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El rugby, terapia contra la obsesión por el fútbol

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El rugby, terapia contra la obsesión por el fútbol

13.02.11 - 03:06 -
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El gran poder del fútbol como líder entre todos los deportes ha provocado una serie de efectos secundarios que en nada benefician a los que lo practican. La enorme competitividad que le rodea es uno de los más preocupantes, especialmente cuando salpica a las categorías inferiores. Niños que con menos de 10 años se quedan fuera de un club por «falta de aptitud», padres que lanzan improperios a los árbitros mientras sus hijos disputan un partido o riñas entre rivales por rifirrafes en el campo forman parte de cada jornada en el fútbol base. Estas actitudes sólo se explican por la obsesión que gira en torno al mundo del esférico, pero que resultarían inconcebibles en otros deportes.
Preocupados por el desconocimiento de otras alternativas, varios clubes de balompié han empezado a enviar a sus equipos de ligas élite a entrenarse con el Universitario Bilbao Rugby. La iniciativa tiene un doble objetivo: por un lado, pretende dar a conocer otros actividades menos competitivas y más amigables a los niños y a sus familias. Y, por otro, persigue complementar su formación como futbolistas eliminando el miedo al contacto físico. Hasta mayo, más de 270 chavales de entre 7 y 14 años del Deusto, Indautxu y Jesuitas pasarán por el polideportivo de El Fango, en el barrio de Rekalde, para tener una primera experiencia con el rugby y desintoxicarse de su obsesión por el deporte rey.
Pero esta colaboración interdeportiva no ha tenido su origen en los clubes. Nació de la inquietud de un padre con hijos en cada uno de los deportes. Preocupado por el entorno «tremendamente competitivo» ante el que se situaba Aimar, de 10 años, Jesús Askorbebeitia vio una alternativa en el rugby que practicaba Oier, de 8. En su opinión, el pequeño se encontraba en un «paraíso educativo» en comparación con las situaciones a las que tenía que enfrentarse el mayor cada sábado. «En los partidos de Aimar he visto a padres llamar barbaridades a los árbitros, a los jugadores rivales e incluso decirles a los de su propio equipo que se vayan al vestuario para que entren sus niños», relata Jesús. «Necesitaba enseñar a mi hijo que no todo el deporte es así, que hay alternativas», añade.
Con esta idea en mente, este asesor laboral vizcaíno sondeó al Universitario Bilbao Rugby acerca de su disposición a dar clases a conjuntos de fútbol. Al comprobar que el club aceptaba contactó el resto de padres de la escuadra de Aimar y todos acogieron la idea «encantados». «En diciembre del año pasado hicimos una primera prueba y la respuesta de todos fue magnífica», explica Jesús. Por si esto fuera poco, los chavales, los verdaderos jueces, salieron «encantados». La iniciativa tuvo tanto éxito que enseguida surgió la idea de darle continuidad.
Avalancha de solicitudes
La suerte quiso que el evento llegara también a oídos del Deusto y la posibilidad de presentar un complemento para su formación deportiva también les entusiasmó. Ambas escuadras pusieron toda la carne en el asador y rápidamente ocuparon todos los entrenamientos ofrecidos por el Universitario Bilbao Rugby hasta mayo. Para finales de enero, lo que había empezado como una pequeña bola de nieve poco menos de 30 días antes se había convertido ya en una avalancha que arrastraba a más de 200 chavales hacia el deporte del balón ovalado. «Llegados a este punto tuvimos que hacer frente a toda la burocracia entre ambas federaciones para hacer una ficha de rugby a todos los jugadores», comenta Jesús.
Terminado el papeleo, el 4 de febrero se celebró el primer entrenamiento. 29 jugadores de 12 y 13 años de los dos equipos infantiles del Deusto acudieron hasta El Fango para tener una primera toma de contacto con el rugby. La experiencia gustó tanto a los chavales, como a los padres y al cuerpo técnico. «Esto es un premio para ellos y lo han disfrutado como nunca», comentaba Carlos Toral, coordinador deportivo de la entidad, a pie del césped donde se lleva a cabo la actividad.
Las clases fueron impartidas por Fredi Ruiz, entrenador de rugby con 22 años de experiencia. Sus enseñanzas empezaron ya desde el vestuario. En la caseta, proyectó un vídeo explicativo sobre las bases de su disciplina. Después saltaron al campo donde realizaron una primera labor de «familiarización con el balón» para tratar de acostumbrar a los futbolistas a trabajar con las manos. El siguiente paso fue dividirles en cuatro grupos y hacer que colaboraran entre ellos pasándose el cuero una y otra vez. Una forma de aprender a compartir. Acto seguido comenzó el plato fuerte: el contacto. En una marabunta de placajes, agarrones y quiebros, parejas de chavales tenían que tratar de hacerse con el balón antes que el oponente.
Fredi estuvo apoyado por dos entrenadores del Deusto y su coordinador deportivo, aunque la «excepcional» respuesta de los futbolistas apenas hizo necesaria su intervención. «No tiene nada que ver con dar clases en deporte escolar, estos chavales son deportistas y se les nota. Vienen a pasárselo bien y hacen que todo el mundo acabe disfrutando». Para Carlos Toral, la experiencia también fue «positiva» y «sorprendente». «Veníamos con un poco de respeto hacia el rugby, por la idea de que existe un mayor contacto, pero a la hora de la verdad nadie se ha asustado ni se ha hecho daño», aclara.
El 'Tercer tiempo'
Hacia el final del entrenamiento otra de las diferencias entre las dos actividades pillaba desprevenidos a los chavales. Después del 'partidillo' de rigor y una breve charla de Fredi en la que invitaba a todos a «no dejar nunca de hacer deporte», los dos equipos que se habían enfrentado entre sí tuvieron que hacer un pasillo de aplausos a sus rivales. Una costumbre del rugby para mostrar respeto al contrario que los futbolistas del Deusto no sabían si tomarse a cachondeo o acatar a rajatabla.
Gontzal Sever, presidente del Universitario Bilbao Rugby, remarca la que, a su juicio, es una de las diferencias más importantes con el fútbol. «La filosofía de nuestro deporte es el respeto a todos los elementos que lo componen: entrenadores, compañeros, contrarios, árbitro, padres... En el rugby, lo que pasa en el campo se queda en el campo», advierte. En referencia a la costumbre que tanto extrañó a los chavales del Deusto, Sever explica que se trata de una forma de agradecer su presencia al adversario, «porque se puede jugar sin organización, sin árbitro y casi sin campo, pero sin un oponente no somos nada». Esta manera de entender la competición se inculca a los jugadores y sus padres desde los primeros pasos y sigue presente incluso en las categorías más importantes.
Este hecho choca a todo el que está acostumbrado al 'mundillo' del deporte rey. Txema González, coordinador del Indautxu, todavía no se puede creer la buena atmósfera que se respira en todo lo que rodea al rugby. Acostumbrado al entorno más competitivo del fútbol, el rugby le parece una forma «totalmente distinta» de entender la competición. «Nuestra idea cuando nos embarcamos en este proyecto era que los chavales conocieran otros deportes diferentes, pero nos ha sorprendido gratamente todo lo que lo rodea», argumenta. Uno de los detalles que más le han llamado la atención es el habitual 'tercer tiempo' que se celebra tras los encuentros.
Después de finalizar un enfrentamiento de rugby, los jugadores de ambos equipos se van juntos a celebrar el duelo disputado, independientemente del resultado y de los lances del juego. La meta es conseguir un hermanamiento entre todos los aficionados, para lo cual se olvidan por completo las disputas y rencillas. Y se toman unas cañas todos juntos en lo que ellos llaman el 'tercer tiempo'. «¡Encima luego no es que comenten el partido, hablan de cualquier cosa como si nada!», exclama el coordinador deportivo del Indautxu. El pasado 4 de febrero, los jugadores del Deusto y sus padres también tuvieron una pequeña muestra de esta práctica. Una vez acabado el entrenamiento se desplazaron hasta la lonja del Universitario Bilbao Rugby donde les esperaba una merienda con refrescos para los niños y cervezas para los adultos.
Mirando al futuro
Uno de los motivos más importantes para que conjunto bilbaíno se haya embarcado en este proyecto es «extender el conocimiento de este deporte a todos los niveles». «Pero el fútbol es muy exigente y también queremos dar una opción de salida a los chavales que en los próximos años se queden sin equipo», añade su presidente. El planteamiento es que si logran que les quede una sensación de haber disfrutado, quizás en un futuro se acuerden y vuelvan. En ese sentido, Gontzal Sever remarca que en el rugby hace falta «todo tipo de gente». «Aquí no se descarta a nadie por su físico o por sus aptitudes, todo el mundo es bienvenido», completa.
El calendario de entrenamientos prevé que de aquí hasta mayo una quincena de equipos del Indautxu, el Deusto y Jesuitas pasen por El Fango para tener un primer contacto con el balón ovalado. Mirando hacia el futuro, los promotores de la iniciativa ya planean realizar una torneo de rugby entre todos los equipos que hayan participado. Y desean hacerlo coincidir con la fecha en la que los clubs de fútbol hacen sus descartes y aprovechar para repescar a los chavales que se queden fuera y muestren interés.
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El rugby, terapia contra la obsesión por el fútbol

De lujo. Los jugadores se lo pasaron en grande en la primera toma de contacto con el rugby en El Fango. :: BORJA AGUDO

El rugby, terapia contra la obsesión por el fútbol

Gran ambiente. Jugadores de rugby y fútbol comparten entrenamientos, en los que se divierten y aprenden, y al termino del trabajo meriendan juntos en un ambiente de cordialidad, como en el 'tercer tiempo' del rugby. :: BORJA AGUDO Y MIREYA LÓPEZ

El rugby, terapia contra la obsesión por el fútbol
Gran ambiente. Jugadores de rugby y fútbol comparten entrenamientos, en los que se divierten y aprenden, y al termino del trabajo meriendan juntos en un ambiente de cordialidad, como en el 'tercer tiempo' del rugby. :: BORJA AGUDO Y MIREYA LÓPEZ
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Gran ambiente. Jugadores de rugby y fútbol comparten entrenamientos, en los que se divierten y aprenden, y al termino del trabajo meriendan juntos en un ambiente de cordialidad, como en el 'tercer tiempo' del rugby. :: BORJA AGUDO Y MIREYA LÓPEZ
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