima principal.

- Hay distintas víctimas. Pero le insisto, tenemos que dejar trabajar a la Justicia y ver el resultado final de sus investigaciones.

- ¿Cuándo se enteró usted de que algo había sucedido en el colegio?

- El 7 de junio de 2011. Me llama la propia familia. Un año antes habían sacado a sus dos hijos del colegio. La explicación que nos dieron fue que querían reforzar su nivel de inglés y se lo llevaban a otro centro.

- ¿Sin más explicaciones?

- Nada más. Nos despedimos sin ningún problema. De hecho, cuando me llamaron ese día creía que me iban a pedir de nuevo plaza en el colegio.

- ¿Y qué le cuentan?

- Algo muy distinto a lo que ahora sale en los medios de comunicación. A lo largo del tiempo ha ido aumentando la gravedad de las acusaciones. Me dicen que su hijo había sufrido ‘bullying’ por parte de varios alumnos del colegio y que detrás de eso había un profesor implicado, que les instigaba. Y además me describieron unas conductas de acoso por parte del profesor hacia su hijo.

- Una acusación muy grave.

- Me quedé muy impactado y di total veracidad a lo que me contaban. Aunque me extrañaba porque nunca había tenido ninguna queja hacia ese profesor. Hablé con él y me lo negó todo.

- ¿Y los compañeros de clase?

- También lo negaron. Y hay que tener en cuenta que el niño ya no se encontraba en el colegio. Y luego el caso saltó a los medios de comunicación porque la familia lo quiso así. Lo que no sé es por qué lo hicieron y no lo denunciaron de forma directa para preservar los derechos del menor y la posibilidad de que el profesor se pudiera defender.

- ¿Tenían más quejas contra esa persona?

- No, nunca. De nadie.

- ¿Jamás?

- Jamás

- ¿Y el resto de profesores no sabía nada? En los colegios siempre hay rumores...

- Nada. Esta persona era un profesional exigente y dedicado a alumnos con dificultades. Les ayudaba mucho.

- ¿Era el caso de este adolescente?

- No puedo hablar de eso. Era un menor.

- Dígame, ¿qué hacía un profesor reunido a solas en su despacho con un alumno durante una hora varias veces por semana?

- Esa información, con testimonios de otros profesores y alumnos, la tiene la Fiscalía. Además, yo no estaba en aquel despacho.

- ¿Pero es normal que ocurra eso en su colegio?

- Es habitual, sí. Procuramos que sea quincenal. Lo hacen todos los preceptores del colegio.

- Pero...

- Tenga en cuenta una cosa: tanto nuestra investigación como la de la Inspección de Educación acabó en la Fiscalía de Menores. Toda, toda la información. Y el caso del ‘bullying’ fue sobreseído y el caso del profesor no se elevó.

- Ya, pero es cierto que los compañeros se reían del niño porque el profesor le sacaba siempre a él de clase.

- A mí nunca me llegó eso. Y esas cosas, en un colegio, se notan.

- Algo no casa. Los alumnos le insultaban y se burlaban de él, ¿pero no pasaba nada?

- Yo no tengo nada que ocultar. Pregunté a alumnos y maestros. Este profesor hablaba con el alumno, efectivamente, y le ayudaba como a muchos otros. Pero de ahí a lo que la familia dice... Que le dedicaba más tiempo. Quizás sí, pero no tanto como dicen.

- ¿Me está diciendo que cree posible que el alumno se haya inventado todo?

- Tengo mi opinión, pero era un menor y no puedo contestarle a eso.

- Lo que está claro es que algo hicieron mal porque la familia se sintió desatendida y ninguneada.

- Al principio tuvimos mucha relación telefónica y les informaba de cómo iban la investigación. Me ofrecí personalmente a ayudarles pero me dijeron que no. Y yo conocía muy bien al niño porque anteriormente había sido su preceptor.

- Me dice que antes que el acusado, ¿fue usted su preceptor?

- Sí, los dos años anteriores. Por eso le digo que conozco mucho a la familia y les tengo muchísimo aprecio. Y por eso me causa mucho dolor esta situación.

- Pero ustedes obraron mal en...

- No sé qué hemos hecho mal. No cambiaría nada de nuestra actuación. Tengo la conciencia muy tranquila.

- ¿Ocultaron algo?

- ¿Para qué? Yo no puedo tolerar que haya un profesor de este centro educativo que haga esas cosas. Encubrir eso sería un delito. Yo tengo mil alumnos y 800 familias que dependen de mí y esto es una gran responsabilidad. En la Inspección de Educación nos dijeron que nuestra actuación fue perfecta.

Tolerancia cero, como el Papa

- ¿Cómo espera que acabe el caso?

- Que salga la verdad, sea la que sea. No me posiciono frente a uno u otro. Simplemente quiero la verdad.

- ¿Y la reputación del colegio?

- Espero que el centro salga muy fortalecido. Que se refleje todo nuestro trabajo diario y nuestros esfuerzos por aclarar lo sucedido. De momento, no hago más que recibir mails de apoyo de las familias.

- ¿Y si al final se confirman las acusaciones del joven?

- Acataremos la sentencia. Sin duda.

- ¿Qué pensó cuando leyó la carta enviada por el Papa a la familia?

- Me impactó. Refleja una inmensa humanidad ante el sufrimiento de las personas. Y estoy de acuerdo con él: tolerancia cero en estos temas. Por eso tenemos que poner todos los medios para saber toda la verdad.

- Algo grave debió de leer el Papa para ordenar una investigación.

- Es que cuando yo he leído las acusaciones que se hacen también me han impactado muchísimo porque son actuaciones totalmente deplorables que, de ser ciertas, exigen una condena rotunda.

- Un enviado de Roma ya visitó el colegio y les tomó declaración.

- No puedo hablar mucho sobre eso. Sólo le diré que Gaztelueta está abierto a todas las instancias que quieran conseguir la verdad del caso. Bienvenido sea el interés del Papa por encontrar la verdad de lo sucedido.

- ¿Y cómo va esa investigación?

- No lo sé. No hemos mantenido más contacto.

"Si la Justicia determina que no pasó nada, volvería a contratarle"

Escasas semanas después de que la familia denunciara en el colegio los presuntos abusos sexuales, el profesor acusado dejó el centro y viajó al extranjero.

- Da la sensación de que quisieron quitárselo rápido de en medio.

- No, eso no es así. Él ya tenía previsto desde hacía tiempo irse un año al extranjero a mejorar su inglés.

- Pues vaya coincidencia. Y además elige Australia.

- Hay pruebas irrefutables que demuestran que el viaje estaba previsto con anterioridad. Y antes que él, seis de nuestros profesores ya habían ido a aquel país.

- ¿Y cuando volvió?

- Se encontró con toda esta situación y pidió marcharse. Se fue a otra ciudad, a otro colegio.

- ¿Siguió dando clase?

- Sí, pero cuando las acusaciones crecieron lo dejó.

- ¿Qué años tenía?

- ¿Por aquel entonces? Unos 35.

- ¿Sigue en el Opus Dei?

- Sí.

- ¿Ha actuado bien el Opus Dei en este caso?

- Pregúnteselo al Opus Dei.

- Si finalmente la Justicia determina que no pasó nada, ¿volvería a contratar al profesor?

- Sí. Si es inocente, por qué no.

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