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«En Bolivia la gente se las ingenia como sea»

Alex Ayala, Periodista en La Paz

«En Bolivia la gente se las ingenia como sea»

Este vitoriano aterrizó hace una década en el altiplano «con miedo, pero sin dudas» de iniciar una nueva vida

29.05.11 - 02:51 -
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«El vuelo se hace pesado hasta que vemos las primeras luces de nuestro destino, rodeados por Los Andes. Aterrizamos de noche, pero salimos del aeropuerto de día...». Estas palabras cobran fuerza diez años después de la mano de su autor, Alex Ayala, un vitoriano que cogió su maleta en 2001 para emprender una larga aventura al otro lado del 'charco'. Como buen periodista y conocedor de que la memoria juega malas pasadas, escribió los primeros meses de su llegada a La Paz una especie de diario para amarrar sus primeras impresiones. «Es una ciudad caótica. Suntuosos rascacielos conviven con pequeñas casas de techo de calamina», pensó el primer día y aún lo mantiene. Aterrizó un día de elecciones y todo estaba lleno de policías y militares. La imagen le alarmó. «Pensé que se había producido un golpe de Estado», reconoce.
Este vasco no tardó en adaptarse a la vida latinoamericana. Como si de una premonición se tratara, Ayala estudió en el colegio San Viator de Vitoria, ubicado en la calle Bolivia. Ya en la carrera de Periodismo, en la UPV, se presentó junto a dos compañeros de clase a un concurso de periodismo de investigación sobre temas de América Latina. Lo ganaron y el premio le permitió vivir su sueño. «Consistía en una beca para trabajar en el diario La Razón». Eso sí, en Bolivia. En junio se licenció y en septiembre de 2011 ya estaba en las alturas. Rodeado de Los Andes. Empezó de redactor del dominical y luego pasó a dirigirlo hasta finales de 2006.
Sólo era el principio de una sólida carrera profesional. Aprovechó todas las oportunidades que le brindaron y en 2007 entró a formar parte del semanario 'Pulso' de La Paz como editor. Pero el principal reto laboral lo afrontó hace un año al fundar y dirigir su primera revista 'Pie Izquierdo'. «Escribieron grandes periodistas. Sin embargo, la revista no funcionó porque se trataba de contar sólo historias de gente normal y corriente, y eso no atrae tanta publicidad». Tras esa apasionante vivencia, Ayala ha vuelto a las calles para hacer lo que más le gusta: crónicas y reportajes. Y es que este vasco colabora con un sinfín de revistas, diarios y dominicales de prestigio de diferentes países como en 'Perfil' (Argentina), 'Gatopardo' (México), 'XL Semanal' (España) o 'Le Journal' (Francia).
Su cabeza no para de generar ideas y ahora prepara un libro recopilatorio de sus mejores crónicas, que seguramente publique a final de año. Creatividad al poder. Y es que vivir casi a 4.000 metros de altura airea mucho la cabeza. Bromas aparte, la altitud fue el mayor inconveniente que este vasco encontró al principio. «No es fácil acostumbrarse. La primera vez que hice deporte me quemaban los pulmones como si los hubieran encendido con un mechero. Además, La Paz es una ciudad de subidas y bajadas y cada cuesta es interminable».
Hay un secreto para soportar la primera semana: andar lento, dormir solo y comer poco. Luego el cuerpo se acostumbra, produce más glóbulos rojos y pasa el efecto contrario: «Cuando viajas a tierras más bajas, te sientes como un toro». Ayala asimiló los cambios como un camaleón, aunque estaba curtido de otras vivencias. Antes de los 18 años, acampó en Los Alpes, navegó en un barco a vela por Holanda, y con 19 años metía doce horas al día en almacenes de Londres que servían a los 'duty free' de los aeropuertos. Todo un trotamundos.
Con el ataúd en la habitación
En su retina guarda un montón de anécdotas, las más recientes de su país 'adoptivo'. «Me he encontrado con gente y situaciones increíbles. Conocí a Antonio García Barón, un anarquista español de la columna de Durruti que sobrevivió a un campo de concentración nazi y que en Bolivia vivió durante años como ermitaño. He conocido al sastre de Evo Morales, que lo fue anteriormente de muchos gobiernos anteriores. También me relacioné con un tipo que vivía con un ataúd en su propio cuarto. Por una razón muy lógica: su casa estaba en un pueblo muy alejado y quería ahorrar a su familia la incomodidad de construirle uno». Tiene para escribir miles de relatos.
Para los bolivianos todos los extranjeros son 'gringos'. Sin embargo, no aciertan con la procedencia de Ayala. Al ser bastante rubio le consideran francés, alemán, holandés... Sea cuál sea su origen, este vasco ha tenido que aprender a descifrar sus formas de expresión. «Un pijo acá es un 'jailón'. Una chica es una 'mina. Un amigo es un 'cuate' y Epi y Blas son acá Beto y Alberto». Al margen de estos usos lingüísticos, Bolivia es un país muy rico culturalmente, con 36 etnias y una gran variedad de idiomas.
Mucha gente vive en el umbral de la pobreza, pero hay poca delincuencia en comparación con otros países de la región. «Aquí la gente se las ingenia como sea para vivir. Y muchos salen adelante haciendo gala de mucha creatividad». Los sueldos no son muy elevados, pero la vida tampoco es cara. Se puede almorzar por menos de un euro y un buen hotel cuesta menos de diez euros la noche.
Para este vasco La Paz es «una ciudad única», rodeada de impresionantes nevados de más de 6.000 metros. Ayala también siente añoranza de su familia, sobre todo, de su abuela de 90 años. Piensa que se quedará allí. «Tengo la nacionalidad boliviana y aquí tengo pareja, un bebé de cuatro meses -se llama Maitane-, y un hijastro adolescente. Les quiero con locura. ¿Qué más se puede pedir? A Vitoria no creo que vuelva más que de visita».
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Ayala se ha adaptado a la vida en Bolivia, donde tiene pareja y dos hijos. «Si vuelvo será de visita». :: E. C.

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