La Entidad Estatal de Suelo Sepes ha culminado, tras un año de trabajo, el viejo proyecto de unir las carreteras de Orón y Bardauri para posibilitar, en un futuro lejano, una peatonalización integral del Casco Viejo. El nuevo vial estaría proyectado con ánimo de ser puerta de entrada y salida al centro de la ciudad desde las zonas periféricas.
Algo más de dos kilómetros, dos rotondas y un aprovechamiento de la hoy conocida como carretera de las graveras, harán posible ese nuevo enlace que tardaría en ejecutarse un año, pero que no tiene aún un calendario prefijado. No hay plazo de inicio de obras. «El Sepes se comprometió a hacerlo y ya lo tenemos. Ahora hay que iniciar otros procesos. Lo importante es que está el proyecto y eso es una buena noticia para la ciudad».
Fernando Campo precisó que se trataría de una actuación complementaria con la que ha comprometido la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León en el entorno de la carretera de Fuentecaliente. Y sirve al objetivo perseguido desde hace más de siete años de «poder entrar y salir de Miranda sin tener que atravesar el corazón del Casco Viejo» a través de la calle Real Aquende. Pero ese objetivo aún tendrá un largo recorrido.
El nuevo trazado de comunicación sí se prevé -o al menos es el sentido en el que se incide desde Alcaldía- que sea una vía más rápida para los más de 2.000 vecinos que residen en el barrio de El Crucero y para los que puedan hacerlo una vez se desarrolle el sector Crucero Oeste, paralizado desde 2009.
Sólo en este área, con una superficie global de 22,5 hectáreas, se prevé la construcción de 900 viviendas de las que un mínimo del 80% (720) tendrían la condición de VPO. Se trataría de uno de los planes más ambiciosos de expansión urbanística de Miranda -hoy directamente tocado por la crisis económica- en el que se preveía realizar una inversión de 21 millones de euros.
Mejor trazado
El proyecto del vial, identificado técnicamente como SG-V7 Crucero Oeste-Miranda de Ebro, arrancaría con una glorieta en la carretera de Orón. A partir de este punto, se desplegaría un tramo nuevo, recto, de 500 metros lineales que se encontraría con la carretera de las canteras, hoy con un firme muy irregular y un trazado sinuoso, plagado de curvas. Un giro a la izquierda metería de lleno a los conductores en una sucesión de rectas y más curvas que se adaptarían a «un trazado, mejorado en la medida de lo posible, a través de la citada carretera». Después de 1140 metros, se separaría de ella hasta enganchar con la carretera de Tirgo. Lo haría con una última recta y un nuevo giro hacia la izquierda (otros 440 metros). Los vehículos saldrían en un punto más separado de Bardauri del marcado actualmente.
Las curvas tendrán un radio de, al menos, 150 metros con sus correspondientes transiciones. La limitación de velocidad establecida en esos puntos, que pudieran ser los más conflictivos, estaría en los 40 kilómetros por hora.
En total 2.060 metros con un sentido de despliegue oeste-este. La apuesta por las dos glorietas -se defiende en el documento-, viene motivada «en la necesidad de canalizar mejor el tráfico en la intersección aumentando su capacidad y seguridad». Las rotondas son completamente circulares (sobre el papel no tienen forma irregular ni extraños peraltes como otras conexiones conocidas en la ciudad). Tendrán un diámetro exterior de 49 metros y uno interior de algo más de treinta.
Se proyectan dos carriles con una anchura de 4,5 metros a los que se añadiría un arcén de medio metro más. Se aporta otro dato, la longitud de los ejes de las glorietas resulta de 125,664 metros. Se cumplirían de este modo, insiste en el informe, «las exigencias que plantea el Servicio de Conservación y Explotación de Carreteras de la propia Junta».
Expropiaciones
A lo largo del recorrido, se mantendrán la totalidad de los caminos que existen, y que interceptarían con el vial. Se trata de conexiones que dan servicio a parcelas, fincas de recreo y a las propias canteras del entorno. El presupuesto de ejecución de la obra asciende a 2,4 millones de euros y lo sufragará en su totalidad la sociedad pública estatal.
Otra cosa será el coste que supongan las expropiaciones. El procedimiento deberá desarrollarlo directamente el Consistorio. Y ayer aún se desconocía el momento en que se daría esta primer paso fundamental. «Estamos en la fase inicial del proyecto. Se ha tardado casi un año en hacerlo porque ha habido que ajustar mucho, el trazado actual es bastante complicado», justificó el responsable municipal, quien añadió que «a partir de ahora nosotros tenemos que expropiar y el Sepes contratar la licitación de las obras». Lo dicho, no hay calendario.