Toloño-Cantabria, 30 años de discordia

Mapa oficial de 1917 de la Diputación con el nombre Cantabria bien visible, en el Archivo Histórico Provincial./
Mapa oficial de 1917 de la Diputación con el nombre Cantabria bien visible, en el Archivo Histórico Provincial.

El último libro, a favor de una de las toponimias, no cierra una polémica más viva que nunca

FRANCISCO GÓNGORA

En Álava, la sustitución de la toponimia castellana por la euskérica no ha creado mayores problemas. Villarreal es Legutio desde hace unos años y Salvatierra convive con Agurain sin escándalos. Los nombres se aceptan en general cuando se cambian oficialmente de forma razonada y el uso hará el resto. Pero esta paz lingüística ha tropezado con una denominación, una especie de aldea gala que no se rinde a los romanos. El nombre de Sierra o Cordillera de Cantabria, que se refiere a la parte oriental de la alineación montañosa que separa Montaña y Rioja Alavesa, no acepta ser borrada sin más de los mapas porque lo han decidido Euskaltzaindia, el Gobierno vasco y hasta la Diputación.

«Es que ese nombre lleva con nosotros más de 200 años. Lo han utilizado los historiadores y los mejores escritores y es de uso común entre la gente. ¿Por qué debe desaparecer, molesta?», se pregunta el máximo exponente de esta defensa numantina del toponímico, el investigador y escritor de Lapuebla de Labarca Salvador Velilla.

«No tiene sentido conservar Cantabria. Está fuera de toda lógica geográfica e histórica», señala otro riojanoalavés, de Moreda. Se llama José Ángel Chasco, es etnógrafo, lleva toda su vida recuperando costumbres y fiestas de su tierra. Y acaba de publicar una obra que parece cerrar un círculo de 30 años de informes, contrainformes, cartas, reuniones, polémicas de bar. Se denomina ‘Historia de nuestros nombres de lugar: la Sierra de Toloño’ y lleva el aval nada menos que de Euskaltzaindia, el Departamento de Cultura y Política Lingüística del Gobierno vasco y la Diputación de Álava.

Silueta de la sierra cuyo nombre se discute.
Silueta de la sierra cuyo nombre se discute. / Rafa Gutiérrez

Artillería muy pesada contra los argumentos de Salvador Velilla, que en plan llanero solitario no ceja en su empeño y que ha exigido la publicación de un informe encargado a un especialista neutral que duerme el sueño de los justos y que venía a decir que debían convivir los dos nombres, junto al de Codés, que nadie parece cuestionar, porque hacen referencia a lugares diferentes.

Es difícil encontrar otro tema polémico en el que los investigadores hayan realizado una exploración tan exhaustiva para apoyar sus tesis. Si se escucha a unos y a otros, todos parecen tener razón. Son argumentos muy parecidos y la sucesión de mapas en los que aparecen los dos nombres juntos o separados parece infinita.

¿Cómo está la cuestión? En 1986, el más prolífico de los etnógrafos alaveses en la toponimia, José Antonio González Salazar, publica en la revista oficial que «los habitantes de la zona le llaman sierra de Toloño a toda ella, a pesar de que se conoce con el nombre de Cantabria». Tres años después la Comisión de Onomástica de Euskaltzaindia le encarga un informe sobre la denominación de la sierra, base para el cambio oficial.

La reacción tarda en llegar y en 1998 la mayoría de los ayuntamientos de la Rioja Alavesa y algunos de la Montaña y numerosas asociaciones culturales solicitan que se conserve el nombre de Sierra de Cantabria. En respuesta, Euskaltzaindia elabora un segundo dictamen en la misma línea. En 2006, otro informe elaborado por el Instituto Deiker, de Deusto, da el término Cantabria por desaparecido entre los que usa la gente. Salvador Velilla critica la falta de rigor de los distintos informes. «Cualquiera puede comprobar que a pesar de todo el nombre se usa en todos lados», alega.

Tras un tercer dictamen de Euslaltzaindia en 2010 en el que se refuerza su postura, Salvador Velilla escribe un artículo titulado ‘Toloño y Cantabria, dos sierras: génesis de un error’, que trata de demostrar que es un error histórico y geográfico extender el nombre de Toloño a toda la sierra.

En 2016, se encarga desde la Viceconsejería de Política Lingüística un nuevo estudio pero a un especialista en toponimia independiente. «Las conclusiones no le gustan al Gobierno vasco porque desbarata los argumentos y se decanta por mantener los tres nombres de la cordillera: Toloño, Cantabria y Codés. Pero ese informe sigue inédito», señala Velilla.

Una pregunta socialista en el Parlamento sobre este asunto decae al producirse las elecciones. Ya en julio de 2017 se presenta por parte del Gobierno vasco un resumen del trabajo realizado por José Ángel Chasco sobre la denominación Sierra de Toloño. «Los datos aportados y contrastados prueban el origen popular y el uso local de la denominación ‘Sierra de Toloño’ y el origen académico y exógeno de ‘Sierra de Cantabria’».

El nuevo libro de Chasco sí ha aportado novedades en la investigación. Se plantean evidencias etnográficas provenientes de la agricultura, el pastoreo y el trabajo de campo con los vecinos; pruebas histórico-documentales como la construcción de la carretera hasta el tramo oriental de la sierra que llaman Toloño( 1870); o la constitución del Ayuntamiento de Toloño en 1936; evidencias cartográficas con muchos mapas; y evidencias de fuentes escritas y literarias.

Pero esta profusión de documentos tiene también respuesta en la parte que mantiene Cantabria como acepción. «27 años después del primer dictamen de Euskaltzaindia muy pocos siguen esa denominación», agrega Velilla.

Es curioso poner en un lado (Cantabria) a Micaela Portilla, Pío Baroja, López de Guereñu, José Miguel de Barandiarán o Prestamero, y en otro (Toloño) a Landázuri, Von Humboldt, Nazario Medrano, Miguel Martínez Ballesteros, Federico Baraibar, Pérez Galdós o Becerro de Bengoa, en una balanza que va marcando los dos nombres sin parar.

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