Es la opción lógica. «¿Por qué recurrir a una leche de fórmula cuando la tienes gratis y de mejor calidad?». Gema Alcalde tenía claro desde el principio que daría el pecho a hija Gadea y, transcurridos 19 meses y a punto de ser madre por segunda vez, está convencida de que esa fue la mejor decisión que pudo tomar, pese a los problemas iniciales por la aparición de grietas. «Merece la pena sufrir un poco, porque luego es mucho el tiempo que puedes disfrutar dándoles lo mejor, una vacuna maravillosa y mucho cariño», explicó.
Un mensaje el suyo que poco a poco va calando y que en Miranda ya comparten alrededor del 90% de las mujeres que dan a luz. Y eso pese a que la sociedad, o al menos es la percepción de Alcalde, «está todavía muy cerrada a la lactancia materna. Parece que lo lógico es dar el biberón cuando no es así».
De hecho, en los primeros meses de vida de un bebé no parece haber dudas. La gran mayoría se decanta por dar de mamar. Pero según va pasando el tiempo muchas van abandonando esta forma de alimentación. «La gente suele estar muy motivada para empezar con la lactancia materna. El problema está en mantenerla. El porcentaje mayor de destete se realiza sobre los 3 meses», recordó Esther Esteban, una de las responsables de la asociación Amamanto.
Normalmente, no tiene nada que ver con el trabajo, ni con otras circunstancias; si no más bien «con una percepción subjetiva de falta de leche de la madre. Y sobre todo, con una falta de apoyo hacia esa mujer», explicó. «Hay muchos tabúes y muchos mitos sobre cómo funciona la lactancia».
De ahí, que apenas el 40% mantenga ese modelo de alimentación infantil más allá de los seis meses. Mucho menor es aún el porcentaje de las que lo ejercita con niños que ya caminan. Una de ellas es María Jesús Jiménez. Valeria, su hija, tiene 16 meses y aún toma el pecho.
Y lo hace porque entiende que «todos son beneficios, tanto para la cría como para mí. Es un regalazo. El vínculo que se crea es especial». Ella tenía claro que iba a ser la mejor opción desde las clases de preparación al parto y, en esa idea, ha estado acompañada por su pareja, «algo fundamental».
Quizá por todo ello no se ha marcado una fecha para dejarlo. «Seguiré mientras la niña quiera y yo pueda. Es un acto de amor y no un sacrificio», valoró. Y es que, no obstante, la Organización Mundial de la Salud, recomienda dar el pecho como mínimo hasta que los bebés cumplan los dos años de vida. Pero no siempre es fácil llegar hasta esa edad. Jiménez reconoce que aún «la gente no está acostumbrada, pero hay que seguir luchando para que se vea como algo normal».
Más visibilidad pública
Por eso, durante estos días, Amamanto ha tratado de dar una mayor visibilidad pública a un acto tan natural como el de que las madres den el pecho a los bebes y a los que ya son algo más mayores. Y lo han hecho coincidiendo con la celebración de la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Y es que el destete humano, según los expertos, está entre los 2 y los 7 años. Pero a la gente le llama la atención ver a niños mamando y «muchas veces se califica como un vicio», señaló Esteban. Algo que para ella es un error. Hay que entender que la «leche materna es un alimento y algo más. Es tan válido como cualquier otra cosa, aunque tenga un matiz moral».
Pero ese no es su único campo de trabajo de Amamanto. En los tres años que lleva en marcha el colectivo, además de animar, apoyar y resolver las dudas de todas aquellas mujeres interesadas en dar de mamar, también han profundizado en todo lo relacionado con la crianza, la alimentación o la educación.
Jiménez tiene claro que una de las labores que tienen que hacer las integrantes de la asociación es «contar nuestra experiencia» a otras embarazadas que se vayan a ver en la misma situación y también a los responsables sanitarios. «Todo son ventajas. No hay nada malo en la lactancia materna y tampoco en el piel con piel, en tener a tu hijo desde el primer momento contigo».
Algo que valora muy especialmente Elena San Segundo. Ella también optó desde el principio por la lactancia materna, pese a que no le resultó fácil. Su hijo Izan fue sietemesino y no tenía fuerza suficiente para mamar, lo que le obligó a ella a recurrir al sacaleches. Lo hizo casi durante un año. «Es más duro, pero me ha gustado mucho, porque estás más cerca de tu hijo es lo mejor», insistió.
Algo que también pudo experimentar nada más dar a luz. Ella lo hizo en Burgos y considera que allí lo primordial es que «el bebé esté con sus padres nada más nacer. Aquí les está costando mucho más apostar por el piel con piel», concluyó.