Un genio que inundó Bilbao de 'fosteritos'

JON FERNÁNDEZ
Boca de metro o 'fosterito' de la plaza Circular. / M. BARTOLOMÉ/
Boca de metro o 'fosterito' de la plaza Circular. / M. BARTOLOMÉ

Noviembre de 1988. Comienza la cuenta atrás en Bilbao para el proyecto de mayor envergadura de su historia: el metro. Una vez decidido el trazado inicial del suburbano, sólo quedaba por encargar el diseño de las estaciones. No era una cuestión menor. El Departamento de Transportes del Gobierno vasco había convocado un concurso de ideas para dar un aire uniforme a las ocho principales terminales subterráneas. El consejero del ramo, el socialista Enrique Antolín, compareció entonces junto al arquitecto ganador del certamen. Se trataba de Norman Foster. Ese día, los ciudadanos conocían los primeros detalles de las marquesinas de acero y vidrio que servirían de entrada al metropolitano; las mismas que hoy adoptan el nombre de 'fosteritos' en honor a su autor.

Con su singular forma elíptica, las bocas del metro se han convertido -junto a infraestructuras de la talla del Guggenheim- en uno de los iconos de la transformación de la ciudad, hasta el punto de que gran parte de las nuevas estaciones han heredado luego el mismo diseño. No es extraño que aquella iniciativa le valiera en 1998 a Foster el prestigioso premio Veronica Rudge Green Prize de la Universidad de Harvard por protagonizar un urbanismo «sencillo y nada agresivo» con el entorno. Esa buena imagen del 'fosterito' trasciende incluso a los expertos. Prueba de ello es que algunas pastelerías venden un dulce que emula su estructura.

Logotipo e interiores

El logotipo del metro y el interior de la mayoría de las estaciones que se encuentran bajo tierra también son obra del creador inglés. Moyua, Abando, Casco Viejo, San Mamés... Todas comparten como seña de identidad una estructura de caverna y entreplantas para el taquillaje y las oficinas.

Foster sigue ligado al metro, porque ha sido contratado para diseñar las paradas subterráneas de la línea 3 por 600.000 euros, una cifra similar a los 95 millones de las antiguas pesetas -571.000 euros- que cobró en su día.

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